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lunes, 17 de julio de 2017

Buda presidiendo la última cena y otros collages polémicos en Tailandia



El dios-elefante Ganesha crucificado y Buda presidiendo la "La última cena" de Leonardo da Vinci son ejemplos de los polémicos collages creados por el diseñador tailandés Nakrob Moonmanas en colaboración con otros artistas locales.
"Quiero dar mi propia versión de lo que significa lo 'tailandés'. Mi perspectiva quizá sea diferente de lo que la mayoría de la gente entiende", explica a Efe Nakrob, de 26 años, en el Centro de Arte y Cultura de Bangkok (BACC) donde se exhiben las obras.


"Sacrifice" ("Sacrificio") se titula esta exposición en referencia, según el diseñador, a la acción de sacar un objeto de su contexto para elaborar los collages, en los que fusiona elementos orientales y occidentales.
Los visitantes se encuentran con obras clásicas como "Ofelia" de John Everett Millais, quien pintó la escena del ahogamiento del personaje homónimo de la tragedia "Hamlet" de Shakespeare.
Pero si uno se acerca descubre que, junto a la dama que flota en las aguas verdosas, hay dos figuras tailandesas doradas: el príncipe Rama y su hermano Lakhan, quienes luchan contra el demonio Ramana para salvar a la princesa Sita en el poema épico de origen hindú Ramakian.
Buda y trece monjes con túnicas anaranjadas presiden "La última cena" de Leonardo y un Ganesha azul aparece crucificado en una alegoría a la "muerte del arte" en un mundo cada vez más dominado por lo comercial y la publicidad, según el autor.
En una pieza con mensaje más político hay una cruz impresa en una bandera azul con una foto de las protestas prodemocráticas contra el Gobierno militar de 1973 en Bangkok.
"Los manifestantes también murieron por su fe en la democracia", indica Nakrob en referencia a quienes perdieron la vida durante la represión de las manifestaciones de aquel año.
La junta militar que rige Tailandia desde mayo de 2014 trata de imponer unos valores tradicionales, como la obediencia, el respeto a la jerarquía y un fuerte nacionalismo inspirado en la supremacía del Ejército y la monarquía.
Frente a esta concepción conservadora de la identidad y cultura tailandesas, el diseñador defiende una versión más colorista y ecléctica que se puede resumir como "sanook", concepto tailandés que hace referencia al carácter lúdico y humorístico.
El artista reconoce que ha recibido "quejas" por el uso de símbolos religiosos y por la inclusión en los collages de imágenes de la reina Sirikit o el monarca Bhumibol Adulyadej, fallecido en octubre del año pasado.
En un cuadro, un recorte de revista de Sirikit aparece en un paisaje campestre y en otra obra hay una imagen de Bhumibol pegada en un lienzo con una escena marina.
"Yo no tengo falta de respeto, solo muestro una perspectiva diferente", dice Narkrob, quien admite que hasta en el libro de firmas de la exposición en el BACC hay una crítica en referencia al uso de la imagen de la reina.
En Tailandia, los temas referidos a la monarquía son casi tabú y las críticas están tipificadas como delitos de lesa majestad que se castigan con hasta 15 años de cárcel.
La muestra, que estará abierta al público hasta finales de este mes, consta de más de quince obras elaboradas por Nakrob con ayuda de otros artistas como Apiwat Sangumram, un muralista especializado en pintura clásica tailandesa.
Nakrob se licenció hace cuatro años en Literatura Tailandesa en la Universidad de Chulalongkorn, en Bangkok, y durante sus estudios desarrolló también su pasión por el arte y el diseño.
Actualmente, trabaja como diseñador gráfico en un estudio de publicidad, aunque confiesa que ejercita realmente su creatividad cuando realiza ilustraciones para revistas o confecciona collages para reinterpretar la idiosincrasia de Tailandia.
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miércoles, 12 de julio de 2017

“El arte siempre tiene una función social”

Wenzel Bilger. Crédito: Jacobia Dahm Photography.                                               Wenzel Bilger. Crédito: Jacobia Dahm Photography.
El Goethe-Institut en Colombia está presente en Bogotá desde 1957. Desde entonces ofrece clases de alemán, talleres para niños, una biblioteca de miles de títulos, un archivo fílmico y más. Desde julio de 2017, la sede en Colombia está en manos de Wenzel Bilger, su nuevo director. Hablamos con él sobre la política, el cambio climático y la diversidad en todas sus formas.
Wenzel Bilger empezó a trabajar en el Goethe-Institut hace unos 12 años. Inició su carrera en la casa madre de la institución cultural oficial de Alemania en el mundo, ubicada en Munich. La misión del Goethe es difundir el idioma alemán en el extranjero y fomentar el intercambio cultural. Bilger pasó varios años desempeñándose como director de Programación del instituto en Nueva York, donde coordinaba las actividades culturales del Goethe en Norteamérica, es decir Canadá, Estados Unidos, México y Cuba. Desde principios de julio llegó a Colombia para asumir la dirección del instituto en el país, que lleva 60 años operando en Bogotá.
Bilger ya conocía Colombia: “Vine por primera vez en 2012 para un proyecto que organicé con unos colegas aquí. Se trataba de un taller de curadores sobre los puntos de encuentro entre política y arte contemporáneo. Los artistas son ciudadanos y viven en la sociedad, así que el arte siempre tiene una función social”.
Crédito: Daniel Reina.
Una de sus pasiones es el senderismo, y la biodiversidad natural de Colombia fue uno de los elementos que lo trajeron al país. “Tengo un interés personal en las relaciones entre estética natural y estetica artística. La naturaleza es fascinante pero también es muy interesante la relación entre naturaleza y el ser humano y sus sociedades, especialmente en este momento en que debatimos todas las preguntas sobre el cambio climático”.
De formación es un ‘científico de ciencias culturales’ y sociólogo, con un enfoque en teoría cultural y estética. Dice que tiene una formación "más conceptual": "Después me empecé a interesar en artes visuales y en arte del performance, en formas experimentales que no se dejan encasillar”.
En cuanto a su puesto, Bilger sonríe y dice “estoy muy agradecido porque me transfieran a Colombia en este momento que es tan histórico y tan lleno de esperanza. Pero tampoco es un momento fácil. Por ahora tenemos varios proyectos sobre la memoria. Alemania es un país con una historia muy complicada y cargada de problemas, que claro son muy diferentes a los de Colombia, pero para nosotros la memoria y sus funciones sirven para la construcción de futuro. Las sociedades no pueden formar un futuro justo, pacífico, sin ocuparse de la memoria. También tenemos pequeños proyectos [que venían de antes] que tienen una dimensión más educativa, como el cine comunitario. No solo lo llevamos a centros urbanos como Bogotá o Medellín o Cali, vamos a regiones más desfavorecidas para ver qué pueden hacer la cultura, las artes y el cine en estos lugares”.
Crédito: Daniel Reina.
Bilger enfatiza en que lo primero que quiere hacer es conocer el país antes de delinear su proyecto administrativo para el instituto. “La manera de trabajar en el Goethe es siempre en función del contexto específico. Entonces todavía no puedo decir mucho sobre la programación que voy a hacer, en dos o tres meses ya sabré más. Lo que traigo es una formación y una red de personas con quien trabajé, artistas, intelectuales y académicos que están interesados en las mismas cosas que yo: los lazos entre política y arte, en preguntas acerca de la naturaleza, de su dimensión histórica y contemporánea, de los desafíos que tiene ahora. También tenemos proyectos como el Ciclo de Cine Rosa en septiembre, cuya temática también entra en esas preguntas sobre de la función del arte en el desarrollo de la sociedad”. Este año, el ciclo cumple 16 años. Es una muestra de cine que presenta trabajos históricos y contemporáneos creados por y para la comunidad LGBTI.
Para los miembros del Goethe el ciclo se dará tras una coyuntura especial: en junio de este año se aprobó la plena legalidad del matrimonio homosexual en Alemania. La canciller Angela Merkel voto en contra de la decisión histórica. Ante el tema, Bilger señala que es “interesante, muchos por fuera del país pensaban que ya era así y nosotros tambien de vez en cuando pensábamos que el matrimonio para todos ya era legal. De hecho, mi marido está aquí en Colombia conmigo [risas]".
Para Bilger, lo interesante de ese tema es que se relaciona a la manera como él ve el Goethe y su función: "No es que existan sociedades desarrolladas y otras no. Todas tienen partes más avanzadas y menos avanzadas, por lo que debe haber un diálogo entre ellas. Los alemanes podemos aprender mucho de los colombianos, así como los colombianos de nosotros. Hay cosas muy interesantes en lo que está pasando allá y lo que está pasando acá con el proceso de paz. En el mundo hay sentimientos muy fuertes, no solo en cuanto a la sexualidad y género sino también en cuestiones de raza y etnia. La crisis de refugiados en Europa es un tema fuerte. Hay elementos muy nacionalistas, muy populistas. Siento que de alguna manera vamos a lograr salir de eso, pero es un proceso y lo único que podemos hacer es facilitar el debate internacional y la cooperación. Un país aislado no va a poder resolver ninguno de los problemas que agobian el mundo, necesitamos trabajar juntos y aprender unos de otros. El Goethe puede tener una función en ese diálogo e intercambio cultural. No quiero exagerar o sobrevalorar nuestro papel, somos una institución pequeña, pero intentamos poner de nuestra parte”.
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martes, 11 de julio de 2017

La Fundación Botín comunica el Fallo de las Becas de Artes Plásticas y de Comisariado de Exposiciones y Gestión de Museos


La Fundación Botín comunica el Fallo de las Becas de Artes Plásticas y de Comisariado de Exposiciones y Gestión de Museos
La Fundación Botín ha compartido el Fallo de la XXV convocatoria de Becas de Artes Plásticas. Ocho artistas serán los beneficiarios de este programa, que también ha otorgado dos nuevas becas y dos prórrogas para la formación especializada en Comisariado de Exposiciones y Gestión de Museos.
En el caso de la convocatoria de Becas de Artes plásticas, este año se recibieron 531 solicitudes. El jurado compuesto por Ferrán Barenblit, Suzzane Cotter, Sandra Gamarra y Juan Ugalde, seleccionó los siguientes becarios, destacando el interés de los proyectos y la importancia que esta ayuda tendrá en sus trayectorias:
  • Fernando García García (Madrid, 1975).
  • Cristina Garrido (Madrid, 1986).
  • Celia Irina González (La Habana, Cuba, 1985).
  • Fermín Jiménez Landa (Pamplona, 1979).
  • Rosell Meseguer (Alicante, 1976).
  • Shirin Sabahi (Teherán, Irán, 1984).
Respecto a las dos becas destinadas a españoles menores de 30 años con traslado al extranjero, para formación en el Royal College de Londres, se adjudicaron a:
  • Nora Aurrekoetxea (Bilbao, 1989).
  • Blanca Ulloa (Madrid, 1991).
La fundación presidida por Javier Botín informó que en cuanto a la XIII convocatoria de Becas de Comisariado de Exposiciones y Gestión de Museos, el jurado compuesto por Paloma Botín, Manuela Mena, Mª José Salazar y Vicente Todolí, han decidido otorgar las ayudas a:
  • Cristina Herraiz Peleteiro (Madrid, 1992), para su formación en Goldsmiths (University of London).
  • Pablo Luis Álvarez Fernández (León, 1991), para su formación en Royal College of Art de Londres.
Según informó esta fundación que promueve el arte, las Becas de Artes Plásticas son un programa que opera desde 1994 y va dirigido a artistas de cualquier nacionalidad con el objetivo de apoyar la formación, investigación y realización de proyectos personales en el ámbito de la creación artística (no trabajos teóricos). Se convocan ocho becas, de las cuales dos se dirigen prioritariamente a artistas españoles menores de 30 años que quieran trasladarse al extranjero a expresar su talento y creatividad.
La beca tiene una duración de 9 meses y comprende una dotación económica de 23.000 euros. Hasta la fecha, 184 artistas han recibido esta ayuda.
Esta fundación en Cantabria también promueve dos Becas en el extranjero para la formación especializada en Comisariado de Exposiciones y Gestión de Museos. Estas ayudas permiten a los seleccionados continuar su formación en el extranjero con el fin de obtener una capacitación profesional en la teoría y las técnicas relacionadas con la gestión de museos y la organización de exposiciones de una manera integral (curatorial studies). La dotación de estas becas comprende 18.000 euros.
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La Tate Modern concita en Londres el arte en la era del "black power"

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Londres, 11 jul (EFE).- El museo Tate Modern de Londres ha presentó hoy la exposición "El alma de una nación: el arte en la era del 'black power'", en la que se muestra el trabajo de más de sesenta artistas afroamericanos entre los años 60 y 80 en Estados Unidos, durante el periodo del Movimiento por los Derechos Civiles.
El comisario de la exposición, Priyesh Mistry, señaló a Efe que el objetivo de esta exhibición, que se abrirá desde mañana al público y hasta el 22 de octubre, es entender "cómo los artistas dieron forma y salida a los cambios sociales y políticos" de ese momento frente a los problemas raciales.
El movimiento "Poder Negro" dejó imágenes inspiradoras de líderes políticos como Malcom X, Angela Davis o el trabajo abstracto dedicado al legado de Martin Luther King; fotografías y pinturas de iconos de la música como Aretha Franklin y figuras del deporte como el boxeador Muhammad Ali.
También se puede ver material de archivo como imágenes de arte callejero y carteles del movimiento negro, y el trabajo del antiguo ministro de Cultura de las Panteras Negras Emory Douglas, en el periódico 'The Black Panther'".
Entre las pinturas destacadas está el homenaje a Malcolm X por Jack Whitten, quien fue galardonado con la Medalla Nacional de las Artes por el expresidente de EE.UU. Barack Obama en 2015, y que se muestra al público por primera vez.
"Es un trabajo diverso y complejo, con referencias a la cultura africana y profundiza en la identidad negra de una manera creativa", dijo Mistry, a lo que añadió que tanto el arte abstracto como el más concreto desvelan la intención política del movimiento.
La exposición comienza con la historia de "Spiral Group", un colectivo de Nueva York que se preguntó cómo los artistas negros debían relacionarse con la sociedad americana.
A partir de ahí, otros como David Hammons, Sam Guilliam, Melvin Edwards, Betye Saar, Jack Whitten o William T. Williams han acercado su trabajo a la capital británica, en una muestra donde, en palabras de su comisario, se espera a "un público diverso".
Mistry consideró importante "llevar a todo el mundo" estas creaciones poco conocidas y "siendo conscientes de que estos artistas estuvieron al mismo tiempo y en el mismo lugar que, por ejemplo, Andy Warhol" sin que trascendiera su presencia.
No obstante, añadió que a día de hoy la situación para los artistas afroamericanos ha cambiado, ya que su trabajo "se aprecia más que antes", y pueden exponer en galerías y museos, cuando "antes no tenían la oportunidad de hacerlo como lo hacían sus compañeros".
Después de su presentación en la Tate Modern, que está acompañada por un programa de charlas y conferencias, "Alma de una Nación" estará en el Museo de Arte Americano Crystal Bridges, en Bentonville, Arkansas y en el Museo de Brooklyn, en Nueva York.
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El Museo Thyssen no logra borrar su pasado nazi


El cuadro de Pissarro en el salón de la abuela Lilly Cassirer, antes de dejar Berlín, en 1933.

El cuadro de Pissarro en el salón de la abuela Lilly Cassirer, antes de dejar Berlín, en 1933.




DOS DÉCADAS DE POLÉMICA

La Corte de Apelaciones de San Diego (EEUU) reabre el caso del cuadro de Pissarro, al considerar que el museo no ejecutó el protocolo adecuado para demostrar si la obra de arte provenía de un saqueo del ejército de Hitler.


Después de 17 años la colección del Museo Thyssen-Bornemisza no es capaz de lavar una mancha que oscurece la colección española: Rue Saint-Honoré por la tarde. Efecto de lluvia, de Camille Pissarro, de 1897. Este lunes la Corte de Apelaciones de San Diego (EEUU) ha reabierto el caso que el museo esperaba haber cerrado. El juez de Pasadena estudiará si obliga a la Fundación Thyssen a devolver el cuadro a sus dueños originales antes de que los nazis los obligaran a venderlo. El juez deberá determinar si la Fundación era conocedora del origen de la obra cuando la adquirió.
En 1939, los nazis forzaron a Lilly Cassirer a “venderles” (por 360 dólares y un permiso para huir de Alemania) la pintura, que 43 años después adquirió por 275.000 dólares el barón Hans Heinrich Thyssen-Bornemisza (1921-2002). Este fallo revierte la decisión del juez John F. Walter de Los Ángeles, que determinó hace dos años que la obra pertenecía al museo madrileño y que era la ley nacional española la que debía determinar la titularidad sobre el cuadro.
Carmen Cervera junto al cuadro de Pissarro.

Carmen Cervera junto al cuadro de Pissarro. Efe
En 1943, la Gestapo subastó la pintura. En 1958, el Gobierno alemán reconoció la propiedad de Lilly Cassirer, que fue indemnizada con 60.000 euros por el expolio. El Gobierno alemán le reconoció sus derechos sobre la pintura. En aquel momento se desconocía el paradero de la obra y se creía destruida. Pero en el año 2002, y amparado por la Conferencia de Washington sobre las confiscaciones de arte nazi de 1998, Claude Cassirer, nieto de Lilly, reclamó al reino de España y a la Fundación Thyssen la devolución de la pintura. La obra descansaba en el Palacio de Villahermosa como parte de la colección adquirida por el gobierno español por 350 millones de dólares, en 1993.
España se opuso a la petición y desde entonces los Cassirer han demostrado un fondo inagotable para consumir todos los recursos jurídicos posibles.
Judíos contra el Thyssen
Ahora, el tribunal norteamericano asegura que el museo no ejecutó el protocolo adecuado para demostrar si la obra de arte provenía de un saqueo nazi. Los nietos de Lilly, David y Ava, mantienen que el Museo Thyssen no quiso ver una etiqueta “desgarrada” en la parte posterior de la pintura, en la que se podía leer: “Berlín”, con la dirección de los miembros de la familia Cassirer. En un comunicado oficial, los Cassirer explican que están “muy contentos con la decisión de la Corte. “Esa etiqueta en la parte posterior es una prueba inequívoca de que España y el museo sabían que la pintura fue saqueada por los nazis”.
Pero en el caso ha entrado un nuevo jugador en contra de los intereses españoles: la Comunidad Judía de Madrid y la Federación de Comunidades Judías de España, representadas por Bernardo M. Cremades, Jr. del despacho B. Cremades & Asociados en Madrid, se personaron en el procedimiento de apelación como terceros interesados (amicus curiae) para contribuir a la devolución del cuadro a la familia Cassirer.
Esta parte considera que el juez de distrito no debió declarar la prescripción adquisitiva del cuadro porque el artículo 1956 del Código Civil español dispone que "las cosas muebles hurtadas o robadas no podrán ser prescritas por los que las hurtaron o robaron, ni por los cómplices o encubridores, a no haber prescrito el delito o falta, o su pena, y la acción para exigir la responsabilidad civil, nacida del delito o falta".
A pesar de ello, el abogado de la Fundación Thyssen, Thaddeus J. Stauber, asegura al hilo de la sentencia de la Corte de Apelaciones de San Francisco que están satisfechos de que el tribunal “haya reconocido que es la ley española la que establece la propiedad legal de la Fundación”. “Como el Barón Thyssen-Bornemisza adquirió la pintura de buena fe en 1976 y la Fundación, a su vez, adquirió la pintura de buena fe en 1993 -donde ha estado siempre expuesta al público- seguimos confiando en que la propiedad de la pintura de la Fundación será confirmada una vez más”, añade.

Compromiso incumplido 

La familia siempre ha llamado la atención sobre la negación de la devolución, cuando en las últimas dos décadas, tanto museos como particulares de todo el mundo han devuelto el arte incautado por el ejército alemán. Los Cassirer ya han anunciado que van a luchar hasta el final y tanto David como Ava se niegan al pago de una compensación. Quieren el cuadro.
A la familia le cuesta creer que un coleccionista de arte de su categoría desconociera la procedencia ilegítima de la maravillosa obra de Pissarro. Además, España firmó los acuerdos de Washington de 1998, en los que se aclara que los países incluidos se comprometerán a devolver el arte robado por los nazis y a facilitar soluciones a las disputas sobre propiedad. Para los Cassirer, España está incumpliendo su compromiso.

Un cuadro en Wikileaks

El contencioso Pissarro quedó grabado en los archivos de Wikileaks. El 17 de junio de 2005, salió un cable de la embajada norteamericana de Madrid, cuyo destino no aparece reflejado. Un enviado especial norteamericano para asuntos relativos al Holocausto se encuentra con la enviada española de asuntos judíos. Ambos debaten sobre la reclamación de Claude Cassirer.
A lo largo de la documentación descubierta por Wikileaks se evidencian los tiras y aflojas entre los EEUU y España por este asunto. Los ministros de Cultura Carmen Calvo, César Antonio Molina y Ángeles González Sinde se ven envueltos en la polémica. El enviado norteamericano presiona para resolver la disputa sin llegar a tribunales. Pero su homóloga española le explica que la solución no va a ser fácil. Anota que el museo quiere retener la pintura en su colección y que el proceso legal será largo. Y apunta que el sistema judicial norteamericano no tiene jurisdicción en este caso y que se aplicarán las leyes españolas porque el cuadro radica aquí.
Entonces entra en escena el ministro César Antonio Molina, que comunica al embajador que quiere reunirse con la familia en EEUU para resolver el asunto de una vez. El embajador norteamericano se sienta con el entonces ministro de Cultura, el 2 de julio de 2008, en plena tormenta del cazatesoros Odissey. Pero el embajador descubre una solución insólita: a pesar de que el Odissey y el Pissarro son dos cuestiones legales distintas, se podría hacer lo posible para resolver ambos asuntos de una manera que favoreciera la relación bilateral.

Las cloacas del arte

El embajador estaba proponiendo al ministro un canje: el Odissey por el Pissarro. Pero Cesar Antonio Molina aclara que esa no es la opción ni el camino. Molina, fiel a su voluntad volcánica, advirtió que nadie puede devolver la pintura sin un procedimiento legal.
Dos años más tarde, el embajador se reúne con Ángeles González-Sinde y le pide el cuadro. Los responsables que acompañan a la ministra adelantan que en el Estado español está prohibido deshacerse de propiedades u ofrecer compensaciones. Y el embajador: “Busque soluciones”, porque la compensación por el robo, reconocida por el gobierno alemán, demuestra que la propiedad original del cuadro es innegable.

Después de reprochar a la ministra ignorar la firma de la carta de Washington (“España firmó las declaraciones de principios, pero posee una pintura que los nazis obligaron a su propietario original a vender”), el embajador le pregunta a González-Sinde qué evitaría que España jugara este proceso “fuera de los procesos legales”.

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http://www.elespanol.com

Museo Franz Mayer celebra con arte relación México-Japón

Museo Franz Mayer celebra con arte relación México-Japón. FOTO: @JapanEmb_Mexico
La exposición reúne más de 300 objetos de colecciones privadas y del propio recinto
En 1897, Porfirio Díaz y el Vizconde Takeaki Enomoto celebraron un acuerdo para instalar una colonia japonesa en el país. Esa colaboración entre ambos gobiernos implicó la entrega de 65 mil hectáreas de tierras a los colonos provenientes del país del sol naciente para que se asentaran en Escuintla, Chiapas, y prosperaran en esa parte del sureste mexicano. Aunque ese proyecto no progresó como se planteaba, marcó el inicio de la migración de japoneses a México y a toda Latinoamérica.
Este 2017 se celebran los 120 años de ese momento histórico y para festejarlo, el Museo Franz Mayer, en colaboración con la Embajada de Japón en México y otras asociaciones civiles, presenta una exposición que incluye un amplio programa de actividades que acercarán al público a la cultura nipona y a su influencia en el país.
Titulada Iroha. Diálogos en el arte. Japón-México reúne más de 300 objetos de la colección del Museo Franz Mayer y de colecciones privadas que recuerdan ese primer asentamiento, conocido como Colonia Enomoto, así como la estrecha relación que desde entonces existe entre ambas culturas. La muestra, explica en entrevista Karina Ruiz, del área de Investigación y curaduría del Museo, incluye una serie de piezas que dan cuenta de ese lazo cultural a través del arte, la historia, la gastronomía. Hay desde katanas y armaduras antiguas de samuráis, hasta obras de arte contemporáneas y una ambientación para la ceremonia del té, “que es una tradición muy importante en Japón y que vale la pena resaltar porque fomenta el encuentro entre culturas, pues a la ceremonia del té todos son bienvenidos”.
Según El Universal, algunas piezas muestran los puntos en común entre ambas culturas. “Tenemos vajillas de porcelana, así como objetos utilitarios de lacas, que son tradiciones que se desarrollaron en ambos países”, refiere la curadora.
Dividida en cuatro secciones, la muestra también incluye obras de artistas del siglo XX, como Luis Nishizawa; además de esculturas, fotografías y video de artistas contemporáneos.
La primera parte, “El primer samurái en México”, recuerda el comienzo de las relaciones entre México y Japón en 1614, cuando arribó a Acapulco la primera misión diplomática japonesa liderada por el samurái Tsunenaga Hasekura. Esa sección está dedicada a los samuráis y a explicar el simbolismo de sus armaduras, comenta la curadora. “Paralelismos” presenta la ambientación de una ceremonia del té, mientras que “Migración Enomoto y las oleadas siguientes” reúne testimonios y relatos de migrantes. Otra de las secciones está conformada por piezas artísticas de las Colecciones de la Asociación México-Japón y la Embajada de Japón en México. La exposición estará abierta hasta el 17 de septiembre.
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