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martes, 1 de marzo de 2016

Artistas en residencia: cambiar de ciudad para inspirarse más

A través de becas y programas especiales, jóvenes creadores de distintos lugares del mundo coinciden en Buenos Aires por un tiempo para desarrollar su obra; comparten taller, experiencias y tejen redes

GUSTAVO NIETO, 40 años, Tucumán'No hablamos el mismo idioma, pero trabajando en el mismo espacio sentí que algo nos unía. Hay algo muy familiar en la manera de producir arte contemporáneo... Entrás en otro tiempo'

GUSTAVO NIETO, 40 años, Tucumán'No hablamos el mismo idioma, pero trabajando en el mismo espacio sentí que algo nos unía. Hay algo muy familiar en la manera de producir arte contemporáneo... Entrás en otro tiempo'.Foto:Fabián Marelli

Clara Imbert nació en París, vive y trabaja en Londres, y pasó el último mes fotografiando a los vecinos de Villa Crespo. Después distribuyó copias de los retratos por las calles, para que sus "modelos" puedan encontrarse a sí mismos barriendo la vereda o cuando salen del supermercado. Durante su estadía como "artista en residencia" hizo una instalación con marcos y bastidores, pero también ganó amigos, recorrió la ciudad y, sobre todo, creó redes.


Como ella, cada vez son más los artistas jóvenes que cambian de ciudad para inspirarse: extranjeros que eligen Buenos Aires, o también que llegan de las provincias a pasar una temporada en la gran ciudad. Incluso porteños que buscan aislarse en entornos naturales. Las residencias crecen en número y variedad para ofrecer lugares donde trabajar y a veces también donde dormir. Pero sobre todo dan la posibilidad de salirse de contexto, concentrarse en una obra las 24 horas del día y enriquecerse con la mirada del otro, al salir de la soledad del taller propio. Después, quedan vinculados en una comunidad global de artistas en tránsito, donde prima la generosidad. Hoy por ti, mañana por mí.

En La Ira de Dios comenzó hace un año el programa por el que más de 30 artistas internacionales trabajaron codo a codo con otros argentinos. Clara compartió el espacio con artistas de Caracas, Seattle, una chica griega residente en París, un profesor de Sydney y Gustavo Nieto, tucumano, de 40 años, recomendado por el programa Yungas para una beca del Fondo Nacional de las Artes (FNA). El viernes pasado ellos tuvieron su open studio, para mostrar al público los resultados de la experiencia. El estudio permanecerá abierto durante toda esta semana.


La Ira acomoda a sus huéspedes en casas particulares de amigos y ofrece un espacio de trabajo en común. Como parte del programa, participan en actividades, visitas especiales a museos y encuentros con referentes locales. "Las convocatorias son internacionales y cuestan 900 dólares, con un mes de alojamiento, pero siempre sumamos artistas argentinos becados", cuenta Carolina Magnin, directora del proyecto junto con Pablo Caligaris.

Por su parte, URRA, que lleva seis años funcionando en la ciudad con sedes temporarias en el Distrito de las Artes, está de fiesta: pasado mañana inaugurará su primer edificio dedicado solamente a residencias de artistas. Aliado frecuente de arteBA y con intercambios con Basilea y Londres, en su historia recibió 104 artistas de 24 países. Su nueva casa está en Tigre Sur, donde logró la combinación ideal de alojamiento y talleres en el mismo lugar. "Tratamos de que siempre sea sin cargo. Para que los artistas puedan venir, los ayudamos a conseguir becas, auspicios o padrinos acá o en sus países de origen", explica Melina Berkenwald, coordinadora de URRA, que pertenece a la Fundación Veria y recibió el edificio en comodato de la desarrolladora Nuevo Urbanismo, con intereses en la zona.


En los próximos meses se abrirá la primera convocatoria oficial, pero siempre llegan artistas fuera del calendario, como Luis Hernández Mellizo (Bogotá) y Martín Carrizo (Córdoba), que estrenan cuartos privados con sommier y aire acondicionado mientras preparan muestras y ayudan a poner a punto el edificio. "Para mí fue como una entrada al contexto artístico argentino", dice Hernández Mellizo, que va por segunda vez en URRA.


Clara Imbert, 21 años, París/Londres''El arte acá es mucho menos académico, se crean más oportunidades, y estar en una nueva ciudad es inspirador.'' Tras un mes en Villa Crespo, irá a Atacama a seguir su investigación fotográfica.Foto:Fabián Marelli

Pasaporte a la Zona Imaginaria

Otro caso es el de la artista Lucrecia Urbano, que abrió su taller para llenarlo de colegas y enriquecer a su paso a la comunidad de Villa Jardín. Cuarenta chicos de ese barrio son alumnos becados, que aprenden arte, fotografía, serigrafía, historieta, cerámica o la disciplina que enseñen los residentes, que ya suman 75 de países tan diferentes como Jordania, Taiwán y Brasil. Dar clases a sus "pequeños aprendices" es lo único que pagan por hospedarse en la casa de Zona Imaginaria, como se llama este espacio lleno de luz, flores y voces infantiles, donde se aceptan mascotas y la cocina desprende aromas exóticos. Antes, en esa calle quisieron levantar un muro para dividir San Isidro de San Fernando, y de ahí quedó el nombre. "Soy una bisagra entre un lado y el otro. El arte es un pasaporte unificador", dice Urbano.

Lorraine Green, barilochense, hizo un relevamiento de la flora de los jardines vecinos y dio un taller de acuarela. Y el brasileño Ernesto Bonato pasó horas dibujando con los chicos el barrio. Después, con sus retratos armaron barriletes y los remontaron. "Esas cosas hacen que el círculo cierre y tenga sentido el proyecto", evalúa Urbano. La solidaridad es constante: ya había taller de gráfica, prensa para grabado, horno de cerámica, llegaron pilas de papeles para usar y la artista Rosana Simonassi donó un laboratorio de revelado. "Son espacios nutritivos de encuentro con pares."

También están las residencias de R.A.R.O., que proponen a extranjeros pasar temporadas aranceladas como huéspedes en talleres de artistas locales. La relación es uno a uno. Hasta el 10 de este mes está abierta la convocatoria subsidiada por el FNA para artistas de provincias. Incluye seguimiento, registro y difusión, subsidio para materiales o transporte y una muestra final.

"Los artistas en general no se conocen, pero hubo casos en que terminan el mes haciendo trabajos en conjunto para una exposición final. Se ayudan mucho entre sí, en cuestiones de materiales y técnicas, pero también con la mirada del otro. Los grupos de WhatsApp continúan activos mucho tiempo después", retoma Magnin sobre este tipo de experiencias. "Las residencias respaldan la producción del artista desde el lugar del taller: inspiran, ofrecen un sitio de trabajo para pensar obra nueva y para interactuar con pares y nuevos interlocutores. Son espacios de creación. Salir de tu lugar de confort te obliga a revisar tu obra. Y la visita de artistas internacionales oxigena la escena", señala Berkenwald. "Conocés un lugar, te dislocás de tu espacio y encontrás lecturas de tu obra aisladas del circuito local", completa Urbano.


Martín Carrizo, 32 años, Córdoba'Lo principal es la relación con los demás artistas. Con la vinculación y el cambio de contexto, abordás tu trabajo desde otro lugar. Estás más dispuesto a la prueba'.Foto:Fabián Marelli

Si Mahoma no va a la montaña...

Raúl Flores dirige Proyecto Yungas, que hace al revés: instala la residencia por siete meses en una provincia, donde beca al 100% de los artistas participantes con aporte público y privado. Pasó por Mendoza, Tucumán, Corrientes y Córdoba fue la última edición, en 2015. Cada vez, ocho artistas son elegidos por un jurado para un seguimiento de obra a largo plazo. "El objetivo es construir una escena local", explica Flores, que como curador del Barrio Joven de arteBA promete para este mayo una edición más federal. "La universidad no te forma como artista. La formación desde hace treinta años es alternativa: por Antorchas, la Beca Kuitca o el programa de la Di Tella. Hay una diferencia entre ser Licenciado en Artes y ser artista. Y en este sentido las residencias te permiten los intercambios con profesionales que no te da la facultad", compara.

Hay más formatos de este tipo: residencias en lugares aislados, como la de Manta, en San Martín de los Andes, o la de Curadora, en San José del Rincón, Santa Fe. También existen en fábricas, como la convocatoria que acaba de cerrar el Museo Castagnino+Macro de Rosario, en la tradicional Cristalería San Carlos. "Es un intercambio de saberes y afecto hacia el trabajo manual", define la artista Marcela Cabutti, que trabajó varias temporadas en esa industria y ahora coordina las residencias en el Museo del Ladrillo de La Plata.
Cinco programas abiertos

Cómo aplicar a una experiencia de comunión creativa

La Ira de Dios

Aguirre 1029; www.lairadedios.com.ar. Se comparte espacio de trabajo en Villa Crespo con artistas de otros países. Es rentada para extranjeros y con becas para argentinos

Zona Imaginaria

Chile 3386, Victoria, San Fernando. www.zonaimaginaria.com.ar. Residencia en casa compartida, con taller equipado para revelado, grabado, horno de cerámica y más. Sin cargo, pero con intercambio de saberes con la comunidad

RARO

www.esraro.com. Trabajan en talleres de artistas asociados al programa. Es arancelada

Proyecto Yungas

www.proyectoyungas.com. Programas anuales en diferentes provincias. Los artistas son seleccionados por un jurado y becados

URRA

Ruperto Mazza 165.www.urraurra.com.ar. Con sedes itinerantes o en URRA Tigre, un edificio con alojamiento y talleres. Sin cargo, con becas o subsidios

Fuente
http://www.lanacion.com.ar

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