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martes, 12 de septiembre de 2017

Bruegel dibujó el mundo

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La Albertina muestra sus mejores obras en papel


Todo el espectro iconográfico de la obra sobre papel de Pieter Bruegel el Viejo se reúne, hasta el 3 de diciembre, en “Bruegel. Drawing the world”, la muestra que la Albertina vienesa dedica este otoño al mayor dibujante del s. XVI. Busca arrojar luz sobre sus orígenes artísticos, por eso su producción se confronta con algunos trabajos de sus enormes predecesores Durero y El Bosco –sus criaturas híbridas y demonios eran bien conocidas dentro y fuera de su país ya entonces y representaciones como las de los pecados capitales valieron a Bruegel el apelativo de “nuevo Bosco”–. Junto a las piezas cedidas para la ocasión por museos internacionales, cuenta con una veintena de dibujos muy bellos pertenecientes a la propia Albertina; destacan también dos obras tardías, dedicadas a la primavera y el verano, que hacía años que no se exponían al público.

Pieter Brueghel el Viejo. The Kermis of Saint George, hacia 1559. The Albertina Museum, Viena
Pieter Bruegel el Viejo. The Kermis of Saint George, hacia 1559. The Albertina Museum, Viena

Para entender mejor la producción de Bruegel tenemos que pensar en su contexto: trabajó en vísperas de la revuelta holandesa contra la dominación española y en medio de una era de profundas transformaciones sociales, políticas y religiosas que evocó en su mundo pictórico. Si observamos a fondo su obra, encontramos reflexiones sobre aquel momento realizadas desde una actitud profundamente crítica aunque también humorística.
La tragedia y la grandeza intrínsecas en la condición humana fueron sus temas predilectos y su captación de nuestras debilidades nos habla de una capacidad de observación fuera de lo común hacia sus contemporáneos: pintó con realismo a campesinos trabajando en los campos, paisajes pintorescos, picos alpinos, valles íntimos de los ríos y sobre todo escenas sociales absurdas, grotescas, satíricas o moralizantes.
En Bruegel la representación del individuo retrocede en favor de la captación de arquetipos retratados con exageración paródica y esa afición por el lado más áspero de lo humano nos hace pensar en Rabelais, Cervantes y Shakespeare, que en su literatura convirtieron el mundo en escenario y formularon narraciones universales, mientras que su tono moralizante lo acerca más a las pretensiones de Michel de Montaigne o las que tendría Francis Bacon.

Brueghel el Viejo. Elck, hacia 1558. The Albertina Museum, Viena
Bruegel el Viejo. Elck, hacia 1558. The Albertina Museum, Viena



Brueghel el Viejo. The Painter and the Buyer, hacia 1565. The Albertina Museum, Viena
Bruegel el Viejo. The Painter and the Buyer, hacia 1565. The Albertina Museum, Viena

En el que puede ser el dibujo más célebre de Bruegel, El pintor y el conocedor, hizo de la pintura su eje temático: confrontó a los espectadores con el desempeño intelectual del artista e hizo referencia a la incomprensión que este suele padecer tanto por sus posibles compradores como por la sociedad en su conjunto. Forma parte de esta exhibición y de los fondos de la Albertina y resulta paradójico teniendo en cuenta que el holandés fue uno de los pintores más codiciados y populares de su tiempo, no entre los campesinos que tan a menudo retrataba, sino entre la élite formada.
Solo se conocen sesenta dibujos de Bruegel, la mayoría en este museo vienés, el Kupferstichkabinett de Berlín y el Museo Boijmans van Beuningen, y también la Albertina posee la mayor parte de sus grabados, incluyendo rarezas y pruebas únicas. La mayoría de las colecciones de arte flamenco y holandés de este centro fueron adquiridas por su fundador, el Duque Alberto, y el examen minucioso de las mismas a lo largo de años de investigación ha proporcionado en más de una ocasión sorpresas, como el redescubrimiento de una vista de Amberes a gran formato del propio Bruegel de la que solo se conocía otra copia más. Otro centenar de estampas, desconocidas hasta la fecha por los investigadores, han sido restauradas para presentarlas por vez primera al público.
Sobre la vida de este artista poco sabemos. Nació, parece, en una pequeña aldea cercana a Breda y su primera formación la recibiría en Amberes, en el taller de Pieter Coecke de Aelts, quien, sin embargo, no dejó huella en el arte de Bruegel (que luego, eso sí, se casaría con su hija).
Su nombre aparece mencionado por primera vez en 1551 cuando fue recibido como maestro en el Gremio de Pintores de San Lucas de Amberes. Después viajó a Francia e Italia y las montañas de los Alpes y los Apeninos fueron su fuente de inspiración.
Se supone que se introdujo en el círculo de Coecke, estableció amistad con Giulio Clovio y colaboró con él alguna vez. Ya a su regreso a Amberes, también estableció una estrecha y relación con el grabador Hieronimus Cock, apasionado por El Bosco como el propio Bruegel, que dibujó varias de sus obras para ser grabadas en el taller de Cock. Es claro que entre 1557 y 1563 le apasionaron la técnica y los asuntos caprichosos y diabólicos del de Bolduque, que interpretó desde su personalidad propia.
Después llegaron los asuntos religiosos y la exaltación febril y libre del mundo sencillo de los campesinos a cuyas fiestas, según Mander, acudía Bruegel disfrazado para mezclarse con los aldeanos como uno más. Supo aunar gusto por lo popular, un sentido profundo y directo de la realidad y  también un gran sentido crítico, asumiendo en sus pinturas, con sagacidad e inteligencia, la filosofía popular. Sobre él escribió su amigo Ortelius: Nuestro Bruegel ha pintado, como dice Plinio a propósito de Apeles, muchas cosas imposibles de pintar.

Brueghel el Viejo. Big Fish eat little Fish, 1556. The Albertina Museum, Viena
Bruegel el Viejo. Big Fish eat little Fish, 1556. The Albertina Museum, Viena


“Bruegel. Drawing the world”
Albertinaplatz 1
Viena
Del 8 de septiembre al 3 de diciembre de 2017

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