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viernes, 29 de octubre de 2021

Un Caravaggio, a la venta por 471 millones





El nombre de Caravaggio nos llega drapeado por la leyenda de su pintura y el mito de su vida. Proxeneta, violento, pronto de gesto, indócil de mirada, de respuesta impredecible, violento de carácter, prostibulario y amigo de los hampones y otros milagreros y ministros de la madrugada, Caravaggio nos regaló ese festival que supone una biografía repleta de claroscuros y una revolución estética que alteró el decurso del arte para siempre. Forma parte de los malditos del arte junto con otros gentiles como Cellini, también de aristas incómodas y difíciles de asir. Desde que se rehabilitó su figura, su nombre es disputado por los museos que ven con incredulidad, asombro y beneplácito cómo sus exposiciones se convierten en una fuente inagotable de visitas y de ingresos. Está en la privilegiada nómina de los «artistas/espectáculo» al lado de Van GoghVelázquez o Leonardo. Mientras por estos lares aún andamos dando vueltas al destino y suerte del inesperado «Ecce Homo» que ha emergido de manera súbita en nuestro patrimonio, en Italia han anunciado que van a subastar la única obra de techo que ejecutó el pintor por la tímida cantidad de 471 millones de euros. Una de esas sumas que, como mínimo, garantizan la atención. La pintura se encuentra en Villa Ludovisi, un lugar que se ajusta muy bien a las inclinaciones paganizantes del ínclito Caravaggio (se construyó en los Jardines de Salustio, donde en época romana se levantaba un templo dedicado a Venus). Con toda probabilidad no existe un lugar más adecuado para que alguien como él, que eligió a una puta ahogada en el Tíber como modelo para su «Muerte de la Virgen», acometiera los desafíos que suponen los temas mitológicos y representara en 1597, en un valiente y atrevido escorzo, a Neptuno, Júpiter y Plutón a lo largo de una superficie de 2,75 metros. Pero ni siquiera estas temidas deidades escapan a los descalabros de las herencias, motivo que ha propiciado que este conjunto salga a la venta el próximo 18 de enero. Caravaggio afrontó este trabajo, encargo del cardenal italiano Francesco Maria del Monte, sin ceñirse a la tradición que suele marcar el fresco, y prefirió, como informa «The Art Newspaper», acudir al óleo, lo que le aporta una dimensión distinta. Ahora las autoridades italianas, que algo tienen que decir sobre la suerte y destino final de su herencia artística, serán las que tendrán que pronunciarse sobre qué puede suceder con una obra que llamó la atención del mismo Stendhal.




Fuente

https://www.larazon.es


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