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domingo, 10 de febrero de 2019

Pablo Torres Vidal



Pablo Torres, un usuario de Apices expone sus obras en la Comisaría de Cartagena. "La magia del Surrealismo Pop" ofrece una versión diferente del Guernica y una visión particular del Cuerpo Nacional de Policía.



                          Mi querida frutería


En este cuadro podemos ver al ciudadano Kane de Orson Wells y un hombre parecido a Vladimir Lenin con una cresta punk, despachando fruta en una frutería, mientras se ve a los hombrecillos de colores que pintaba Keith Haring bailando entre los puestos de fruta.




                                                Un paraíso de cuento



En este cuadro podemos ver a Joy de la película "Del revés" vestida de Blancanieves junto al Adán de Alberto Durero, ambos están en un bosque psicodelico donde aparece también una enorme serpiente.
Esta ilustración es una fusión de una película animada y un famoso cuadro que se puede ver en el Museo del Prado de Madrid, España. No pretendo con esto faltar al respeto a ninguna creencia religiosa ni nada por el estilo, He fusionado ambas cosas porque tienen en común una cosa, que ambos tienen una manzana en la mano lo cual me dio la idea de pintar este cuadro.  


                         

                              Rock en la playa



En este cuadro podemos ver a un hombre con una guitarra eléctrica cerca de la orilla del mar visto en perspectiva de ojo de pez y al fondo se puede ver el sol y la luna coincidiendo.
Esta ilustración esta basado en un cuadro de Picasso y en la canción "Hermano sol, hermana luna" de "Mecano".

Web


Si estas interesado en solicitar un cuadro del blog, encargar un cuadro y/o contactar con el artista podrás hacerlo a través del teléfono 679 66 19 15 y por correo electrónico pablotorrespopsur@gmail.com 

Tambien me puedes seguir por Instagram: https://www.instagram.com/dj.pablo_art/





sábado, 9 de febrero de 2019

Dibujos que muestran la fragilidad de la tierra Zaria forman


Las composiciones a gran escala de Zaria Forman de glaciares que se derriten, icebergs que flotan en aguas vítreas y olas llenas de espuma exploran momentos de transición, turbulencia y tranquilidad. Únete a ella mientras analiza el proceso meditativo de la creación artística y la motivación detrás de su trabajo. "Mis dibujos celebran la belleza de lo que todos podemos perder", dice ella. "Espero que puedan servir como registros de paisajes sublimes en flujo".




Zaria forman



Zaria Forman usa el arte visual para conectar a las personas con el impacto del cambio climático.

Porque debes escuchar

La inspiración para los dibujos de Zaria Forman comenzó en la primera infancia cuando viajó con su familia a través de varios de los paisajes más remotos del mundo, que fueron el tema de la fotografía artística de su madre. Nació en South Natick, Massachusetts y actualmente trabaja y reside en Brooklyn, Nueva York. Estudió en el Student Art Centers International en Florencia, Italia y recibió un BS en Studio Arts en el Skidmore College de Nueva York. Sus trabajos han sido en publicaciones como Juxtapoz Magazine, National Geographic Magazine, Huffington Post y Smithsonian Magazine.
Los logros recientes incluyen la participación en Banksy's Dismaland y una exposición individual en Winston Wächter Fine Art en Nueva York en septiembre y octubre de 2015. Sus dibujos se han utilizado en el diseño de escenografía de la serie de Netflix TV House of Cards .
En agosto de 2012, Forman dirigió Chasing the Light, una expedición que navegaba por la costa de Groenlandia, desandando el viaje de 1869 del pintor estadounidense William Bradford y documentando el cambiante paisaje ártico. Continuando para abordar el cambio climático en su trabajo, Forman viajó varias veces a Maldivas, el país más bajo del mundo y posiblemente el más vulnerable al aumento del nivel del mar.
Forman fue invitada a bordo del Explorador de National Geographic y viajó a la Antártida como artista residente en noviembre y diciembre de 2015. Su próxima exposición individual tendrá lugar en la sede de Winston Wächter Fine Art en Seattle, en febrero y marzo de 2017.

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viernes, 8 de febrero de 2019

El Museo del Prado identifica una obra desconocida de Brueghel ‘el Viejo’

El vino en la fiesta de San Martín (Colección particular. Sarga al temple de cola, 148×270,5cm.; h. 1565-1568), una obra hasta ahora desconocida de Pieter Brueghel ‘el Viejo, figura capital de la pintura flamenca del siglo XVI, ha sido atribuida al artista por el Museo del Prado tras varios meses de estudio y restauración en sus instalaciones. El Museo tiene ahora una ventajosa opción de compra sobre la pintura y cuenta con el informe favorable de la Comisión Permanente de su Real Patronato, así como el de la Junta de Calificación, Valoración y Exportación de Bienes del Patrimonio Artístico Español, para su adquisición, además del apoyo expresado hoy por la ministra Ángeles González-Sinde.
La aparición de este cuadro constituye un descubrimiento de trascendental importancia para la historia del arte. Pieter Brueghel ‘el Viejo’, el “nuevo Bosco”, como se le consideraba en su época, es la figura más importante de la pintura flamenca del siglo XVI. Reconocido en vida, tras su temprana muerte en 1569, sus escasas obras (sólo se conservan pinturas de su mano fechadas entre 1557 y 1568, poco más de una década) fueron buscadas obsesivamente por los coleccionistas
La identificación de El vino en la fiesta de San Martín como obra de Pieter Brueghel ‘el Viejo’ es uno de los descubrimientos de mayor relevancia que se realiza en muchos años respecto a la obra de este gran pintor flamenco, cuya figura supera incluso a Quintin Massys y Joachim Patinir, artistas que, junto con él, conforman la triada de pintores flamencos más destacada de su centuria.  Se trata de un cuadro singular, tanto por su temática como por la forma en que Brueghel resolvió su composición, lo que sumado al hecho del escaso número de obras autógrafas del artista que se conservan (cuarenta hasta el momento de esta identificación), concede a su descubrimiento un carácter de extraordinaria y excepcional importancia y de interés internacional.
El vino en la fiesta de San Martín, propiedad de una colección particular española, podría incorporarse próximamente a las colecciones del Museo del Prado tras el anuncio de su descubrimiento formalizado hoy por la ministra de Cultura y el inicio de los trámites para poder optar al ejercicio del derecho de opción de compra acordado por el Museo al prestarse al estudio y restauración de la obra por mediación de Sotheby’s.
Con esta adquisición, el Museo del Prado sumaría a la única pintura del artista que se conserva en España, El triunfo de la muerte (cat. 1393, Museo Nacional del Prado. Óleo sobre tabla, 117x162cm.; h. 1562), obra maestra del pintor procedente de la Colección Real, la que a partir de este momento pasa a formar parte del restringido conjunto de pinturas autógrafas de Brueghel ‘el Viejo’–la mayoría firmadas- que se aceptaban hasta ahora como tales (monografía “Brueghel: The complete paintings, drawings and prints”, Manfred Sellink, 2007).
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El Museo del Prado lleva “Los objetos hablan” a Valencia

i-paleta-del-pintor-rosales-i-tercer-cuarto-del-siglo-xix-madera-copy-museo-nacional-del-pradoEl Museo del Prado vuelve a acercarse al Centre del Carme de Valencia de la mano de la Obra Social “la Caixa” y el Consorci de Museus de la Comunitat Valenciana para presentar una muestra que, en esta ocasión, plantea un diálogo entre sus visitantes y los objetos representados en las obras expuestas.
“Los objetos hablan” reúne una selección de 60 pinturas y objetos de las principales escuelas representadas en el Prado entre los siglos XVI y XX de autores como Goya, Rubens o Murillo y entre los que se encuentran importantes pintores valencianos como Espinosa, Hiepes, Sorolla o Pinazo. Además y por primera vez en el contexto de esta muestra ya que no ha podido ser contemplada en las sedes anteriores, el público valenciano podrá disfrutar de El geógrafo y el naturalista, una obra de Adriaen van Stalbet que ha sido restaurada con motivo de esta exposición.
Cada una de las piezas revela la importancia de un objeto para entender qué quiere transmitir el artista o bien su valor identificativo con el personaje representado: desde su estrato social, la iconografía de dioses y santos hasta la transformación del objeto como pieza de coleccionismo.
el-secretario-autonomico-de-cultura-y-deporte-de-la-generalitat-valenciana-albert-girona-el-director-del-consorci-de-museusEl secretario autonómico de Cultura y Deporte de la Generalitat Valenciana, Albert Girona; el director del Consorci de Museus de la Comunitat Valenciana, José Luis Pérez Pont; el director adjunto de Conservación del Museo del Prado, Miguel Falomir; el jefe de Contenidos Didácticos del Área de Educación del Museo Nacional del Prado y comisario de la exposición, Fernando Pérez Suescun; y el director Territorial de CaixaBank en la Comunitat Valenciana, Bibiano Martínez han presentado la muestra “Los objetos hablan. Colecciones del Museo del Prado”.
El Museo Nacional del Prado y la Obra Social “la Caixa” firmaron un acuerdo de colaboración en 2011 por el que la entidad financiera se convirtió en benefactora de la pinacoteca. El acuerdo incluía la organización conjunta de exposiciones en toda España para acercar al público parte del rico legado artístico que custodia esa casi bicentenaria institución que es el Museo del Prado. Desde entonces, el Museo del Prado y la Obra Social ”la Caixa” han presentado conjuntamente diversas exposiciones: “Rubens, Brueghel, Lorena. El paisaje nórdico en el Prado” en las ciudades de Zaragoza, Valencia, Sevilla y Palma; y “Goya. Luces y sombras” y “La belleza cautiva. Pequeños tesoros del Museo Prado” en CaixaForum Barcelona.
luis-egidio-melendez-i-bodegon-con-ostras-ajos-huevos-perol-y-puchero-i-1772-oleo-sobre-lienzo-copy-museo-nacionalLa muestra que ahora presentan en Valencia llega después de su exhibición en los centros CaixaForum de Zaragoza, Lleida, Girona y Tarragona, la Casa de Iberoamérica en Cádiz, el Espacio Cultural Fundación CajaCanarias en Santa Cruz de Tenerife y el Palacio Municipal de Exposiciones Kiosco Alfonso en A Coruña.
La exposición es consecuencia del programa educativo «El arte de educar» que ha permitido, desde su puesta en marcha en 2009, que más de 275.000 niños y niñas en edad escolar hayan beneficiado de este proyecto educativo. También ha inspirado “Los objetos hablan”, una novedosa serie de exposiciones de orientación didáctica con una mirada transversal sobre las colecciones del Museo del Prado.
Compuesta exclusivamente por obras del Museo del Prado, “Los objetos hablan” ofrece a sus visitantes la posibilidad de disfrutar de una cuidada selección de pinturas y también de objetos de artes decorativas, piezas de primer orden que tradicionalmente han quedado relegadas o ensombrecidas por las creaciones y los nombres de los principales pintores y escultores europeos de los siglos XV al XX.
Las obras seleccionadas, que van desde un San Jerónimo realizado en el taller de Jan Massys hacia 1530-40 hasta la figura de una mujer en la playa pintada por Cecilio Pla en la segunda década del siglo XX, plantean una visión sobre los objetos que acompañan a hombres y mujeres en su vida cotidiana o en momentos de especial significación, aquellos con los que quisieron o pidieron ser retratados. Desentrañar qué información nos dan los objetos sobre esos personajes, su época o su contexto geográfico, o qué significado oculto puede tener alguno de ellos es el principal cometido de esta muestra.
louis-michel-van-loo-i-diana-en-un-paisaje-i-1739-oleo-sobre-lienzo-copy-museo-nacional-del-pradoHombres y mujeres pueden reconocerse a través de ciertos objetos que les han acompañado a lo largo de los tiempos –a la hora de alimentarse, de vestirse, de desarrollar un trabajo o, simplemente, disfrutar de su ocio–, ya que esos objetos son depósitos de la memoria, tanto individual como colectiva. Nos informan sobre costumbres y creencias, y también sobre las circunstancias históricas y sociales del momento en que fueron utilizados. Pero al mismo tiempo sugieren ideas, permiten establecer relaciones entre conceptos muy diversos, despiertan en quienes los contemplan todo tipo de sentimientos e invitan a soñar, a imaginar y a evocar otros lugares o momentos.
Los cuadros del Museo del Prado –los bodegones, por ejemplo– muestran una gran cantidad de elementos simbólicos, que contribuyen a enriquecer el aspecto formal que ofrecen y nos permiten un acercamiento al mensaje que el artista o su mecenas o cliente quisieron transmitir. Pero también hay en ellos numerosos detalles escondidos que nos obligan a recorrer una y otra vez la superficie pictórica para aprehender su esencia y su valor.
Los objetos hablan, y además –y esa es la clave– nos invitan a dialogar. Ese es el objetivo de la exposición: plantear un diálogo entre sus visitantes y los objetos del Museo del Prado, tanto los «reales» o tridimensionales como los representados en la cuidada selección de pinturas que forman parte de ella.
Datos de interés:
“Los objetos hablan. Colecciones del Museo del Prado”
Centre del Carme (Carrer del Museu, 2, Valencia)
Fechas: 23 de junio – 25 de septiembre de 2016
Horario: De martes a domingo, de 11 a 14 h y de 17 a 20 h.
Visitas guiadas: previa cita Tel. 96 192 26 44/ 96 315 20 24
didactica@consorciomuseos.es
Imagenes:
1- El secretario autonómico de Cultura y Deporte de la Generalitat Valenciana, Albert Girona; el director del Consorci de Museus de la Comunitat Valenciana, José Luis Pérez Pont, el jefe de Contenidos Didácticos del Área de Educación del Museo Nacional del Prado y comisario de la exposición, Fernando Pérez Suescun; el director adjunto de Conservación del Museo del Prado, Miguel Falomir; y el director Territorial de CaixaBank en la Comunitat Valenciana, Bibiano Martínez han presentado la muestra
2- Paleta del pintor Rosales. Tercer cuarto del siglo XIX. Madera. © Museo Nacional del Prado
3- Luis Egidio Meléndez. Bodegón con ostras, ajos, huevos, perol y puchero, 1772. Óleo sobre lienzo. © Museo Nacional del Prado
4- Louis-Michel van Loo. Diana en un paisaje, 1739. Óleo sobre lienzo. © Museo Nacional del Prado
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El Museo del Prado lleva el paisaje nórdico a Lisboa

Mercado y lavadero en Flandes. Jan Brueghel, el Viejo; Joos de Momper el Joven. Óleo sobre lienzo, 166 x 194 cm h. 1621 - 1622 Madrid, Museo Nacional del Prado
Mercado y lavadero en Flandes. Jan Brueghel, el Viejo; Joos de Momper el Joven. Óleo sobre lienzo, 166 x 194 cm h. 1621 - 1622 Madrid, Museo Nacional del Prado
Mercado y lavadero en Flandes. Jan Brueghel, el Viejo; Joos de Momper el Joven. Óleo sobre lienzo, 166 x 194 cm
h. 1621 – 1622
Madrid, Museo Nacional del Prado
El Museo del Prado y el Museu Nacional de Arte Antiga presentan, hasta el 30 de marzo, en la capital portuguesa la exposición “Rubens, Brueghel, Lorena. El paisaje nórdico del Museo del Prado” formada por 57 pinturas de los más destacados maestros del género que atesora el Prado.
El Museo del Prado da así continuidad a su programa de exposiciones temporales fuera de su sede, viajando por primera vez al país vecino para acercar sus colecciones al público portugués.
El Primer Ministro de Portugal, Pedro Passos Coelho, y la Vicepresidenta del Gobierno de España, Soraya Sáenz de Santamaría, acompañados por el director del Museu Nacional de Arte Antiga, António Filipe Pimentel; el director del Museo Nacional del Prado, Miguel Zugaza; y Teresa Posada, comisaria de la exposición han presentado esta mañana la exposición “Rubens, Brueghel, Lorena. El paisaje nórdico del Museo del Prado”.
Tras su paso por diferentes ciudades españolas como Sevilla, Zaragoza y Palma, la muestra viaja a la capital portuguesa para acercar al público luso tanto la extraordinaria calidad de las obras que la componen como la categoría de los maestros que las realizaron, y familiarizarle con las diferentes tipologías del paisaje que surgieron a lo largo del siglo XVII en Flandes y Holanda.
Atalanta y Meleagro cazando el jabalí de Caledonia.Pedro Pablo Rubens. Óleo sobre lienzo, 162 x 264 cm.h 1635 – 1636. Madrid, Museo Nacional del Prado
Atalanta y Meleagro cazando el jabalí de Caledonia.Pedro Pablo Rubens. Óleo sobre lienzo, 162 x 264 cm.h 1635 – 1636. Madrid, Museo Nacional del Prado
Se trata de la primera exposición compuesta íntegramente por fondos del Prado que se celebra en Portugal y constituirá una ocasión única para que los visitantes del Museu Nacional de Arte Antiga puedan apreciar esta importante selección de paisajes.
“Rubens, Brueghel, Lorena. El paisaje nórdico del Museo del Prado” constituye una oportunidad excepcional para disfrutar de un recorrido por el evocador mundo del paisaje nórdico apreciando la maestría con la que los pintores representaron con fidelidad montañas, bosques, campiñas, ríos, mares, parajes cubiertos de nieve o canales helados, inmersos en una luz naturalista.
Durante la Edad Moderna, los italianos llamaron “nórdicos” a los pintores de las tierras que estaban más allá de los Alpes y fundamentalmente a los de los Países Bajos. Allí, el contexto social y cultural hizo que, a lo largo del siglo XVII, pintores y coleccionistas se apartaran en gran medida de los temas heroicos propios de la pintura de historia en favor de asuntos cotidianos, pero igualmente aptos para la pintura. Entre ellos estaba el paisaje, que pasó a convertirse en un género pictórico independiente en el que el asunto representado se relega a un segundo plano y se convierte en pretexto para representar con fidelidad los elementos de la naturaleza.
Paisaje: Moisés sacado de las aguas. Claudio de Lorena. Óleo sobre lienzo, 209 x 138 cm. 1636 – 1641. Madrid, Museo Nacional del Prado
Paisaje: Moisés sacado de las aguas. Claudio de Lorena. Óleo sobre lienzo, 209 x 138 cm. 1636 – 1641. Madrid, Museo Nacional del Prado
Comisariada por Teresa Posada Kubissa, Conservadora de Pintura Flamenca y Escuelas del Norte (hasta 1700), la muestra está compuesta por 57 obras y entre los pintores que integran esta exposición figuran los más destacados maestros del género, con obras tan representativas como Paisaje alpino de Tobias Verhaecht, uno de los maestros de Rubens; La vida campesina y Boda campestre de Jan Brueghel el Viejo, además de La Abundancia y los Cuatro Elementos que pintó en colaboración con Hendrick van Balen o Mercado y lavadero en Flandes en colaboración con Joos de Momper el Joven; Paisaje con gitanos y Tiro con arco de David Teniers o los dramáticos Asedio de Aire-sur-a-Lys de Peeter Snayers y Bosque con una laguna de Jan Brueghel el Joven y taller.
Las dos tipologías más características del paisaje nórdico –el paisaje de invierno y el paisaje de agua– están representadas con obras tan delicadas como El puerto de Ámsterdam en invierno de Hendrick Jacobsz Dubbels o Paisaje con patinadores de Joos de Momper el Joven; y por pinturas como Playa con pescadores de Adam Willaerts, que une el paisaje con la escena de género. Un puerto de mar y Paisaje con desembarco de holandeses en tierras de Brasil de Jan Peeters aluden a las lejanas tierras a las que las rutas comerciales llevaron a los holandeses.
Y, por último, está Rubens, el gran maestro flamenco, cuyos paisajes constituyen la parte más íntima, más personal de su producción. De ellos se expone el soberbio Atalanta y Meleagro cazando el jabalí de Caledonia, una de las obras cumbres del paisaje nórdico. La exposición concluye con algunos de los paisajes encargados por el monarca español Felipe IV para decorar el palacio del Buen Retiro de Madrid a Claudio de Lorena y Jan Both, jóvenes pintores nórdicos que iniciaron en Roma el llamado “paisaje italianizante” que en Holanda contó con numerosos seguidores. Pero el más destacado fue Philips Wouwerman, que se especializo en la representación de cacerías como Parada en la venta que adelantan ya el gusto rococó.
Catálogo
Como es habitual, la exposición contará con su correspondiente catálogo, editado por el Museo del Prado y a cargo de su comisaria Teresa Posada Kubissa.
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El diablo, tal vez. El mundo de los Brueghel

El Museo Nacional de Escultura muestra las mil caras del diablo a través del mundo de los Brueghel. Dibujos, pinturas, relieves, moviliario, vido instalación, un conjunto formado por 108 piezas que estarán reunidas en esta exposición hasta el 3 de marzo de 2019.
Un proyecto expositivo en torno a dos obras: Las tentaciones de San Antonio, de Jan Brueghel de Velours (1600-1625) y Los siete pecados capitales de A. Roegiers (2011). La exposición se propone como un ejercicio de confrontación y, a la vez, de diálogo entre obras separadas entre si por cuatrocientos años, que, utilizando lenguajes y medios técnicos diferentes, recrean un tema que adquirió en el arte del siglo XVI y en el ámbito flamenco un notable protagonismo y una originalidad sin precedentes.
La primera de las obras fue realizada por un gran maestro de la pintura holandesa, Jan Brueghel de Velours. Es un óleo sobre lienzo, en el que el paisaje cumple un papel esencial. En el siglo XVI, los pintores flamencos inventan una manera propia de representar el paisaje, imaginativa y seductora, en el límite entre lo real y lo imaginario. La naturaleza se convierte en un lugar misterioso, donde suceden hechos extraordinarios y pesadillas y donde la naturaleza y los seres que la habitan se confunden con las obsesiones delirantes del mundo interior. El tema de las tentaciones San Antonio o las alegorías de los pecados capitales tienen lugar en medio de bosques, colinas, rocas, ciudades, cabañas y cielos abiertos, animados como seres antropomorfos y habitados por diablos, seres híbridos y criaturas extrañas.
Otras pinturas flamencas acompañan a esta sección poniendo de manifiesto el auge y la riqueza inventiva que adquirió este mundo de los paisajes endiablados, las tentaciones y las alegorías de los pecados capitales, en la pintura europea del norte durante unas pocas generaciones.
Un papel destacado desempeña la serie de grabados sobre Los siete pecados capitales de Pieter Brueghel el Viejo, puesto que fue una de estas estampas, «El orgullo», la que directamente inspiró el cuadro de su hijo, Jan Brueghel, Las tentaciones de San Antonio, que encabeza la exposición.
La imaginación del gran Brueghel sigue siendo hoy fecunda. Pues es precisamente esta misma serie de grabados la que inspira, cuatro siglos después, al artista plástico Antoine Roegiers (Bélgica, 1980), autor de Les Sept Péchés Capitaux, un ciclo de dibujos animados en el que cobra vida y movimiento el loco universo de cada uno de los siete pecados: el orgullo, la lujuria, la gula, la envidia, la pereza, la avaricia y la cólera. Haciéndoles surgir y animarse en un movimiento repetitivo y fascinante, el artista recrea en todos sus detalles el decorado de un mundo imaginario en el que las criaturas híbridas evolucionan, como empujadas por un aliento demoniaco y da cuenta de su insospechada riqueza.
Después de un artesanal trabajo consistente en redibujar detalles de arquitecturas, personajes y paisajes fabulosos, la video-instalación parece satisfacer un deseo incumplido del propio Brueghel: abandonar la inmovilidad visual del grabado y ponerlo todo en movimiento, recorrer los escenarios, transmutarse y correr de un lado para otro, completar las historias, contarnos los secretos y las intenciones de cada figura, dilatar el panorama. Es sorprendente ver cómo dos soportes tan diferentes, el grabado y la animación digital, pueden ser tan unánimes en la finura en el detalle, el sentido del humor, la visión maliciosa del mundo y la imaginación sobre los destinos solitarios de estos seres híbridos y perdidos en el mundo.
Una temporada en el infierno
Entre 1460 y 1610, la tentación de San Antonio conquista las artes plásticas. La representación de las privaciones del santo y sus visiones diabólicas llegó a ser un artículo muy solicitado en la sociedad flamenca, ansiosa por preservarse de la condena al infierno, un temor colectivo e individual que había cobrado un nuevo auge.
Las dos grandes invenciones de estos pintores nórdicos fueron, en primer lugar, el paisaje: la ubicación de este tormento diabólico en medio de grutas, bosques, ciudades y castillos en el horizonte. No es el paisaje «heroico» de los italianos. Es una naturaleza incendiada, negra, llena de energía errática y salvaje, infectada por las fuerzas metafísicas del mal.
La segunda gran invención fue el carácter fantasmal y quimérico de la tentación, que se encarna en mutantes demoniacos vagamente antropomorfos, enloquecidos o seductores, en homúnculos repugnantes con signos de brutalidad, de estupidez, de malicia, que embarullan los reinos de la naturaleza: la roca de rostro humano, el pájaro-soldado, el reptil volante y, en fin, toda suerte de «disparates». No hay jerarquías y no sabemos dónde dirigir la mirada. Pronto comprendemos que la necesidad occidental de interpretar ha de ser sustituida por el placer de ver.
Bruegel el Viejo: el pandemónium de los pecados
El enigmático Bruegel vivió en una Flandes convulsa, cuando la Cristiandad se desangraba partida en dos, en medio de guerras, miserias y furia universal. Atormentadas y pesimistas, las gentes veían abrirse bajo sus pies un abismo infernal donde el demonio, cada vez más encarnizado, y la obsesión por el pecado se agrandaban, en virtud de la creciente autoridad de la Iglesia y los procesos de culpabilización individual.
Esta serie fue la que dio al joven Bruegel su celebridad de gran dibujante. Nos presenta un mundo embaucador y laberíntico en el que siempre ronda el Maligno. En decenas de microescenas, hombres, animales, demonios y criaturas de pesadilla, son mostrados, en un enredo corpóreo, desde arriba, en cuclillas, enmarañados, en posturas acrobáticas, reptantes, rodeados de centenares de cosas y detalles.
No podemos despegar la vista. Pero Bruegel no juzga; es un notario que levanta acta del desenfreno humano: estupidez, avaricia, crimen, glotonería, procacidad, envidias y muy poca bondad. Es un mundo doloroso, pero también lúdico, donde asoma el transgresor aliento de la cultura popular, fundada sobre la «carnavalización» del mundo y la risa, como compensación a la obediencia del orden establecido.
El rompecabezas de Bruegel
El magnetismo visual de la tradición flamenca conserva todo su brío nutriendo la imaginación de hoy. La experimentación que combina el lenguaje digital junto con herramientas de los viejos maestros como el dibujo, dan en la obra de un joven artista del siglo XXI como es Antoine Roegiers frutos artísticos de una fertilidad poética tan sutilmente subversiva como lo fue en su tiempo la obra de los Brueghel. Seducido por la libertad y la modernidad del maestro, Roegiers se desliza en la piel de su ilustre predecesor, con el que comparte la finura en el detalle, cierta inclinación a la perversidad, el gusto por la extrañeza y una visión maliciosa del comportamiento humano.
Su método creativo tiene mucho de artesanal. Con impecable maestría técnica, Roegiers redibuja por separado arquitecturas, personajes y geografías, como en un rompecabezas, despiezando los miembros del cuerpo, variando el punto de vista y aislando los elementos del paisaje, que le permitirán luego describir los destinos de esa miríada de seres híbridos, solitarios y perdidos.
Bruegel animado: un juego de espejos con el siglo XXI
Empujados por un soplo poético e inquietante, los extraños protagonistas de los pecados se ponen en movimiento. La gran locura flamenca cobra vida. Roegiers explora un gran hallazgo compositivo de las estampas bruegelianas: la simultaneidad de miniacontecimientos, ese patchwork de microrrelatos que ocupan el paisaje y que forman un «milhojas» de escenas superpuestas.
Es como si, centenares de años después, Brueghel viese satisfecho un anhelo entonces inalcanzable: abandonar la inmovilidad visual del grabado y contarnos los secretos y las intenciones de cada trama, completar las historias, hacer un efecto de zoom sobre el panorama.
En un movimiento repetitivo y fascinante, el decorado se anima: de una «nada vacía» surgen encapuchados o figuras que avanzan a gatas; cabezas-patas que recorren bosques; una misteriosa soldadesca que corre en pos de algo, caracoles y orugas que se arrastran sobre el terreno o se lanzan por el aire sobre su presa. El artista hace entrar al espectador en el interior de los dibujos para pasearle más allá de donde le había llevado Bruegel. Le convierte en un ávido voyeur.
Datos de interés:
El diablo, tal vez. El mundo de los Brueghel
Museo Nacional de Escultura (Calle Cadenas de San Gregorio, 1, Valladolid)
Fechas: 1 diciembre 2018 al 3 de marzo de 2019
Horario: Martes a sábado: 11 a 14 h y 16.30 a 19.30 h. Domingos y festivos: 11 a 14 h.
Visitas temáticas: Domingos a las 11.30 h. Actividad gratuita. Inscripción previa en 983 250 375 o reservas.museoescultura@cultura.gob.es
Fuente

La Vanguardia Rusa antes, durante y después de la revolución

La muestra presenta un completo recorrido por los movimientos artísticos que en las primeras décadas del siglo XX rompieron con los moldes establecidos en Rusia. Marc Chagall, Kazimir Malévich, Vassily Kandinsky, Natalia Goncharova, Liubov Popova, El Lisitski, Jean Pougny o Alexandr Ródchenko son algunos de los autores reunidos en la exposición. Hasta el 5 de mayo en la Sala Recoletos (Paseo de Recoletos, 23. Madrid)
Fundación MAPFRE ha presentado hoy en Madrid, la muestra De Chagall a Malévich: el arte en revolución, que propone un recorrido a través de 92 obras de 29 artistas que en las primeras décadas del siglo XX rompieron con los moldes establecidos y se adelantaron a la modernidad de un modo nunca visto antes en Rusia.
La muestra, que tiene como figuras de referencia a Marc Chagall y Kazimir Malévich, en la medida en que representan dos polos en las innovaciones de la vanguardia pictórica, presenta la obra de otros veintisiete artistas como Natalia Goncharova, Liubov Popova, El Lisitski, Vassily Kandinsky o Alexandr Ródchenko, entre otros.
Destaca la presencia de un importante número de mujeres artistas, cuyo trabajo resultó fundamental en el desarrollo de las vanguardias rusas previo y posterior a la Revolución de Octubre, en una experiencia de feminización de las artes que tardaría años en repetirse.
La muestra se inicia con las reacciones contra el academicismo burgués, cuando el nuevo clasicismo y el neoprimitivismo nacen como movimientos nacionales que combinan el renovado interés en las formas tradicionales del arte popular ruso con las técnicas pictóricas del posimpresionismo. Las diferencias entre los dos autores que enmarcan la exposición se señalan aquí mediante una serie de obras de Malévich en diálogo con otras de Chagall. Mientras el primero se fija en imágenes típicas del campesinado ruso, Chagall aprende del lenguaje visual del fauvismo y del cubismo para aplicarlo de forma personal a temas locales relacionados con Vítebsk, su ciudad de origen, y con las comunidades judías de Europa del este tal y como se puede ver en los bocetos para la decoración del Teatro Judío de Moscú.
La imagen rural se vuelve urbana en la siguiente sección, dedicada al cubofuturismo y al rayonismo. Artistas como Liubov Popova o Natalia Goncharova combinan los distintos puntos de vista del cubismo francés con la energía y el enfoque urbano del futurismo italiano. El rayonismo, desarrollado principalmente por Mijaíl Larionov, descompone el tema en formas de líneas oblicuas, en rayos de luz de diferentes tonalidades que tratan de reflejar la energía contenida de los objetos. Así se abre el camino a una de las aportaciones fundamentales de la vanguardia rusa al arte moderno: la apuesta por las formas más radicales de la abstracción, desde su vertiente más lírica y colorista de Kandinsky a la geometría de Liubov Popova que se integran en la sección “Camino a la abstracción”.
El suprematismo fue una forma de arte no figurativo que buscaba la pura sensibilidad a través de la abstracción geométrica, un avance de enorme influencia para el arte posterior hasta la actualidad. En la muestra se reúne el célebre tríptico de Malévich formado por Cuadrado negro, Cruz negra y Círculo negro, junto a una selección de sus Arquitectones, esculturas que ejercerán un gran influjo sobre el movimiento moderno en la arquitectura.
Si bien en sus inicios el constructivismo se vio muy influido por el suprematismo, pronto se alejó de este movimiento y de su contenido espiritual en favor de un arte más funcional. Los constructivistas reclamaron así la eliminación de la pintura de caballete, en favor de un arte de producción. En este sentido la obra Composición, 1918, de Alexander Ródchenko o los contrarrelieves de Baránov-Rossiné son ejemplos destacados de esta tendencia.
El recorrido continúa con la llamada Escuela de Matiushin, que debe su nombre al pintor y compositor Mijaíl Matiushin, que busca, al igual que ya había intuido el cubismo, trascender la tridimensionalidad para alcanzar la cuarta dimensión. Movimiento en el espacio (ca. 1921) plantea un estudio dinámico del movimiento y del color que resulta completamente abstracto, mientras que la pintura Movimiento de una forma orgánica (1919) de Borís Ender, muestra una variedad vibrante y acelerada de formas de la naturaleza ligeramente caótica.
Con la llegada al poder de Stalin y la implantación de nuevas formas de gobierno que viran hacia el totalitarismo, el mundo al que la vanguardia artística aspiraba se desvanece. El realismo socialista, que cobrará fuerza como arte de estado en los años treinta, ofrece imágenes de lectura fácil de la vida soviética. La última sección de la exposición muestra las reacciones, entre el escepticismo y la desesperanza, de dos artistas ante este hecho. Por un lado, Malévich, después de haber creado uno de los movimientos artísticos más radicales, el suprematismo, dirige su trayectoria hacia la figuración como muestra Deportistas (1930-1931). Por otro, Pavel Filónov plantea composiciones complejas que, a pesar de su aspecto caótico, desvelan, como es el caso de Cabeza (1925-1926), figuras que remiten a los iconos ortodoxos.
De Chagall a Malévich: el arte en revolución se complementa con 24 publicaciones del periodo que muestran cómo las vanguardias rusas, que buscaban su aplicación a todos los ámbitos de la vida, establecieron un fértil diálogo con la literatura y el diseño editorial.
La exposición, producida por Fundación MAPFRE en colaboración con el Grimaldi Forum Monaco, ha sido posible gracias a los préstamos de instituciones como el Museo Estatal Ruso de San Petersburgo, la Galería Estatal Tretiakov de Moscú o el Museo Estatal de Nizni Nóvgorod, entre otras.
En la presentación de la muestra han participado el comisario de la exposición, Jean-Louis Prat, presidente del Comité Marc Chagall y ex director de la Fundación Marguerite y Aimé Maeght; Sylvie Biancheri, directora general del Grimaldi Forum Monaco; y Nadia Arroyo, directora de Cultura de Fundación MAPFRE.
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