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jueves, 22 de septiembre de 2016

Arte, cultura, políticas públicas y derechos de los artistas

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“Colombia es un país donde la mayoría de las academias de estudios artísticos no cuentan con suficientes recursos ni infraestructura”


Este es un espacio de expresión libre e independiente que refleja exclusivamente los puntos de vista de los autores y no compromete el pensamiento ni la opinión de Las2Orillas.
Arte, cultura, políticas públicas y derechos de los artistas
Foto: gentedecabecera.com

Las artes, como  la cultura de la que hace parte, son generadoras de lo más bello y sintetizadoras del saber y los sentimientos más profundos del ser humano. Son resumen de  vidas, experiencias, emociones y aspiraciones, la quinta esencia de las sociedades. Su poder trasciende épocas, barreras geográficas, sociales y lingüísticas. Y crea un crisol  donde se funden  expresiones e intereses de la especie humana con las de cada uno de sus individuos. Superando la mera sobrevivencia y las simples reglas comerciales-
“Nuestro maltrecho planeta podrá extender sus alas más luminosas, hacia otros mundos, antes de la extinción inevitable”
Una sociedad que no promueva su cultura,  estimule su creación,  ignora su pasado y  entorno, le tienen sin cuidado expresiones del pueblo,  no aprecia y cuida a sus gestores: niega su propio enriquecimiento y la posibilidad de legar a nuevas generaciones  la esencia de su identidad. Limita la vida de sus miembros al simple trasegar cotidiano, al acto de sobrevivir como individuo y, quizás, como grupo social. Los artistas creadores, transforman lo banal en el meollo enriquecedor de la vida. Sin ellos, estaríamos sumidos en un gris cotidiano, en el ruido perenne sin tonalidades y ritmos del más elemental intercambio informativo y mercantil.
Quienes manejan el país, responsables de los conceptos sobre los determinante del saber y del bienestar nacional, no logran captar la tragedia en la cual están sumidos la mayoría de sus habitantes en general y los artistas en particular. Permitiendo a mercaderes del arte quedarse con una desproporcionada tajada del pastel.  Comprenden perfectamente el profundo significado de las artes y la cultura. Con ellas manejan el tablero de control de las mentes y la ideología de sus súbditos.
Sus valores se imponen reduciéndolo todo al mercado que  aniquila las expresiones nacionales y la dignidad de los creadores que no correspondan a sus intereses. No es casual que la incluyan en sus tratados comerciales. Un 11% del PIB de los Estados Unidos proviene del sector cultural y, a su vez, capta el 55% de las ganancias mundiales producidas por las industrias del sector.
En Latinoamérica, solo el 5% de su PIB proviene de las expresiones culturales. (porque se asumen gratis, espontáneos, y no se le reconoce nada a los creadores).
Dentro del actual contexto de recolonización mundial, la cultura nacional debe expresar la visión,  intereses, sensibilidad y  creatividad de todos los sectores que la constituyen como nación. Y no solo  prolongación mercantil de las industrias culturales nacionales e internacionales.
Los artistas colombianos no cuentan con garantías para el desenvolvimiento de su trabajo y subsistencia. Se ven abocados a una vejez desprotegida y a un futuro incierto para sus hijos. El estado olvida aquellos que empeñan su existencia para enaltecer y exaltarla. El trabajo, la creación, y la seguridad social de los artistas, sus derechos fundamentales, no son garantizados y los pocos existentes son desestimulados con trabas, impuestos e imposiciones. Aquellas leyes que podrían beneficiar el sector, o no son reglamentadas, o no cuentan con los recursos adecuados.
En Colombia la financiación del sector es mínima: $391 mil millones (0.2% del presupuesto, equivalente al 0.1% del PIB) mal distribuida. Se sostiene en gran parte con tributos parafiscales, altamente centralizados. El Estado descarga los costos de la cultura sobre los colombianos y se libera de su obligación de financiar directamente al sector. En el campo laboral, las condiciones de contratación para el profesional del arte son pésimas y en la mayoría de los casos es tratado como mendigo,  cuando el trabajo artístico es una profesión como la que más.
¿Cómo entregar a nuestros congéneres obras no sólo bellas sino significativas, si no podemos profundizar nuestro saber enriqueciéndonos del bagaje nacional y universal? ¡CON OCIO REMUNERADO!
Vivimos en un país donde la mayoría de las academias de estudios artísticos no cuentan con suficientes recursos ni infraestructura.  (Caso de Bellas artes, El cierre del  teatro Amira de la Rosa, la demolición de escenarios deportivos que habían devenido en escenarios artísticos. Coliseo Cubierto.  El deterioro del Museo Romántico, etc. Casas de  la cultura de los pueblos). Los centros estatales existentes (flamantes casas de la cultura) funcionan con bajo presupuesto y el acceso a ellos se torna cada vez más costoso. La política pública convierte las expresiones más sentidas en empresas comerciales mixtas, cuando no del todo privadas, como el Carnaval de Barranquilla.
Las universidades con programas artísticos están centralizadas y las personas de las regiones deben pagar mayores costos para poder acceder a ellas. El intercambio del saber y de la experiencia se asemeja a una carrera de obstáculos.
Los estímulos estatales,  cobijan un porcentaje mínimo de trabajadores del arte con sumas irrisorias altamente centralizada. El presupuesto cultural debe aumentarse. Cubrir un mayor porcentaje de grupos y personas, priorizando  las regiones y sectores más vulnerables.  El fomento real de las artes debe estar basado en planes integrales de estudio para la  difusión, implementación de salas y apoyo a los artistas en las diferentes ramas. Las regiones, grandes ciudades y cada municipio deben contar con planes particulares que atiendan sus necesidades y que fomenten su cultura propia.
La difusión del trabajo de los artistas debe estimularse implementando una legislación encaminada en esta dirección, reconociendo sus derechos de autores a que dé lugar. Se deben promover organizaciones regionales que atiendan las necesidades específicas de los pequeños grupos artísticos.
La cultura nacional debe ser defendida frente al mercado, y los monopolios de la industria cultural de la globalización neoliberal. Los artistas deben tener presencia relevante en las instituciones del ramo y en la determinación de las políticas que se les apliquen.
Ante el sombrío entorno cultural del país y buscando un futuro más luminoso, nace en Armenia el 31 de mayo de 2015,  la Unidad Nacional de Artistas, UNA, en un proceso organizativo que busca contribuir a:
  1. La dignificación y a la defensa de la cultura nacional y de sus trabajadores.
  1. Unir a todos los artistas, a las otras regiones del país, a los colectivos teatrales, musicales y demás agrupaciones culturales nacionales y regionales, en esta lucha por la defensa de sus derechos e intereses artísticos.
  1. Por una verdadera cultura nacional. ¡Que en los días por venir podamos ver nuestras creaciones no solo acogidas sino apreciadas como herramienta enaltecedora de Colombia, de sus hijos, y de las generaciones futuras!
UNIDAD NACIONAL DE ARTISTAS, UNA
Facebook: Unidad Nacional de Artistas-UNAunidadnacionaldeartistas.com;unidadnacionaldeartistas@gmail.com
Fuente

http://www.las2orillas.co

sábado, 8 de noviembre de 2014

Arte, libertad y licantropía contra la discapacidad



Arte, libertad y licantropía contra la discapacidad

Una visitante observa una de las obras expuestas en la sala combo de Córdoba que acoge durante el próximo mes la imaginativa obra de dos reputados artistas con discapacidad, el español José Manuel Egea, y el alemán Rudolf Bodmeier, bajo el auspicio de las becas IKARO y el mecenazgo de la plataforma de arte La Fragua.
EFE

Córdoba, 7 nov (EFE).- Si hay alguna disciplina capaz de sacar al hombre lobo que hay en cada ser humano, esa es el arte, una actividad que puede ser mera expresión o incluso una terapia, pero en la que el creador siempre acaba expuesto, bien sea en representaciones efímeras o duraderas.

Quizá por este motivo, José Manuel Egea (Madrid, 1988) lleva toda la vida, "desde el amanecer de los tiempos", según dice él mismo, pintando, modelando y destruyendo licántropos, y, en los últimos años, exponiendo su obra en varias galerías.

Egea no es un artista cualquiera. Es ajeno a los vaivenes del mercado y tampoco está muy interesado en la reacción del público, aunque sus obras, teñidas de oscuridad, son bastante provocativas, y representan a la perfección la fijación que tiene con su fetiche, el hombre lobo.

Nada que ver con los modernos licántropos de "Crepúsculo". A Egea los hombres lobo que le gustan son Benicio del Toro y Michael J. Fox, según explica a Efe mientras termina una de las obras que expone durante el próximo mes en la Sala Combo de Córdoba, gracias a la iniciativa de La Fragua y la beca privada Ikario, que se otorga a artistas con discapacidad intelectual, como es el caso de Egea.

Nada que ver con la arteterapia, porque, en Debajo del Sombrero, la plataforma madrileña experta en artistas con discapacidad y que ha auspiciado la obra Egea, lo tratan como a un creador total, cuyas obras han visitado la Casa Encendida o la Facultad de Bellas Artes de Madrid.

La codirectora de La Fragua, Gabrielle Mangeri, coincide con esta visión cuando asegura que "esto no es arteterapia, esto es dar valor a la gente que está trabajando en todos los ámbitos de la creación del arte".

Mangeri señala que estos artistas tienen en particular un ritmo de trabajo muy prolífico, seriedad, mucho talento, y muchas ganas de comunicar a través de un lenguaje propio.
Tan propio que avisa que, quien se acerque a contemplar la exposición, titulada "Let the damn flow" ("dejar que el dique fluya"), va a entrar en "un mundo desconocido".

"A la hora de realizar la obra son más libres porque, o el filtro está muy escondido, o no existe, y eso hace que el arte fluya muy espontáneamente", concluye.

Egea, mientras tanto, sigue sentado en el suelo trabajando en su obra, dibujando lunas llenas para una exposición que curiosamente se inauguró ayer bajo el plenilunio.
A su lago, Gema Calleja, su facilitadora, quien está pendiente en todo momento de que no le falten herramientas para expresarse, porque, como ella misma apunta, el arte le permite comunicarse con el mundo.
"El arte es fundamental como vía de comunicación en el caso de José Manuel, y yo creo que en todos nosotros en general", especifica Calleja, que añade que, en el caso de Egea, se trata de "un arte muy puro, que no está adulterado por el comercio".
Egea ha pintado por completo dos de las paredes de la galería Combo, convirtiéndolas en un enorme lienzo en el que varios licántropos observan al espectador mientras son observados.

El resto de la galería está decorado por la obra de otro artista discapacitado, Rudolf Bodmeier, procedente del HPCA de Alemania, y cuya obsesión, en este caso, son las enfermeras.
Un cuerpo de enfermería distinto, que mezcla la naturaleza y animalidad a partir de las formas femeninas, y cuya fijación le viene de su estancia en un hospital.

Rudolf ponía ayer nombre a sus obras acompañado de su facilitador, que le dictaba las letras una a una, y que estaba pendiente de que todo estuviera perfecto, porque, aunque estos dos artistas sean ajenos al bullicio del mundo del arte, sí que son muy considerados hacia sus creaciones.

"Let the damn flow" es la tercera muestra de artistas discapacitados que organiza La Fragua y estará en Córdoba hasta el 5 de diciembre.

Todo un mes para penetrar en un tipo de arte distinto, libre y visceral, y que nace de la total y absoluta sinceridad.

(Agencia EFE)
Fuente

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