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martes, 16 de mayo de 2017

Bienal de Venecia: una instalación alemana se llevó el premio

Bienal de Venecia: una instalación alemana se llevó el premio                              Visiantes dentro del pabellón alemán. EFE/EPA/ANDREA MEROLA

Al pabellón alemán se entra por una superficie de vidrio, debajo del que se ve movimiento. Una obra que incomoda y cuestiona.

Como en el Mundial de Fútbol, los alemanes estaban exultantes. No intercambiaron camisetas porque, en verdad, los competidores para los premios concedidos ayer por la 57° Bienal de Arte de Venecia al pabellón nacional y al artista participante, era…el resto del mundo. Por lo menos, la parte del mundo que tuvo representación en la Bienal: 85 pabellones nacionales y 120 artistas, buena parte de ellos invitado por la curadora oficial Christine Macel.
La alemana Anne Imhof se llevó el León de Oro al mejor pabellón nacional. Su instalación “Fausto”, poderosa y movilizadora, plantea preguntas al presente y pone al visitante en una situación de incomodidad. Al pabellón se ingresa por un piso de vidrio, de modo que todo lo que se mueve por debajo se ve y provoca cierto vértigo por la altura. “Fausto” no se limitó a lo conceptual, que al principio deja un poco perplejo al espectador. “Y esto qué es?”, podría preguntarse el visitante que no pertenece al mundillo del arte, a partir de este sábado en que la Bienal se abre al público. Pero las pinturas, esculturas, performances e instalaciones que dialogan con esa abstracción permiten una forma de diálogo más reconocible en la despojada y rotunda obra de Imhof.
En tanto, Franz Erhard Walter obtuvo su León de oro porque trabajó materiales originales. La obra ganadora “rindió un homenaje al lema de la Bienal, que trasciende nuestro tiempo y sugiere la mutación contemporánea de una vida transitoria”, dijo el jurado.
La Bienal, con sus cócteles exclusivos, sus exposiciones que se apropian de todos los espacios de la ciudad, sus personajes -muchos freaks, otros muchos glamorosos- viajan en los vaporetti, apiñados como inmigrantes pero con mejor suerte, de un lugar a otro, para no perderse nada.
La mención especial fue para la brasileña Cinthia Marcelle. Su propuesta artística, “Chão de caça', tomó la naturaleza edilicia del pabellón de su país como punto de partida, al que agregó dos galerías y un pasadizo. La atmósfera creada es de inestabilidad.
Claro que el todo es inabarcable, porque hay mucho arte que se exhibe en forma paralela. Desde las exhibiciones de Mark Tobey y Rita Kernn Larsen, en la Colección Peggy Guggeheim; a la de Damien Hirst en la Punta della Dogana (propiedad de Henri Pinault), a las manos gigantes de Lorenzo Quinn, una instalación sobre el Gran Canal que el artista creó justo en ca’ Sagredo, porque “las manos tanto destruyen el mundo como lo salvan”. Apoyadas sobre un edificio cuya fragilidad parecen apuntalar, las manos de Quinn resultan sobrecogedoras.
No alcanzan el tiempo ni los ojos…desde la pequeña retrospectiva a Michelangelo Pistoletto, en la bellísima iglesia Santa María della Salute, a la obra de Boetti, en la imperdible isla San Giorgio, pasando por la diversidad artística en el Palazzo Mora o el Fortuny, próximo al puente de la Accademia, es común ver en estos días, desde el gran canal, la vida que bulle en en los exquisitos edificios de la ciudad, donde se celebran recepciones de lujo.
Mientras tanto, la pregunta en el mundo del arte argentino hoy es dónde y cuándo se podrá apreciar la obra de Claudia Fontes en el país, habida cuenta de lo sugerido por la canciller Susana Malcorra. Por ahora, una incógnita a develar.
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