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domingo, 13 de marzo de 2016

DICIONARIO DE LAS ARTES PLÁSTICAS EN MENDOZA




Por Natalia Encinas


Las artes plásticas locales cuentan con la flamante edición de un Diccionario enciclopédico que recoge a artistas, grupos y movimientos protagonistas de casi cien años. La publicación de este libro ha llegado para saldar una deuda pendiente con nuestra historia cultural local. Y ese es un motivo para celebrar y comenzar el año haciendo memoria.

“Lo bueno se hace esperar”, repite una conocida frase popular. Y el caso del Diccionario de las artes plásticas en Mendoza (1900-1995) parece confirmar el dicho. Sucede que este libro, hoy una realidad impresa de casi 450 páginas, tiene una larga historia cuyo comienzo se remonta a la década del ´90 y que ha llegado, recién editado en noviembre de 2015, para ocupar un lugar vacante durante años.



Es, por ello, un material necesario. Pues aunque sea llamativo, nuestras artes plásticas no contaban hasta el momento con un material de simi­lar contenido ni magnitud. Dispersos, sí contamos con artículos sobre distintas temáticas, movimientos o artistas en revistas especializadas, pero hasta el momento no disponíamos de un volumen que reuniera, de forma exhaustiva y documentada, los nombres (con sus correspondien­tes referencias y fuentes) de los artistas del campo plástico local.

Sin embargo, cabe decirlo, este diccionario es más que sólo necesario, porque por sus características constituye algo así como una “joya”. Y ello tiene que ver con que sus autores/as y su impulsora son nada menos que algunos de los más importantes hacedores culturales de nuestra provincia. El libro está coordinado y dirigido por Regina “Pupi” Agüero y sus autores son los artistas Marcelo Santángelo, Luis Quesa­da y la profesora e historiadora del arte Silvia Benchimol. Estos cuatro nombres son los que dan la impronta al Diccionario y le otorgan su ca­rácter de un proyecto de gran envergadura, rigurosidad y amplitud.

Todo esto, tanto su contenido pero también la larga historia detrás del mismo, convierte a este libro en un gran motivo de celebración para las artes plásticas locales. Y lo mejor es que el proyecto no termina aquí.


Julio Suárez Marzal. Paisaje de alta montaña. Óleo s/tela. c.1949. Obra publicada en el Diccionario.



José Manuel Gil. Primavera. Óleo s/tela. Obra publicada en el Diccionario.


LA HISTORIA TRAS LAS HISTORIAS

Son Regina Agüero y Silvia Benchimol quienes, café de por medio en una tarde de enero en que el verano da un respiro, tienen la gentileza de develarnos los entretelones de la edición del Diccionario de las artes plásticas en Mendoza que exhiben con orgullo. Y es que pese a que las dos han llevado a cabo importantes proyectos y son destacadas actoras del campo cultural local (“Pupi” Agüero en la gestión cultural donde tiene una vasta trayectoria en la que ha ocupado importantes cargos a través de los cuales se ha ganado el respeto de artistas de distintas disciplinas y Silvia Benchimol en la investigación, docencia y gestión universitaria), ambas valoran de forma especial la publicación de este libro. E inmediatamente la conversación nos lleva a los comienzos del proyecto, atraviesa reflexiones so­bre el rol del Estado en la cultura, revela las dificultades que sufrió el proyecto para imprimirse y surgen, incluso, valiosas consideraciones respecto al presente del campo de las artes plásticas en Mendoza. Un verdadero lujo.


“El proyecto que dio origen a este libro comenzó a tomar forma hace tiempo. Fueron los últimos años de la década del ‘80 y comienzos de los ‘90 los que albergaron a una idea que, impulsada desde la gestión estatal, se materializó en equipos de trabajo que se abocaron a la investigación durante largos meses”.

TIEMPOS DE PROYECTAR

El proyecto que dio origen a este libro comenzó a tomar forma hace tiempo. Fueron los últimos años de la década del ’80 y comienzos de los ‘90 los que albergaron a una idea que, impulsada desde la gestión esta­tal, se materializó en equipos de trabajo que se abocaron a la investigación durante largos meses.

Al respecto de ese tiempo germen, relata Regina Agüero: “En vísperas del ‘90 compartíamos con Silvia la tarea de gestión cultural en la Dirección de Cultura de la Provincia y conversábamos siempre que nos preocupaba mucho el papel del Estado en el tema cultural, porque generalmente los ministerios o las secretarías terminan siendo del espectáculo, finaliza la gestión y no queda nada. Entonces yo tenía hacía rato la idea de que era imprescindible, si bien había varias publicaciones de rescate de determinados artis­tas plásticos o periodo, que en un solo lugar estuvieran todos los artistas, como una forma de resguardar la memoria y de que no se perdieran los nombres que no llegaron a ser tan resonantes para la gente pero que fueron lo suficientemente sólidos para inscribir y aportar en los lenguajes visuales de la provincia. Como yo era la directora de la cultura de la provincia en ese momento, tuve la posibilidad de conversar con Silvia, de armar equipos de trabajo y planteamos el Diccionario de las Artes en cuatro tomos, entre ellos el de las artes plásticas ahora editado. Eso eran los años 1988, 1989 y era gobernador de la provin­cia Bordón. Fundamentalmente nos movió en este proyecto la convicción de que esa tarea iba a ser real­mente importante”.


Por su parte, Silvia entiende que el valor de este libro es, fundamentalmente, que “reúne documentos, algunos de ellos inéditos y de otros que estaban totalmente dispersos en distintas fuentes y en distintos soportes”. La coordinadora del proyecto agrega que allí “Están casi cien años de la historia de las artes plásticas de Mendoza con documentos y referencias comprobables. Es un importante material para inves­tigadores, a quienes se les ha facilitado la tarea, para la gente inquieta, los artistas plásticos en general, el público. Allí está todo, se puso en vidriera todo lo que ocurrió en cien años”.





Luis Quesada. Horquillos multicolor. Pintura acrílica sobre módulos recortados. c. 2011. Obra publicada en el Diccionario.





Marcelo Santángelo. Caricatura. Ed. digital de modelo analógico (dibujo), c. 1995 (Realizado durante el trabajo de investigación y escritura del Diccionario


DE METODOLOGÍAS, APORTES Y CRITERIOS


Tanto Silvia Benchimol como Regina Agüero destacan los aportes de los maestros Quesada y Santángelo para el Diccionario. “Se nos ocurrió que el perfil de la persona para conformar esos equipos era de alguien que hubiera vivido intensamente la historia cultural de la provincia, entonces Silvia arma equipo para las artes plásticas con Santángelo y con Quesada que habían sido testigos directos. Además del lujo que significaban ellos, si no hubieran estado hay cosas que no hubieran estado jamás, porque ellos podían orientar por haberlo vivido. Se pudo contratar a los dos maestros, Silvia trabajaba en Cultura y se dedicó full time a eso y ella, como investigadora, aportó la me­todología para poder llevar adelante la tarea. Para hacer esto hubo muchas jornadas de trabajo en conjunto, incluso con las otras personas convocadas para las otras áreas de música, de teatro y de letras. Se recurrió a todas las hemerotecas, archivos, se llamó por los diarios a los familiares de los artistas plásticos, se trabajó a través de los municipios, de la Casa de Mendoza, años estuvo trabajándose intensamente para recabar información y que nadie que hubiera tenido que ver con las artes plásticas de Mendoza quedara afuera, más allá de que hubiera o no nacido acá. Siempre el criterio fue amplio y de­mocrático”, rememora Agüero.


En torno a esa experiencia, Benchimol cuenta: “Durante esos años de trabajo aprendí muchísimo y muchas cosas no hubieran aparecido si no estaban San­tángelo y Quesada para corroborarlas. Por ejemplo, el cierre de la primera sala propia de teatro independiente que tenía una sala de exposición donde había una gran muestra para la inauguración de Luis y de Carlos Alonso y que les cerró la policía. O, por ejemplo, tampoco hubiera sido posible sin las largas conversaciones con Juan Scalco donde nos enteramos de muestras a finales del año ‘38 y en la década del ‘40 que tampoco habían salido en los diarios”.


La investigadora devela, a la vez, la rigurosidad con que fueron recabados y documentados los cientos de datos que aparecen en el libro: “Nos planteamos hacer un relevamiento exhaustivo, ese fue el criterio, ya que se trata de un trabajo cultural de base. Nos pusimos a revisar colecciones de revistas y periódicos locales y también el diario La Nación porque hubo épocas en las cuales artistas nuestros tenían una buena acogida a nivel internacional”.


En cuanto al formato, Agüero explica que eligieron el de diccionario “porque pensamos que era una forma clara, didáctica, de fácil acceso”. Benchimol agrega que el mismo tiene carácter de enciclopédico “ya que cada artículo no es una biografía del artista aislado sino que tiene sus nexos con lo que iban a ser los to­mos dedicados a letras, música, y a la vez lo conectan con movimientos artísticos y todo un contexto cultural y artístico”.


En tanto que sobre el criterio historiográfico escogido, explica que “en cuanto la manera abordar un movi­miento artístico, por ejemplo el cubismo, decidimos que no íbamos a hacer como se estiló por muchas décadas de ver primero qué pasó en Europa y en EEUU y luego acá como si fuera la réplica menor. Nosotros hicimos esa definición histórica pero funda­mentalmente nos centramos en qué pasó acá y cuáles pudieron ser los aportes que desde aquí pudieron surgir, aunque la “gran historia del arte” no lo recogiera. Es decir, hacer historia del arte desde estas coordenadas”.



Fernando Fader. La visita. Óleo s/tela. c. 1925. Obra publicada en el Diccionario.


“El libro está coordinado y dirigido por Regina “Pupi” Agüero y sus autores son los artistas Marcelo Santángelo, Luis Quesada y la profesora e historiadora del arte Silvia Benchimol. Estos cuatro nombres son los que dan la impronta al Diccionario y le otorgan su carácter de un proyecto de gran envergadura, rigurosidad y amplitud”.


LAS ARTES PLÁSTICAS HOY


Finalizando el encuentro para la nota, y a la luz del recorrido por casi cien años de historia del arte, Silvia y Regina com­parten sus miradas sobre el presente de las artes plásticas en la provincia. “Veo la actua­lidad de las artes plásticas en Mendoza con una diversidad muy grande, con búsquedas muy diferentes, algunas muy alentadoras. Estoy a la ex­pectativa. Sí veo que hay una tendencia a la performance, cierta fugacidad en las presen­taciones artísticas. También veo que es muy fuerte la hue­lla de internet y otros medios de circulación de imagen en la iconografía de la gente joven”, sostiene Silvia.


En retrospectiva, Regina comparte una mirada crítica: “El balance que hago, a partir de recordar lo que refleja este diccionario, es que hubo un retroceso y hemos perdido. Porque ahí están refleja­das las importantes salas de arte que tenía Mendoza donde venían los grandes perso­najes de la plástica nacional e internacional, había un circuito de galerías y una serie de estímulos sobre todo para las nuevas generaciones que eran los salones. En ese sentido, yo diría que los jóvenes de estas generaciones están más desamparados porque no tie­nen ni los estímulos que hubo antes ni las galerías que supo tener Mendoza. Hoy en esta Ciudad importantísima, que ha dado tanto y que sigue dando tanto a la plástica, no hay una sala de exposiciones en la provincia. Existen lugares que hacen de sala en las bodegas u hoteles pero no reúnen los requisitos que debe tener una sala. Tampoco ha habido los catálogos necesarios de todo el movimiento de la plástica en estos últimos 20 años”.


Sin dudas, la amplitud de la mirada al pasado que permite el libro, reuniendo casi cien años de historia en un solo vo­lumen, es un tesoro invaluable para nuestro presente y futuro artístico. Un rescate necesario para pensarnos y proyec­tarnos culturalmente.


                          
La coordinadora del proyecto, Regina “Pupi” Agüero, en la presentación oficial del Diccionario.


20 AÑOS DE ESPERA


¿Qué sucedió en los casi 20 años que pa­saron hasta la impresión del libro? Agüero relata que hacia marzo de 1995, cuando ella renuncia a la Dirección de Cultura de la provincia, estaba finalizado el trabajo de los cuatro tomos e incluso el papel comprado para su impresión. Sin embargo, los perso­nalismos y las disputas políticas llevaron a que entonces sólo se imprimiera el tomo de Letras, con una limitadísima circulación, y el resto de las impresiones quedó sin con­cretarse. Luego, con el equipo de trabajo se entrevistaron con las sucesivas autorida­des culturales sin que ninguna dispusiera imprimirlo. “Y ahora, hacia fines del 2015, finalmente lo editó el Ministerio de Cultura con el apoyo de la Universidad Champag­nat porque si no se perdía para siempre”, cuenta la coordinadora –e impulsora incan­sable junto a Silvia Benchimol- del libro, que podrá adquirirse en la a Secretaría de Cultura de la provincia y en la Universidad Champagnat.


Pero eso no es todo: “Estamos invitadas por la Universidad Champagnat a continuar este proyecto para que pueda llegar a nues­tros días”, señala Agüero. De esta forma, se comienza a proyectar el trabajo para completar el la historia a partir de 1996.
Fuente
https://www.losandes.com.ar


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