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sábado, 24 de marzo de 2018

Un monstruo viene a ver a Picasso

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«Figuras al borde del mar» (1931). Museo Picasso de París - SUCESIÓN PICASSO, VEGAP, 2017


l Museo Reina Sofía desvela en una exposición única el camino que le llevó a crear, hace 80 años, el «Guernica»




«Las tres bailarinas» (1925), Tate, Londres
«Las tres bailarinas» (1925), Tate, Londres- SUCESIÓN PICASSO, VEGAP, 2017

El «Guernica» como esquela del siglo XX. Es, quizá, la mejor interpretación del cuadro de Picasso. Y se han hecho unas cuantas, todas acertadas: «el Calvario moderno», «el primer antimonumento de la Historia», «el mayor alegato moral contra el terror de las guerras modernas», «un gran espejo donde la Historia moderna se descubre a sí misma en el máximo esplendor de su derrota», «la certificación de un naufragio», «la defensa universal del humanismo»... Escribe Michel Leiris:«En un rectángulo blanco y negro, tal como se nos aparece la tragedia antigua, Picasso nos envía nuestra esquela. Todo lo que queremos está a punto de morir y por eso hay que resumir todo lo que queremos, con la intensa emoción de una despedida, en algo tan hermoso que nunca podamos olvidarlo». Picasso no sólo pintó un mural para el pabellón español de la Exposición Internacional de París de 1937, sino «la gran escena trágica de nuestra cultura», una tragedia griega de dimensiones épicas que encierra tanta belleza como monstruosidad, tanto terror como piedad.
El Museo Reina Sofía celebra los 80 años del «Guernica» y los 25 de la llegada a su sede de Sabatini –pese a quien le pese, allí sigue– con una exposición de tesis que, tras años de investigación, analiza el camino, las circunstancias históricas y personales que llevaron a Picasso a crear el gran icono del siglo XX. La muestra, comisariada por Timothy James Clark y Anne M. Warger, establece la genealogía del «Guernica». Y lo hace con un apabullante conjunto de 180 obras del artista, cedidas por una treintena de prestigiosas colecciones públicas y privadas (incluida la familia Picasso). Dirigen el proyecto Manuel Borja-Villel y Rosario Peiró.

«Mujer sentada en un sillón rojo» (1929). Menil Collection, Houston
«Mujer sentada en un sillón rojo» (1929). Menil Collection, Houston- SUCESIÓN PICASSO, VEGAP, 2017

Dieciocho meses antes de pintarlo, Picasso atraviesa una crisis personal(había abandonado a Olga, su primera esposa; había tenido una hija con la joven Marie-Thérèse Walter, y aparecía en escena una nueva musa y amante, Dora Maar). Pero también creativa: sufre un bloqueo artístico, le atenazan las dudas y apenas pinta grandes lienzos. A ello se suma el avance de los fascismos en Europa. «Es su mundo, su siglo, pero Picasso no lo entiende», advierte Borja-Villel. Corren los años 20. El cubismo daba sus últimos coletazos. El mundo interior y seguro de Picasso se abre al amenazante exterior.


El arte que merecía el siglo XX

Y, entonces, como dice Lydia Gasman, Picasso «creó el arte que creía que este siglo se merecía». Un monstruo viene a verle. En realidad, ese monstruo siempre anduvo rondando por su cabeza. La obsesionaban las piernas hinchadas de una de sus tías, soñaba con que sus brazos y su piernas crecían y se encogían... Creía en los fantasmas: «No son vaporosos, son algo sólido. Cuando quieres clavarles un dedo, reaccionan», le confesaba a André Gide.

«Mandolina, frutero y brazo de yeso» (1925). Metropolitan Museum, Nueva York
«Mandolina, frutero y brazo de yeso» (1925). Metropolitan Museum, Nueva York- SUCESIÓN PICASSO, VEGAP, 2017

Sustituye el mundo de Matisse y Braque por el de Mondrian y el surrealismo. En 1924-25 Picasso crea naturalezas muertas surrealistas. Estupendos ejemplos del Met, el Pompidou y el Guggenheim abren la muestra, tras un prólogo dedicado al pabellón español de la Exposición de París, donde lucen la maqueta, material documental (en parte inédito) y «La dama oferente» de Picasso. En 1925 pinta «Las tres bailarinas», obra clave en su radical transformación artística y excepcional préstamo de la Tate. Para Picasso, era su mejor cuadro, mejor aún que el «Guernica». Tres mujeres bailan desenfrenadamente en un piso parisino. Sus cuerpos están distorsionados. Los lienzos de Picasso van poblándose de caras amenazadoras, cuerpos desmembrados, decapitaciones, mortíferas golondrinas lorquianas...
En 1934 la pintura de Picasso adquiere una brutalidad desmedida. En una pequeña sala, frente al «Guernica», cuelgan dibujos y grabados brutales, irreverentes... En «La muerte» aborda el asesinato de Marat a manos de Charlotte Corday, que lo degolló en su bañera, como una especie de sacrificio sexual. Muy cerca, una obscena Crucifixión que indignará a más de uno; los satíricos grabados del «Sueño y mentira de Franco»... Es el Picasso más bestial. En 1933 se produce el horrible asesinato cometido por las hermanas Papin, que mataron a su jefa y su hija de un modo espantoso. El psicoanalista Jacques Lacan declaró que estaban locas. Picasso le rebatió: «Decir que están locas es liquidar algo tan admirable como el pecado».

«El pintor y la modelo», idea descartada


«Mujer peinándose» (1940), MoMA, Nueva York
«Mujer peinándose» (1940), MoMA, Nueva York- SUCESIÓN PICASSO, VEGAP, 2017

«Está tratando de hacer el “Guernica”, pero no sabe cómo. Podría llamarse “Guernica”, “Málaga”, “Stalingrado”...», comenta el director del Reina Sofía. Picasso retoma todos sus monstruos, bombardean Guernica... y nace el cuadro. «El bombardeo de Guernica es tan solo el microrrelato de la historia», apunta Borja-Villel. El «Guernica» luce en la sala acompañado tan solo, en la pared de enfrente, por los bocetos (en papel azul) de su idea primigenia para el pabellón de la Exposición de París: el pintor y la modelo, que descartaría. En la sala contigua, los bocetos y estudios preparatorios del «Guernica». En vitrinas, material con fotografías de mutilados y cuerpos desmembrados de soldados de la I Guerra Mundial que Picasso tenía en su estudio.
La exposición se cierra con la producción post-Guernica de Picasso en los años 40, que se llena de calaveras, cabezas de animales, búnkeres, cámaras de tortura. Este Sade moderno retrata obsesivamente a Dora Maar, «la mujer que llora, diabólicamente tentadora con su disfraz de lágrimas», atrapada en un sillón como un pájaro enjaulado. «Cuando amo a una mujer, lo desgarra todo, en especial mi pintura», decía Picasso. Hay ejemplos magníficos en la muestra: especialmente, «Mujer peinándose», del MoMA. Para muchos, el mejor retrato de Dora Maar. Lo pinta en Royan, adonde llegó huyendo de los nazis. El 3 de junio del 40 el aeropuerto de París es bombardeado.

Fascinación imperecedera


«Desnudo de pie junto al mar» (1929). Metropolitan Museum, Nueva York
«Desnudo de pie junto al mar» (1929). Metropolitan Museum, Nueva York- SUCESIÓN PICASSO, VEGAP, 2017

Pero, ¿por qué sigue fascinando, 80 años después, el «Guernica»?«Porque es el gran icono del siglo XX. Encarna lo peor y lo mejor de ese siglo. Ni siquiera la Mona Lisa tiene esta carga. En los 20 Picasso estaba buscando esta obra. Tenía 40 años. Es consciente de que el arte del siglo XX es suyo. En el 32 le hacen una gran retrospectiva en Zúrich, Alfred Barr creará el gran museo del siglo XX, el MoMA, basado en él. No le gustó a casi nadie y hoy todos se pegan por él. Los comunistas decían que era demasiado vanguardista, los vanguardistas que era demasiado panfletario, los modernos que era una pintura fallida. El fracaso se convierte en la gran pintura del siglo XX. Después querrá volver a hacerlo de nuevo, pero ya no le sale», advierte Borja-Villel. ¿Será un best seller? «Seguro que será una exposición muy popular, pero más que un best seller será un long seller».
La muestra se completa con danza, conferencias y, más adelante, con una site que desvelará en la web el archivo Guernica (más de 2.000 documentos) y un libro sobre los viajes de este icono del siglo XX, que sigue hoy tan vigente.

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