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domingo, 26 de julio de 2015

La Primavera Árabe tatúa al Islam

Foto: Ome Gil en su estudio de tatuajes en El Cairo
Ome Gil en su estudio de tatuajes en El Cairo


La contracultura urbana se abre paso en el mundo árabe en medio de un ambiente represivo

                        MUJER, VENEZOLANA Y TATUADORA... EN EGIPTO


La pulcritud no existe ni el día en que nacemos. La sangre en los ojos todavía cerrados e hinchados, los restos amnióticos en la boca, un antojo marrón en elmuslo o en la mejilla. Cuando abandonamos el útero somos sucios e imperfectos. La piel se convierte, entonces, en el mapa vital de cada uno, una memoria en relieve en la que se puede adivinar la primera vez que te caíste y te raspaste la rodilla. Si el tiempo, a pesar de que fuma a escondidas como diría Louis Aragon, deja su rastro en nuestro cuerpo, ¿por qué no modificarlo a nuestro antojo antes de arrugarnos y palidecer? Gritar libertad en silencio a través de la epidermis; tatuarse un trival o, por qué no, la revolución.

Egipto, antes de la Primavera Árabe, vivió bajo el régimen de Hosni Mubarak durante más de 30 años. Mantuvo una fuerte represión liderada por el Ministerio del Interior bajo la excusa de amenaza ‘terrorista’, una opresión similar a la que vive Egipto ahora con el general Al-Sisi. ¿Es el tatuaje, actualmente en el punto de mira del Islam más conservador, otra forma de subvertir dicho orden?

"Que Dios maldiga a los tatuajes y a todos aquellos para quien son hechos" es uno de los muchos hadith (dicho atribuido al profeta Mahoma) que los detractores emplean para criticar esta práctica. "Las interpretaciones del Corán también sirven para oponerse al tatuaje", afirma Göran Larsson, profesor de Estudios Religiosos en la Universidad de Gothenburg y especialista en el mundo islámico. "Muchos teólogos musulmanes justifican su prohibición citando el siguiente pasaje del Corán (4:119): '[Satán] mandará a sus devotos a cambiar lo que Allah ha creado'. Además de una vaga referencia, no hay mención alguna al tatuaje", añade Larsson.

La vida diaria de una tatuadora en El Cairo está marcada por los crecientes choques políticos y militares entre tradición y modernidad


La interpretación realizada por la rama radical del islam apunta que una modificación en el cuerpo —la creación de Allah— es pecado en tanto que es inspiración del propio demonio. Seres pulcros, impolutos y blancos, como si hubiesen sido hervidos, frente a aquellos sucios, mugrientos y tatuados que muestran su indecencia estética y moral.

En 2013, la Dirección General de Asuntos Religiosos de Turquía (conocida como Diyanet) emitió una fatua denunciando que los tatuajes eran contrarios al Islam. "Del mismo modo que son dañinos para la salud, están prohibidos por la religión. En el Islam, llamar la atención y cambiar las características y formas de nacimiento se considera alterar la creación, y por lo tanto está prohibido". También indicó que los piercings tampoco eran adecuados, sobre todo en hombres: "Los musulmanes deben evitar usar joyería para mujeres porque nuestro profeta ordenó: “Los hombres que tratan de parecer mujeres y las mujeres que tratan de parecer hombres se apartan de la gracia y la clemencia de Allah”".
Mi vida como tatuadora

Orne Gil es venezolana, tiene 27 años, pelo corto y unos brazos que ruborizarían a muchos imanes. Dice que apenas está tatuada, pero su aspecto físico fue una de las cosas que molestó a sus anteriores vecinos: "Le dijeron a mi casero que sentían que vivían junto al demonio, que yo era una mala influencia, y este me pidió que dejara el apartamento", explica desde El Cairo. Orne tiene su propio estudio de tatuaje en la capital egipcia, Nowhereland Tattoo, ciudad a la que llegó después de trabajar como secretaria de otro estudio en Padova (Italia). "Mi intención con este proyecto era hacer llegar este arte a todo el mundo. Antes de mí solo había un estudio, pero era muy selectivo: no tatuaban a cualquiera por miedo a las represalias. A través de internet he dado a conocer Nowhereland Tattoo, y gracias a los amigos que tenía aquí antes de venir [su familia vivió en El Cairo durante un tiempo] he conseguido difundir y reivindicar el tatuaje".

'Le dijeron a mi casero que sentían que vivían junto al demonio, que yo era una mala influencia, y este me pidió que dejara el apartamento'

Cuando pasea por las calles, tras alguna mirada metálica, le sueltan: "Cool tattoo", pero asegura no haber recibido insultos. "Hay cierta percepción negativa respecto al tatuaje, no solo por la religión, sino porque los presos tienen y los beduinos que desgraciadamente terminaron en la capital también". En este caso, ser mujer tampoco ha sido un inconveniente, más bien le ha supuesto una ventaja: "Tatúo sobre todo a gente de clase media y alta. A menudo me llama el marido y me dice que quiere que su esposa se tatúe y que prefiere que sea una chica quien lo haga. Ellos lo gestionan todo: me dicen qué quieren que les haga y dónde. Después de pedir cita, ellas vienen, con su hiyab, acompañadas por la criada o la niñera. Otras veces soy yo la que tiene que ir a casa de la familia porque son mujeres a las que no se les permite salir".

Orne clava su aguja en la piel de aquel que se lo pide y tiene dinero para pagarlo: "La sociedad egipcia es muy machista y creo que nunca cambiará. Yo me limito a hacer lo que me piden. Tan solo en una ocasión vino un chico de clase baja a taparse un tatuaje horrible que tenía en el brazo. Apenas le alcanzaba para pagar mi trabajo, así que le cobré una cantidad simbólica. Le hice una pantera negra y se fue tan feliz".
Batalla urbana

Según explica Laura Galián, doctoranda en Estudios Árabes e Islámicos en laUniversidad Autónoma de Madrid, "la gente cada vez tiene menos posibilidad de rebelarse en los ámbitos de su vida pública. Progresivamente, todos estos espacios han sido coartados por las autoridades". Galián está convencida de que los egipcios "encontrarán lugares de autonomía para subvertir la hegemonía de un régimen tan represivo como el del General Al-Sisi".

Galián pone de ejemplos los grafitis: "Los de la calle Mohammad Mahmoud enEl Cairo [un lugar relevante en el imaginario de la revolución por los enfrentamientos entre los manifestantes y las fuerzas de seguridad el 19 de noviembre de 2011] son buenos ejemplos de cómo la cultura en espacios públicos ha servido para narrar la evolución de los cambios políticos, para ilustrar el diálogo entre el Estado y el pueblo. Como decía un grafitero, 'las paredes son el archivo de la Revolución'. Sin embargo, el Estado, consciente de esta toma del espacio y de las expresiones culturales por parte de los ciudadanos, se está encargando de no permitir ni siquiera esta vía de escape. En la nueva Ley Anti-Protesta se penaliza el grafiti".


               Del parto al famoseo

Muchos de los tatuajes que realiza Orne Gil a mujeres, en su mayoría veladas, son para cubrir cicatrices del parto. "También hay algunas que me piden que les tape alguna señal fea en la piel antes de la boda porque no quieren disgustar a su futuro marido; otras se tatúan el nombre del esposo en el culo, una cita del Corán o cogen un diseño que le han visto por la tele a un futbolista famoso o a alguna cantante como Rihanna". ¿Y ellos? "La mayoría mezclan trivales con caligrafía árabe. No hay background cultural, así que es difícil innovar aquí en cuestión de diseño. En ese sentido, a nivel artístico, estoy bastante bloqueada. Otros simplemente se tatúan para no hacer el servicio militar, porque así, en teoría, los exoneran".


Esto contrasta con lo que relataba el periódico The Globe and Mail en unreportaje de 2012 sobre el negocio del tatuaje en Egipto. El texto contaba que, en aquel momento de crisis, cada vez más jóvenes querían trasladar latransformación que vivía el país a sus cuerpos. Horeya (libertad) era el tatuaje más demandado. Orne alerta del peligro de acudir a cualquier sitio a tatuarse, ya que muchos de estos jóvenes egipcios lo hacían en lugares donde también realizaban la manicura y limpiezas faciales, y cortaban el pelo. "Al no haber ninguna ley que apruebe o prohíba este negocio, es complicado fiarse del tatuador. Nadie le va a exigir que siga las normas de higiene, precisamente porque no están reguladas", explica.

Muchos de sus clientes le preguntan a Orne si es adecuado hacerse un tatuaje —"¡como si yo tuviese la respuesta!", comenta—, por lo que hace unos meses decidió entablar pequeñas conversaciones con aquellos que acudían a su estudio para saber qué opinaban acerca de la relación entre esta práctica y el islam. "Una chica se quedó con la versión que un imán dio del asunto por televisión. Este tipo decía que tatuarse no estaba mal si eso le gustaba a tu marido. Otro chico me comentó que en el Corán en sí no había ninguna referencia al tatuaje, y que solo algunos hadith hablan de las modificaciones corporales, pero que solo iban dirigidas a mujeres. 'Para ellas es pecado, para nosotros no', me dijo".

Según Laura Galián, desde 2011 "hemos visto la ocupación de las plazas (no solo de la Plaza Tahrir), la presencia de la mujer en las manifestaciones, el desarrollo de una cultura gráfica en las paredes de El Cairo y Alejandría que nos ha descolocado y fascinado, conciertos en las calles, obras de teatro, grupos de discusión, emergencia de diferentes ideologías y colectivos autogestionados. Una generación empoderada". La Primavera Árabe supuso la toma de conciencia de que el ciudadano también es un sujeto político con capacidad de transformar su realidad, y la lucha se ha vuelto más encarnizada, de manera literal. Hacer de la carne la pancarta y la ballesta. Se arrancan las paredes, las obras de arte, la libertad de expresión, pero ¿se arranca la piel?

Fuente

http://www.elconfidencial.com


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