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lunes, 7 de mayo de 2018

Les opinions gràfiques del dissenyador Jordi Duró.



                                    La rabiosa actualidad

El argumento de El nombre de la rosa de Umberto Eco se sitúa en un monasterio en 1327 y gira en torno a un volumen prohibido y oculto a una biblioteca secreta: el segundo libro de la Poética de Aristóteles , que el filósofo dedica a la comedia como género de sátira y ridículo. La tradición católica nunca ha visto con buenos ojos la pérdida de los "valores serios" y desconfía de las artes que pretendan joder marcharse del muerto y de quien lo vela. Reírse de los dioses, y no digamos de los hombres y de las mujeres respetables, supone un sacrilegio peligroso en todas las épocas. Desde siempre, los jerarcas civiles, militares o eclesiásticos no han digerido muy bien las acciones de indisciplina que atentaran contra el statu quoHoy día el discurso satírico y la crítica social se han convertido en el mecanismo de defensa -y de protesta- con que algunos dibujantes y caricaturistas retratan las injusticias y azotan la piel fina de los poderes fácticos. Entre este gremio de personajes díscolos, en sospecha judicial permanente, hay humoristas que ilustran fuerte y creadores de viñetas de prensa que no se arrugan.
El diseñador Jordi Duró pertenece al grupo selecto de los grafistas con criterio indómito. Desde comienzos de la salida del diario Ahora , en noviembre de 2010, publica una sección de opinión gráfica que tiene como tema específico los sucesos de la actualidad. Después de casi una década de colaborar de manera continua, ha reunido más de 2.000 imágenes que exploran todas las técnicas y recursos adquiridos en su dilatada experiencia profesional. Admirador de la libertad creativa de figuras históricas como Ricard Giralt-Miracle , Antoni Morillas y Josep Pla-Narbona, Duró resulta ser una persona transdisciplinar. Además de apasionarse le el diseño, proclama el entusiasmo por la música y no está de decir -a su web- que es un DJ terrible, confesión que haría feliz al poeta Rainer Maria Rilke , que creía que había belleza en los ángeles porque son demasiado terribles para la existencia humana. Diseñar y pinchar discos cuenta con la aprobación de los clásicos. 
Las opiniones gráficas que Jordi Duró publica en el Ahorano pretenden hacer reír en el sentido más sardónico de la palabra. Son chistes de la inteligencia que quizás inciten a esbozar una media sonrisa, pero este cincuenta por ciento de sonrisa enseguida se congela con la lucidez glacial de las situaciones que se manifiestan. Duró es inflexible en el tratamiento del concepto y de la forma. Actúa con la exactitud de un forense visual. Examina los hechos, los abre y extrae ideas y metáforas que aparecen en los ojos de los lectores del diario como cadáveres exquisitos que hacen pensar. La rabiosa actualidad está tratada sin rabia, sin rencor, con asepsia, con la distancia justa de quien se permite observar las cosas sin involucrarse en exceso. Los tortazos del humor paródico se permutan por las estrategias sofisticadas del arte contemporáneo.
Decía Voltaire que la historia de los acontecimientos insignes del mundo no es más que la historia de los crímenes cometidos. Jordi Duró parece estar de acuerdo -en algunas obras- con este juicio. Historia Universal los episodios de los tiempos pretéritos se leen en un libro grueso que mana con la sangre de las víctimas. La ilustración de Derechos Humanos muestra una etiqueta dañada de embalaje donde pone "frágil" y la carnívora especie vegetal del dibujo de Memoria histórica crecen las calaveras de los desaparecidos. Una violencia sin legitimidad instala también en Instrumentalización de la justicia . Duró siluetea dos personajes de una pintura negra de Francisco de Goya (Duelo a garrotazos ), los superpone encima de un color plano y cambia los palos de los contendientes por una maza de juez. Una técnica de refrito gráfico, típica del pop art . La lucha a muerte que se produce entre los dos hombres, en el paraje desolado de la injusticia, queda remarcada por el vacío sin esperanza del fondo liso. Pocas veces la síntesis funciona con tanta elocuencia.
El turismo masivo constituye un tema de crítica para nuestro diseñador. La imagen de Barcelonalàndia horroriza. Los icónicos losetas de los pavimentos de la ciudad extravían un par de pétalos de su flor y se transforman en las orejas y el morro del Mickey Mouse. La urbe se despersonaliza más que ayer y menos que mañana. Deja de tener ese carácter cosmopolita, pero no adocenado, que la caracterizaba. Se ha convertido en un parque temático de hoteles, comercios de lujo y restaurantes carísimos. Con una ganadería de extranjeros que hacen recorridos estándares y circulan por los lugares y los monumentos como si fueran decorados de cartón piedra. La obra Modelo turísticocompleta esta idea de espectáculo frívolo dirigido sólo a los visitantes. La "B" de Barcelona, de nuevo con las orejas del ratón Disney, se realza encima de la carátula de la serie de dibujos animados Merrie Melodies (la famosa Fantasías animadas de ayer y hoy ). Jordi Duró percibe la Barcelona actual como una fantasía fundada por el beneficio de los sectores económicos de siempre. Una ciudad que de vez ponerse guapa provoca desajustes en el precio de los pisos.
La crónica política protagoniza una parte de estas opiniones gráficas. La Marca España se presenta con una "E" estructurada con trece signos de prohibición: infortunio para los demócratas y los supersticiosos. Promesas los candidatos electorales debaten con cabeza de globo su programa hinchado, que tras los comicios perderá el aire de los cambios y se pinchará con la aguja de los incumplimientos. Otras viñetas relatan las consecuencias trepanadores del 155 o la mala praxis periodística. Ataques envenenados patente que la pluma de la postveritat, cruce de utensilio estilográfica y de serpiente mortal, es un híbrido del siglo XXI que pica sin misericordia. La pobreza en los servicios públicos por culpa de los recortes también recibe las hábiles ironías de Jordi Duró. elcollage de Sanidaddescribe un paciente, tumbado en una cama invisible, que se tapa con una humilde tirita. El apósito adhesivo encima del cuerpo evoca la mortaja de un difunto. Asistimos al entierro de los recursos sanitarios, a las pompas fúnebres de lo que antes era la seguridad social.
Dentro de un entorno inseguro con respecto a las coberturas médicas y al equilibrio jurídico, el homo smartphone avanza por rutas de asfalto o tierra sin levantar la vista de la pantalla. El animal bípedo no esconde las adicciones electrónicas, aunque el salario o la pensión sean indignos. De improviso, quiere saber dónde está. No contempla el paisaje que la rodea, no estira el cuello y se pone erecto para distinguir las lejanías, como los homínidos primigenios en la sabana africana, sino que busca su lugar en el mundo con la ayuda del Google Maps . El mapa por satélite, con supuesta exactitud, se lo concreta: Usted está aquí . Respuesta con que Duró titula una de las alegorías visuales editadas por el AhoraEstamos en la foto de un acantilado marítimo. Al borde de la gran caída libre, hay el icono de geolocalización. El abismo espera a escasos metros. Precipitarse se o no dependerá de si dejamos de mirar el móvil.



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