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miércoles, 2 de marzo de 2016

El Metropolitan hace las paces con el arte contemporáneo

Un aspecto de la exposición

                                           Un aspecto de la exposición - AFP



Tras décadas de desinterés y altibajos, el museo neoyorquino inaugura su nuevo edificio dedicado al arte moderno y contemporáneo

«Puedes ser un museo o puedes ser moderno, pero no puedes ser las dos cosas». La sentencia de Gertrude Stein hace tiempo que dejó de tener validez. Pero el Metropolitan Museum de Nueva York, el segundo más visitado del mundo tras el Louvre, es una de las grandes instituciones culturales que más ha tardado en despojarse por completo de esa idea.
Este mes se inaugura el Met Breuer, un edificio entero dedicado al arte moderno y contemporáneo. Es el colosal diseño de Marcel Breuer de los años 60, y que hasta el año pasado era la sede del museo Whitney (ahora se ha mudado al Sur, al Meetpacking District, en un nuevo edificio de Renzo Piano que mira al río Hudson).
El desembarco del Met en el edificio de Breuer -un diseño admirado y criticado, con una fachada de granito en forma de escalera invertida- está previsto que dure ocho años, mientras la sede del museo tumba el actual ala de arte moderno y construye una nueva, diseñada por el arquitecto inglésDavid Chipperfield.
La mudanza al Breuer y los planes para el nuevo edificio simbolizan el cambio de actitud frente al arte moderno y contemporáneo por parte de la dirección del Met. Hasta hace poco, el museo no había ignorado la creación más actual, pero tampoco mostró un interés serio en forjar una colección a la altura del resto de departamentos del Met. En 1970, el museo arrancó la celebración de su centenario con la exposición «Escultura y pintura de Nueva York: 1940-1970», con obras de Jackson Pollock, Robert Rauschenberg, Jasper Johns, Roy Lichtenstein o Andy Warhol. Hubo quien se frotó los ojos ante el cambio de rumbo del Met, que hasta entonces había ignorado lo contemporáneo (en 1934, todavía no tenía en su colección ninguna obra dePicasso, Gauguin, Seurat, Toulouse-Lautrec, Matisse o Modigliani). Pero fue un espejismo: el museo no compró casi ninguna de las obras de la muestra, y su colección permaneció limpia de las nuevas corrientes.
Desde entonces, ha habido intentos, poco entusiásticos, de formar una colección moderna y contemporánea consistente. Algunas donaciones y adquisiciones trajeron obras de gran calado de todos los estilos desde principios de siglo XX. El anterior director del museo, Philip de Montebello, reconocía que había que dar su peso a lo contemporáneo, ante el interés de los coleccionistas por ese arte, pero no dejó de ocultar su apatía.
Todo cambió con la llegada del británico Tom Campbell, director del Met desde 2008, hasta entonces comisario de tapices del museo, pero que se volcó en entender y reaccionar a la efervescencia del arte moderno y contemporáneo. «Me di cuenta que había mucha basura pero, al mismo tiempo, lo entendí como una especie de neo-renacimiento de la que el Met debía formar parte», dijo recientemente a The New Yorker. Él cerró el acuerdo para la cesión de la colección cubista de Leonard Lauder (iniciada por Montebello), impulsó la nueva y multimillonaria ala para arte moderno y contemporáneo y se trajo a Sheena Wagstaff, hasta entonces comisaria jefe de la Tate Modern de Londres.
Ayer, el Met Breuer abrió sus puertas para la prensa -la apertura al público será el próximo 18 de marzo- y se pudo ver una idea de cuál será la apuesta del Met para hacerse un hueco en el competido mercado del arte moderno en Nueva York: el diálogo con la historia del arte, con la muleta de la inigualable colección del Met. La gran exposición inaugural es «Inacabado: pensamientos al descubierto», un repaso del arte sin finalizar -de forma voluntaria o involuntaria-, desde el Renacimiento a nuestros días, desdeTiziano a Rauschenberg. El inicio es prometedor.
Fuente
http://www.abc.es

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