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lunes, 16 de enero de 2017

Carlos de Haes


             


El pintor Carlos de Haes, retrato que le hizo, en 1867, Federico de Madrazo, colega suyo en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando. Único óleo que se conoce con la imagen del paisajista belga.


Carlos de Haes fue un pintor español de origen belga (Bruselas, 27 de enero de 1826 - Madrid, 17 de junio de 1898). Se lo puede clasificar como paisajista dentro de la tendencia general del realismo. Fue uno de los más activos maestros de la Cátedra de Paisaje en la Escuela Superior de la Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid desde 1857. De entre la nutrida generación de alumnos que formó cabe destacar a Jaime MoreraAureliano de Beruete y Darío de Regoyos.




             La canal de Mancorbo en los Picos de Europa, óleo sobre lienzo, 1876. Museo del Prado.
Nacido en Bruselas en 1826, primogénito de siete hermanos en una familia de comerciantes y financieros. Por imperativos económicos, su familia se trasladó a España en 1835, instalándose en Málaga, ciudad en la que Haes tomó sus primeras nociones de dibujo del pintor canario Luis de la Cruz y Ríos (1776-1853). Su segundo maestro fue, a partir de 1850, Josep Quinaux (1822-1895), pintor belga que le guiaría durante los cinco años de estancia en su país de origen. En ese periodo visita los estados vecinos y pinta sus primeros paisajes —de espíritu tardorromántico— y llega a participar en el Salón de Amberes de 1855.
Regresó a España, donde hizo amistad con Juan Federico Muntadas, heredero, tras la Desamortización del Monasterio de Piedra, recinto en el que ambos pasaron el verano de 1856, donde entre los muchos apuntes y cartones que pintó puede mencionarse la Vista tomada en las cercanías del Monasterio de Piedra, Aragón,1 que llevado luego a lienzo fue premiado con una primera medalla en la Exposición Nacional de 1858.

Un paisaje. Recuerdos de Andalucía, costa del Mediterráneo, junto a Torremolinos, 1860, ganador de la Primera Medalla en los Premios de pintura en las Exposiciones Nacionales de Bellas Artes de España.


Un paisaje. Recuerdos de Andalucía, costa del Mediterráneo, junto a Torremolinos, 1860, ganador de la Primera Medalla en los Premios de pintura en las Exposiciones Nacionales de Bellas Artes de España.
En 1857 ganó la oposición a la Cátedra de Paisaje en la Escuela Superior de la Academia de Bellas Artes de San Fernando, por lo que se instaló definitivamente en Madrid. Un año después consiguió el primer galardón en la Exposición Nacional Española. Culmina este buen periodo de su vida en 1860, cuando fue elegido académico de número en San Fernando. Su discurso de ingreso, titulado "De la pintura de Paisaje Antigua y Moderna", constituye un excelente autógrafo de su ideología pictórica.
Entre 1871 y 1876, extendiendo el radio en el que Haes y sus alumnos hacen excursiones de pintura al aire libre, el maestro promovió campañas veraniegas en el Norte de España (Picos de EuropaPaís Vasco) que luego, rodeado de alumnado más selecto, se extendieron al País Vasco francésBretañaNormandía y Frisia, al norte de Holanda. Estas experiencias plenairistas supondrían la formación en el ejercicio de la pintura del natural de toda una generación de paisajistas que constituye la mayor antología de la pintura española al aire libre.
El 15 de noviembre de 1875, Haes se casó con Inés Carrasco Montero. Efímero matrimonio pues, en octubre de 1876, esposa e hija mueren de sobreparto. El viejo Beruete y el joven Jaime Morera serán a partir de ese momento sus compañeros de viaje, especialmente el catalán. Viajes sentimentales y reales que Haes realizaría entre 1877 y 1884, desentrañando el paisaje de Normandía (Villerville), Frisia, País Vasco (GuetariaSan Juan de LuzEaux-Bonnes), y Bretaña (RouenDouarnenez). Los últimos bosquejos conocidos de Haes se fechan en 1897, durante una estancia en Algorta, al cuidado de Morera y su esposa en la finca de "Jardigane".

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Haes murió, víctima de una pulmonía, a los setenta y dos años de edad. Su testamento autógrafo dejaba a Jaime Morera y a Luis Roig —como albaceas aún vivos— en libertad para el reparto de todos sus bienes y la recomendación de algunas preferencias. Finalmente fue Morera el gran gestor del legado, consiguiendo que se dispusiera una "Sala Haes" en el recién creado Museo de Arte Moderno. Las buenas intenciones de Morera y el resto de alumnos fieles a Haes no pudieron evitar que el fabuloso legado del maestro se dispersara en los años siguientes.
Lo mejor de su extensa obra (cuatro mil cuadros y apuntes) se puede ver en el Museo de Málaga, en el Museo de Arte Jaime Morera (legado Jaime Morera, 80 piezas) y en el Museo del Prado, que recuperó 183 obras del conjunto originalmente donado al desaparecido Museo de Arte Moderno.


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Siguiendo el ideal académico, Haes consideraba que "el fin del arte es la verdad que se encuentra en la imitación de la naturaleza, fuente de toda belleza, por lo que el pintor debe imitar lo más fielmente posible la naturaleza, debe conocer la naturaleza y no dejarse llevar por la imaginación".nota 1
No se le ha considerado pleanirista a la francesa, pues era partidario de trabajar del natural sólo los bocetos preparatorios, mientras que el cuadro final debía, según él, ser acabado con el trabajo clásico de taller. Sin embargo, la mayoría de sus alumnos practicaron dicho plenairismo sin entrar en convenciones teóricas o dogmáticas, pintando del natural "al aire libre" («au plein-air») y dejando —algunos de ellos— uno de los más ricos capítulos del impresionismo español

De "revolución sin desafíos", en el género del paisaje, podría calificarse la trayectoria docente del maestro Haes.4
A su llegada a España, la pintura oficial estaba representada por Vicente Camarón y Fernando Ferrant. La revolución personal de Haes emanó directamente de su entusiasmo, de sus indudables dotes y de su atractiva personalidad social. Sus campañas —de vocación plenairista— y la propuesta de un contacto directo con la naturaleza (algo que en España sólo habían practicado oficialmente Martín Rico y su malogrado amigo Vicente Cuadrado), resultaron un incentivo irresistible para las jóvenes generaciones de paisajistas y para otros pintores "vocacionales" o aficionados que, por su desahogada situación económica, no necesitaban someterse a los corsés y directrices estéticas tradicionales de la Academia, el mercado del arte y la crítica oficial. Los nuevos métodos de acercamiento casi lúdico a los escenarios naturales coincidirían con los postulados de la ILE(enmarcados ya en un futuro próximo a las correrías pictóricas de Haes).
Quizá el dato más significativo del secreto gusto plenairista de Haes fue el celo con que atesoró hasta su muerte su colección de pequeños estudios, pintados «in situ», simples ejercicios de reto personal ante el placer estético y la seducción de la naturaleza.

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 De su discurso: «De la pintura de Paisaje antigua y moderna», leído el 26 de febrero de 1860 y publicado en 1872 dentro del tomo I de Discursos leídos en las recepciones y actos públicos celebrados por la Real Academia de las tres nobles artes de San Fernando desde 19 de junio de 1859. (pp. 295-296)


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