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domingo, 8 de noviembre de 2015

Cosas que contaría a un joven que quisiera estudiar arte

Francisco Pérez Valencia durante su conferencia en la Academia de San Dionisio.

Francisco Pérez Valencia pronuncia una conferencia en la Real Academia de San Dionisio de Ciencias, Artes y Letras.
Francisco Pérez Valencia, profesor, pintor y director de la Universidad Emocional disertó el pasado martes en la sede de la Real Academia de San Dionisio, en la calle Consistorio. Su intervención forma parte del ciclo de conferencias dedicadas a las artes plásticas, coordinado por Bernardo Palomo. El próximo martes día 10 de noviembre la charla versará sobre Reflexiones en torno al lenguaje creativo, a cargo de Carmelo Trenado Tormo, profesor de Bellas Artes en la Universidad de Granada.
La presentación fue realizada por el coordinador del ciclo, el crítico de arte Bernardo Palomo. En la introducción resaltó que la Real Academia es el marco adecuado para reflexionar sobre el arte contemporáneo, sobre las dudas y preguntas que genera y sobre las nuevas experiencias estéticas que nos propone. Las conferencias nos invitan a tener la conciencia abierta a todo, para contemplar las obras con inteligencia, con mirada crítica. El arte contemporáneo exige almas limpias y dispuestas, almas con la suficiente perspicacia como para no dejarse llevar ni por los criterios descabellados ni por el rechazo frontal a las nuevas tendencias.
"El papel en blanco era mi universo. Me di cuenta de que dibujar era una forma de estar en el mundo"
Bernardo Palomo nos hizo un esbozo que refleja muy bien la vitalidad creativa e intelectual de Francisco Pérez Valencia, artista de Sanlúcar. Estudió Bellas Artes en Sevilla. Allí Paco Molina le enseñó todos los secretos del arte y la museografía. Ha diseñado más de 70 exposiciones y planes museográficos de colecciones, como la de Luis Gordillo, Iceberg Tropical, en el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, en 2007, la muestra más valorada del año por la crítica especializada. También ha colaborado con el arquitecto Guillermo Vázquez Consuegra en proyectos como el puerto de Ayamonte, en el Museo del Mar y la Navegación de Génova, en el Palacio de Justicia de Ciudad Real, en la rehabilitación del Palacio de San Telmo de Sevilla y en el proyecto para viviendas sociales en Rota, Premio Europeo viviendas Sociales. Es coautor del Plan Museográfico del Museo Arqueológico de Sevilla. Ha sido durante diecisiete años director-conservador de la colección Cajasol. Ahora es codirector del posgrado El espacio expositivo en el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona y del posgrado El espacio efímero en la Ciudad de México. Es profesor de Teoría del espacio y del objeto y representación en la Escuela de Massana de Barcelona. En 2010 crea la Universidad Emocional: Investigación, Arte e Innovación. Ha publicado numerosos ensayos sobre museografía, como Manual de exposición sensitiva y emocional La insurrección expositiva.
La conferencia de Francisco Pérez Valencia nos transmitió su amor por el arte y la creación. Todo comenzó cuando el hijo de unos amigos le pidió consejo porque quería estudiar arte. Responder le situó ante un espejo. Recordó cómo había llegado a ser lo que es. La primera sensación de libertad brotó con algo sencillo: la cartulina blanca que le regalaban sus padres los sábados para pintar, uno de los mayores placeres. En ese espacio en blanco podía ocurrir cualquier cosa. La seducción de la creación plástica: “El papel en blanco era mi universo. Me di cuenta de que dibujar era una forma de estar en el mundo”.  Nos explicó cómo aparecieron esos deseos por transformar la realidad que le han acompañado desde entonces: “Dibujar me otorgaba poder. La gente me miraba”. Recuerda al profesor que les hacía cerrar los ojos a media tarde para imaginar, para soñar, y “es algo que sigo haciendo hoy, ahora que soy profesor”. Otro profesor, en 5º de EGB, le preguntó si era consciente de que los artistas podían cambiar el mundo. “Yo le creí apasionadamente”.
Ha gozado un día tras otro tratando de trazar líneas horizontales, buscando imposibles, todo su talento al servicio de muchas horas en el estudio. Es cuando más artista se ha sentido: “Lo único que me aferraba al mundo era la punta de un lápiz. Dibujar es soñar en voz alta”.        El tiempo es un depredador inexorable: no podemos posponer nuestros sueños. El miedo bloquea nuestras mejores decisiones. Y hay que ser conscientes de lo que podemos perder si no somos valientes con nuestros proyectos.
En Barcelona le esperan 70 almas libres, que desean soñar a cambio de nada. En primer lugar les habla del mundo, del contexto. “Cada año pregunto si alguien me puede decir cómo cambiar el mundo: silencio brutal. Sin embargo, hice la misma pregunta en una guardería y todos querían hablar, contar sus ideas”. Como profesor, Francisco Pérez Valencia reconoce que ese silencio nace del miedo. Por eso les recuerda el poder de la creación.
¿Cómo saber si es nuestro camino? Si no se ama lo que uno hace, si no sale de las entrañas, no es lo tuyo. Amor y felicidad son materias obligatorias para el verdadero artista. Ese deseo profundo es insustituible. Estudiar Arte abre un mundo infinito de posibilidades. El placer de crear cada tarde en el estudio está por encima de las ventas, de las galerías y de los premios. Estudiar Arte es demostrar a los demás que volar es posible. No hacen falta grandes recursos: un bloc de dibujo es suficiente, un soporte para contar inmensidades. Por eso tienen una asignatura, pensamiento gráfico, que consiste en pintar sin materiales. “Hoy hemos trabajado la fortaleza del soporte: hemos escuchado a nuestros papeles, los hemos acariciado, los hemos doblado, les hemos hecho daño, los hemos oído. No se imaginan la cara de sorpresa de los alumnos…”
El privilegio de trabajar a cambio de nada… Todo lo que ocurre en el estudio sólo te pertenece a ti. Cuando cierras las puertas del taller todo es posible. Lo que mostramos en el museo es sólo el poso de aquellos caminos transitados en el estudio, donde te sientes dueño del mundo. Hay que ser capaces de resumir nuestro proyecto vital en veinte segundos. El arte tiene sentido si sirve a los demás. El viaje del artista es un viaje lleno de peligros, una aventura que sólo promete riesgos, experiencias, anhelos, pero también la inmensa felicidad de contemplar una obra recién pintada. “No he conocido demasiadas personas que se emocionen con lo que hacen, salvo en las escuelas de arte”. Necesitamos, creadores, embaucadores. Necesitamos gente que quiera ser feliz, frente a la obra, con lentitud, con todo el tiempo del mundo. Dibujar es mirar, contemplar, pensar, vivir. Que no se olvide lo que podemos hacer por el mundo.
En la página de la Universidad Emocional podemos leer varios textos de Francisco Pérez Valencia. Son textos que rezuman optimismo:
Lo que de verdad importa: Constructor de sueños
A todos. Os necesitamos. Cada uno de nosotros debe invertir en la gran familia humana.  Hacemos falta todos en este momento. Se precisa valor y el valor del arte, liderar con el ejemplo, soñar ideas, las ideas necesitan secreto, ideas originales que tengan valor para quienes nos necesitan. Llamo a todos los intelectuales, vividores, soñadores, artistas silenciosos, políticos de barro y carne, humoristas, sanadores, enamoradores, Cyranos de Bergerac, abuelos contadores de historias, educadores llenos de deshoras, a aquellos que siguen siendo niños a pesar de ser educados para ser adultos serios, a todos que sienten ternura con una palabra o que sonríen con la risa de otro. Vivimos este tiempo, el más estimulante de la historia de la Tierra, con capacidad para transformarlo, no dejemos que nadie se abata, que no nos dobleguen. Hoy, precisamente hoy, ha de ser el mejor de nuestros días.
A ti, constructor de sueños, hacedor de exposiciones, poeta del espacio imaginario, artesano emocional, generador de historias imposibles, cronista de espíritus, alentador de insurrecciones, guerrillero nihilista, bueno, sí, de una causa, una sola causa, la del placer, canalla de los barrios periféricos, superviviente de aquella época en que la Cultura importaba, cinematógrafo de las cosas que se pueden tocar, público de sus públicos, embaucador de ilusiones, aquellas que nos hacen cambiar el mundo, cantautor de esas historias que enamoraban a cualquiera que las escuchase, mago torpe, pero mago, trapecista en el Cañón del Colorado, sin red, devoto de causas imposibles, faquir de mil y una trampas, joven apasionado, viejo cansado, pero siempre lleno de vida, palabra, voz, poema y canción, soldado de ejércitos invisibles, jinete de la estepa rusa y del oeste americano, rey de dibujos animados, inventor de las sonrisas más bellas, hacedor de maquetas que no sirven para nada, doblador de papeles que parecen cosas y no son gran cosa, crítico insolvente, hablador incansable, pensador permanente, incluso cuando todos duermen, poseedor de armas nucleares, aquellas que llegan al alma, al intelecto, al corazón, al vientre, al sexo de sus espectadores, como los directores de orquestas, deseosos de saltar al foso de los músicos para coger también un instrumento, implacable consigo mismo, duro y tierno como un padre y una madre juntos, naufrago entre las sirenas de Debussy, el hombre que camina de Giacometti, ser trágico que sabe escapar de sí mismo, buscando siempre su sentido, el niño muerto de Sarajevo que Nozolino hizo inmortal, perfumista de un mundo aplicado con flor de magnolia, pimienta rosada y esencia pura de jazmín sambac y osmanto, el que se rinde al amor, a un único amor, poseedor del poder de los sentidos, los del hombre y los de la Naturaleza, sutil como el viento suave, suave como la luz verde, río imparable, animal salvaje y domador de leones, de los que metían la cabeza en la boca y aquella desaparecía del cuerpo, encantador de pájaros, roedores, cocodrilos y serpientes.
A ti, feliz por ser como eres, con la profesión más bonita del mundo. Ayúdanos a construir de nuevo este mundo, por los que están, por los que vendrán.
Fuente
http://www.lavozdelsur.es

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