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martes, 28 de marzo de 2017

El arte esquizofrénico de Eugen Gabritschevsky.


imagen 1 de El arte esquizofrénico de Eugen Gabritschevsky.
                                         Sans titre, 1944 Aquarelle sur papier, 25 x 35 cm Collection Chave, Vence


LAUSANNE CELEBRA EL 40 ANIVERSARIO DE SU COLECCIÓN DE ART BRUT CON UNA RETROSPECTIVA DEDICADA AL ARTISTA RUSO EUGEN GABRITSCHEVSKY.

imagen 4 de El arte esquizofrénico de Eugen Gabritschevsky.
sans titre, vers 1938 Gouache sur papier, 26 x 33 cm Photo : Caroline Smyrliadis, AN Collection de l’Art Brut, Lausanne


Eugen Gabritschevsky nació en Moscú. Hijo de un célebre bacteriólogo, él mismo cursó estudios de biología, se dedicó a la investigación y logró importantes avances en el campo de la genética. Su carrera científica prometía hasta que en 1931 fue ingresado en un hospital psiquiátrico. ¿El diagnóstico?, esquizofrenia. Cuánto hubo de acertado en aquel dictamen, cuánto de desatino, el caso es que el joven investigador jamás volvió a pisar la calle. Entonces se dedicó a pintar. Todo el tiempo. Con frenesí. Para olvidar, “para no volver a ver ni escuchar la maldad de un mundo implacable”.

imagen 10 de El arte esquizofrénico de Eugen Gabritschevsky.
Gouache et crayon sur papier plié 33 x 20,5 cm Photo : Caroline Smyrliadis, AN Collection de l’Art Brut, Lausanne
Folios reciclados, páginas arrancadas a los calendarios, los reversos de circulares administrativas… cualquier trozo de papel servía a Gabritschevsky (1893-1979) para derramar su vida devastada. Un arte plagado de figuras antropomorfas y animales monstruosos. Todo muy enigmático y extraño, un coloquio de almas desterradas, de cuerpos encerrados, de muertos en vida. Como él.
Entre tanto, Jean Dubuffet —pintor, coleccionista y mecenas francés— recorría hospitales e instituciones mentales de toda Europa en busca de lo que acabó por denominar Art Brut. El arte áspero de los marginados, los dementes, los solitarios, los incomprendidos. En su periplo por las fronteras del sistema, descubrió el trabajo autodidacta de Adolf Wölfli o Heinrich Anton Müller. Fue a raíz de la correspondencia mantenida con el profesor Jakob Wycrsch (responsable médico del hospital de Waldau en Berna) que tuvo conocimiento de la obra Eugen Gabritschevsky recluido en Munich. Un alma solitaria que supo conservar, pese a los avatares de su encierro, un espíritu singularmente lúcido. Y es que el ruso supo encontrar en la pintura el consuelo para su vida truncada. Por necesidad, por voluntad, pasó medio siglo dibujando los límites de un mundo alternativo.
Con motivo del 40 aniversario de la Colección de l’Art Brut, el museo de Lausanne presenta la obra inédita de Eugen Gabritschevsky. Más de 145 obras —acompañadas de fotografías, manuscritos y documentos— ponen de manifiesto los sentimientos de un hombre que no sabía que hacía arte. O sí. Pues utilizaba técnicas diversas (acuarela, témpera, tinta, lápiz), soportes ilimitados; usaba sus dedos, esponjas y pinceles con una soltura extraordinaria. Como el color y las formas, la naturaleza, los paisajes. Esta retrospectiva presenta el conjunto artístico de una mente atormentada y compleja que dedicó su encierro involuntario a representar la muerte, el dolor, la emoción, la ironía, el alma de los elementos, la imposibilidad de ser feliz.
Hasta el 19 de febrero. Comisaria: Sarah Lombardi, directora de la Collection de l’Art Brut. Colaboración científica: Pascale Jeanneret.
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