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sábado, 31 de enero de 2015

Eduardo Arroyo Rodríguez

                                            

Eduardo Arroyo Rodríguez ( Madrid, 26 de febrero de 1937) es un pintor español de estilo figurativo, clave de la figuración narrativa como de la nueva figuración española y vinculado al pop art. Refugiado en París desde 1958 por causa de su antifranquismo, Arroyo cobró protagonismo en el circuito artístico nacional tardíamente, a partir de los años 80, tras un alejamiento de dos décadas forzado por el régimen franquista. Actualmente, sus obras cuelgan en los más reputados museos de arte moderno españoles y extranjeros y su creatividad se extiende a las escenografías teatrales y las ediciones ilustradas.
            
Arroyo nació en Madrid, pero, tiene raíces leonesas. Tras finalizar la carrera de Periodismo (1957), se trasladó a París (“como muchos otros”, según él) huyendo del ambiente asfixiante del franquismo. Dejó atrás una primera etapa de caricaturista con incipientes coqueteos en la pintura, aunque su primera vocación fue escribir, tarea que prosigue hasta hoy.
Simultaneó la escritura con la pintura, pero ya en 1960 vivía de su labor como pintor. Su actitud crítica ante las dictaduras, tanto las políticas como las artísticas, le empujó a iniciativas controvertidas. Optó por la pintura figurativa en unos años de aplastante dominio de la pintura abstracta en París, y sus primeros temas recordaban a la “España negra” (efigies de Felipe II, toreros, bailarinas) pero en clave cáustica y nada romántica. De un uso matérico del color, Arroyo pasaría a una técnica más propia del “pop art”, de colorido vivo y pincelada más lisa. Temprano ejemplo de ello es “Robinson Crusoe”, de 1965 (Lausana, Museo Cantonal de BB.AA.).

Arroyo expuso en una colectiva en París ya en 1960 (“Salón de la Joven Pintura”), pero su primer impacto público se produjo tres años después, al presentar en la III Bienal de París del políptico Los cuatro dictadores,1 una serie de efigies de dictadores, que provocó las protestas del gobierno español. Igualmente en 1963, Arroyo preparó una muestra en la galería Biosca de Madrid, que se inauguraría sin su presencia, ya que debió huir a Francia perseguido por la policía; la exposición se censuró y cerró a los pocos días.
En julio de 1964 participió en la muestra Mitologías diarias, fundadora del movimiento de la figuración narrativa al Museo de Arte Moderno de París con Bernard RancillacHervé TélémaquePeter KlasenAntonio RecalcatiJacques MonoryLeonardo Cremonini,Jan Voss y Öyvind Fahlström y el año siguiente en la muestra epónima La figuración narrativa en el arte contemporáneo, donde presentió con Gilles Aillaud y Recalcati el políptico Vivir y dejar morir o el fin trágico de Marcel Duchamp, hoy dia conservado en elMuseo Reina Sofia,2 que constituye el manifiesto de este movimiento.

La opción figurativa de Arroyo tardó en ser aceptada en París. Su primera clientela más o menos estable fue italiana; gracias a sus ventas en Italia pudo subsistir en Francia.
Características de muchas de sus obras son la ausencia generalizada de profundidad espacial y el aplanamiento de la perspectiva.
Arroyo rechazaba la devoción incondicional por algunos vanguardistas (Marcel DuchampJoan Miró), que consideraba impuesta por modas. Pero aunque le han etiquetado de reaccionario, es doblemente rebelde en realidad: desmitifica a los grandes maestros y defiende el papel del mercado como protector y termómetro del arte, frente a la red de museos e influencias sufragada con el dinero público.
                                    

Arroyo ridiculiza y “reinterpreta” los tópicos españoles con toques surrealistas. Ejemplo de ello es el lienzo “Caballero español”, donde el protagonista posa con un vestido de noche (1970; París, Centro Georges Pompidou). En 1974, Arroyo fue expulsado de España por el régimen, y recuperaría su pasaporte tras la muerte de Franco, en 1976. Sin embargo, su despegue crítico en España no fue inmediato y se demoraría hasta principios de los 80; en 1982 se le otorgó el Premio Nacional de Artes Plásticas de España, un desagravio por el olvido sufrido hasta entonces. Ese mismo año, el Pompidou de París le dedica una retrospectiva. Dicho museo posee otra pintura relevante: “Dichosos quién como Ulises I” (1977).

Su actividad como escenógrafo arrancó con el cineasta Klaus Grüber, y tuvo uno de sus hitos en 1982, con “La vida es sueño” de Calderón de la Barca, bajo dirección de José Luis Gómez. En 1999 montó con Grüber la ópera “Tristán e Isolda”, de Wagner, en elFestival de Salzburgo. También ha producido esculturas e ilustra libros.
Arroyo cuenta actualmente con presencia en muchos importantes centros de arte mundiales. El Museo Reina Sofía de Madrid expone tres de sus 11 lienzos entre 13 obras, destacando “Carmen Amaya asa sardinas en el Waldorf Astoria”, donde el personaje se representa simbólicamente con un mantón andaluz, Los cuatro dictadores de 1963 y Vivir y dejar morir de 1965. El Museo de Bellas Artes de Bilbao, que le dedicó una muestra, posee “El camarote de los hermanos marxistas”, que mezcla cine y comunismo, dos de sus temas recurrentes. Obras de Arroyo se encuentran también en el IVAM de Valencià, el MACBA de Barcelona, el Museo Municipal de Madrid, el Museo de la Colección Berardo de Lisboa, el Museo Cantonal de Bellas Artes de Lausana o la Nueva Galería Nacional de Berlín, con los tres lienzos General Resfriado N°1 a N°3 de 1962. En la colección del Museo nacional de arte moderno de Paris están 13 obras incluyendo 4 lienzos y un lienzo en la del Museo de Arte Moderno de París, perteniendo a la ciudad, y la delMOMA de Nueva York.


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