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lunes, 13 de julio de 2015

El arte después del cáncer

Lily Munster es artista plástica, tatuadora profesional y bodypainter. En forma gratuita, hace tatuajes terapéuticos a mujeres que sobrevivieron a un cáncer de mama y debieron atravesar una mastectomía.
Por Mariana Carbajal
Vanesa Carrizo es, en realidad, Lily Munster, el nombre que eligió como artista plástica, tatuadora profesional y bodypainter. En su terruño, San Juan, inició dos años atrás una cruzada solidaria: ofrece en forma gratuita tatuajes terapéuticos a mujeres sobrevivientes de cáncer de mama que tuvieron que atravesar una mastectomía, para que puedan tapar las cicatrices con la belleza de sus trazos. Lily, además, tiene la cucarda de ser la única argentina elegida para formar parte de una red global, que surgió en Colorado, Estados Unidos, para conectar a tatuadores que brindan sin costo esa misma labor con las mujeres que lo necesitan en los cinco continentes. “Les ayuda a reconstruir su autoestima, a poder mirarse nuevamente al espejo. Las mujeres que disfrutan tomando sol pueden volver a ponerse una malla sin complejos. Algunas me piden que no tape toda la cicatriz para tener a la vista el testimonio de su lucha”, cuenta Lily sobre el impacto de los tatuajes terapéuticos, en una entrevista de Página/12.
Hace pocos días le tocó reconstruir la aureola mamaria de una mujer sobreviviente de cáncer de mama, a la que le habían tenido que extirpar un pecho y tenía una cicatriz que le atravesaba el pezón. Lily actúa con su arte cuando los médicos oncólogos, clínicos y dermatólogos le dan el alta definitiva a la paciente.
               
La artista plástica, de 36 años, cuenta que aprendió a tatuar cuando tenía 14, como una extensión natural de su pasión por el dibujo. “Empecé practicando sobre mi propio cuerpo. Hasta el día de hoy todos los tattoos que tengo me los hice yo misma”, destaca. Los más complicados, por ejemplo los que luce en la parte alta de su pecho, los hizo con la ayuda de un espejo. “En 1996 viajé a Buenos Aires a perfeccionarme y desde ese momento comencé a trabajar en este oficio; fui la primera mujer tatuadora en San Juan”, cuenta con orgullo.
Con su pareja y un grupo de mujeres que colaboran con ella, Lily decidió brindar sus servicios gratuitamente para tapar las cicatrices de mujeres sobrevivientes del cáncer de mama, en el marco de su proyecto Trazos de Luz.
–¿Por qué lo hace? –le preguntó este diario.
–Creo que a todos nos pasa en algún momento de nuestras vidas que sentimos la necesidad de ayudar. No sabía muy bien cómo ni cuándo, pero lo sentía como una tarea pendiente. Luego de años de trabajo en este arte me fui dando cuenta de los resultados positivos que obtenía al tratar con técnicas de tatuaje a personas con cicatrices de cirugía mayor, quemaduras, manchas, picaduras de insectos, accidentes domésticos, etc. Y luego por esas mismas cosas de la vida empecé a conocer mujeres, muy jóvenes muchas de ellas, clientas, esposas de clientes varones que habían o estaban pasando por tratamientos para combatir un cáncer de mama. Creo que ese fue el click, pero la vuelta fue que fuera una labor solidaria: los tatuajes de este tipo los hago de manera totalmente gratuita, solo dejo a decisión de la mujer tatuada si quiere donar algo para continuar y expandir este proyecto. Hay que tener en cuenta que las mujeres que han pasado por esta enfermedad, más allá de lo traumático que representa, han hecho grandes erogaciones de dinero, ya que desgraciadamente los tratamientos son costosos, hay problemas con las obras sociales y toda una problemática mucho más profunda que me fui enterando a medida que me contactaba con ellas.
Cuenta que entabla un vínculo muy especial con las mujeres que llegan a su estudio para disimular una cicatriz, por la intensidad de los relatos que ellas transmiten durante las horas que teje sus diseños con tinta y aguja. Cuenta también que está muy contenta de haber sido seleccionada por Personal Ink, para sumarla a su red de tatuadores y tatuadoras terapéuticas. P.ink es una organización que surgió a partir de la experiencia de Molly, una mujer de Colorado, Estados Unidos, que atravesó un cáncer de mama y tuvo que ser sometida a una doble mastectomía, y para cubrir sus cicatrices recurrió a un tatuador. Y se le ocurrió que podía ayudar a otras mujeres con la misma problemática, conectándolas con tatuadores que brinden el mismo servicio gratuitamente. Entonces, con otras sobrevivientes de cáncer de mama creó una ONG. Y empezaron a ubicar tatuadores que quisieran ser parte del proyecto.
Los trabajos de Lily pueden verse en su Facebook Cuerpos Pintados. Y tiene otro grupo de FB específico de tatuajes terapéuticos que es Trazos de Luz.
–¿Qué le produce, qué le hace sentir, la posibilidad de ayudar a las mujeres a embellecer esas cicatrices?
–Es una multiplicidad de emociones, muy difícil de explicar. Como mujer, principalmente siento empatía; me sería imposible no ponerme en la piel de esas mujeres luchadoras, y por otra parte, no puedo dejar de pensar que es un mal que desgraciadamente nos puede tocar a cualquiera; desde este lugar pongo mi pequeño granito de arena. Como artista me da una gran satisfacción transformar de manera pragmática la idea que se tiene sobre el arte, quiero decir con esto que muchas veces cuando se nos mira a los artistas, uno recibe opiniones que dan la idea como que trabajamos con lo intangible. Si bien esto es cierto, también podemos aportar cosas tangibles como esta propuesta, y lo más importante, que puede mejorar la vida de esas mujeres.
El guitarrista Edelmiro Molinari, pionero del rock argentino, con bandas como Almendra y Color Humano, les permitió a Lily y sus colaboradoras de Lazos de Luz utilizar su tema “Teta de Amor” como emblema del grupo. “Lo de Edelmiro es una satisfacción personal que me da esta labor. Nosotros escuchamos su música desde hace mucho, somos muy fanas de Color Humano, sobre todo mi hijo Dago, que hoy tiene 5 años y los escuchó desde la panza. Un día mi pareja me dice: ‘Escuchá esta canción de Edelmiro, ¿no te parece una hermosa canción para el grupo?’. La escuché y me pareció tan dulce, tan llena de luz y vida que me conecté con Edelmiro por Facebook y le comenté de mi labor. Con la humildad que solo tienen los verdaderos grandes me comentó que le parecía estupendo lo que hacíamos y me cedió su canción”, cuenta Lily y se ilusiona con que el músico pueda ir a tocar algún día a San Juan.
Una de sus colaboradoras es María, de 37 años, madre de cuatro hijos. Ella se operó por un cáncer de útero. “La conozco desde hace tiempo porque ya se había tatuado varias veces conmigo. Nos hicimos amigas. Tiempo después me contó de su enfermedad y de la cirugía que le había dejado una cicatriz con la cual no se sentía cómoda. A pesar de conocerla hacia tiempo, esto yo no lo sabía, con lo cual también me pude dar cuenta –y me ha pasado en varias ocasiones– de que a las sobrevivientes de un cáncer se les hace difícil hablar del tema: pero una vez que lo pueden poner en palabras es liberador y sobre todo, como me decía María, les enseña a ver la vida desde otra perspectiva”, dice Lily. Lo que María le contó sobre su tratamiento oncológico, su lucha junto a su familia –“porque esta enfermedad afecta a todo el grupo familiar”, apunta Lily–, y la experiencia de otras chica compañeras de habitación del hospital que tuvieron que batallar solas porque fueron abandonadas por sus parejas cuando se enteraron de que tenían cáncer, terminó de movilizarla para pensar en su proyecto solidario.
–¿Qué ponen en juego las mujeres cuando eligen un diseño para cubrir una cicatriz?
–Entran en juego muchas variantes, pero diría que lo que más pesa es de índole emocional. Las mujeres sobrevivientes buscan de alguna manera contar su historia, o algo que las defina como personas a través del tatuaje: ese es el gran desafío que emprendemos juntas, captar todo ese cóctel de emociones, vivencias, expectativas, para que esa mujer lo lleve en su piel por toda su vida. La diferencia con otros tatuajes tiene que ver con la historia tan fuerte que lleva atrás un diseño como este. A mí me toca interpretar ese deseo. Si bien ese trabajo de interpretación siempre lo hago, ya que personalmente no trabajo con catálogo, sino que hago diseño a pedido, en el caso de una mujer sobreviviente la labor es mucho más compleja, porque hay una mezclas de emociones, alegría, pero también recuerdos amargos de una dura lucha, en otros caso también la perdida de compañeras de lucha, por así llamarlo, que no pudieron derrotar a la enfermedad. Y todo representa un trabajo muy arduo, pero enriquecedor. Yo siempre le digo a estas luchadoras que si bien soy yo la encargada de poner la tinta en su piel, solo soy un instrumento para que ellas puedan plasmar su historia de vida en su propia piel.
–¿Cómo impacta en esas luchadoras, como usted dice, la posibilidad de cubrir sus cicatrices con un tatuaje?
–En principio está buena la mención de la palabra posibilidad en la pregunta. Con esta palabra ya nos estamos proyectando hacia adelante y eso es algo importantísimo para las mujeres que están en esta lucha. Digo esto estoy en contacto no solo con sobrevivientes del cáncer, sino también con chicas que están en tratamiento y que me dicen que cuando terminen se van a tatuar conmigo. Uno a veces no le da importancia, pero es increíble la fuerza del motor de la esperanza. En cuanto a la calidad de vida, para ellas el cambio es muy importante, según lo que me cuentan: tiene que ver con una reconstrucción de su autoestima, es poder mirarse nuevamente al espejo. Es un cambio en lo cotidiano, por ejemplo, en algunas mujeres que les gusta tomar sol por, poder ponerse una malla sin complejos; otras por ejemplo deciden no taparse completamente su cicatriz porque quieren dejar también un testimonio de la dura lucha ganada. Cuento un caso concreto, si bien no tiene que ver con una cicatriz del cáncer de mama, sino con una cirugía de columna. Esa señora, hace unos veinte años aproximadamente, había sido operada y tenía una cicatriz que la hacía sentir realmente incómoda. La tapamos con un tattoo y cuando terminamos la sesión me dijo que iba organizar una cena en su casa con familiares y amigos para mostrarlo. De eso se trata, de mirar hacia adelante, y tratar que las mujeres se sientan bien consigo mismas, es dar un poco de luz a su vida; también es por eso el nombre de nuestra labor solidaria “Trazos de Luz”.
Fuente
http://www.pagina12.com.ar



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