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jueves, 21 de abril de 2016

El Museo Picasso pone en contexto a Jackson Pollock con el arte del siglo XX

'Mural' (1943) de Jackson Pollock recala en el Museo  Picasso Málaga tras pasar por Venecia y Berlín.
'Mural' (1943) de Jackson Pollock recala en el Museo Picasso Málaga tras pasar por Venecia y Berlín. /Ñito Salas

La pinacoteca acoge la muestra itinerante a partir de la pintura inaugural del expresionismo abstracto


«Es bastante malo, ¿no?». Peggy Guggenheim no se explicaba cómo había podido colarse semejante bodrio en la nueva exposición de su galería. Había juntado en el comité de selección de obras al ideólogo del arte conceptual Marcel Duchamp, al director del Museo de Arte Moderno de Nueva York (MoMA) Alfred Baar y al pintor holandés Piet Mondrian. A este último dirigía su pregunta la mecenas mientras contemplaba 'Figura estenográfica' (c. 1942); pero Mondrian repuso: «Es el mejor cuadro que he visto hecho por un estadounidense. Deberías seguirle la pista a este hombre».

Lo escribe Will Gompertz en su libro '¿Qué estás mirando? 150 años de arte moderno en un abrir y cerrar de ojos' (Taurus, 2012). Y otra cosa quizá no, pero la doña del arte moderno sabía rodearse de buenos asesores. Así que siguió el consejo de Mondrian y la pista de aquel muchacho, le ofreció un contrato con un sueldo mensual de 150 dólares para que se dedicase a pintar y poco después le encargó una obra de gran formato para el recibidor de su casa. La idea era realizar la pintura sobre la pared, pero Duchamp, el más listo de la clase, los convenció para que la realizase sobre una tela, así podrían transportarla. Y ese trozo de lino belga, pintado por Jackson Pollock en una noche frenética de finales de 1943, acabó inaugurando una de las principales corrientes estéticas del siglo XX: el expresionismo abstracto.
La tela cuelga ahora de una de las paredes del Museo Picasso Málaga(MPM) en una exposición que sirve, justo, para poner en contexto la obra de Pollock con el arte hecho antes y después de 'Mural' (1943) a través de 41 obras de artistas tan diversos entre sí como Roberto Matta, Antonio Saura, Juan Uslé, David Smith y Andy Warhol. El montaje programado hasta el 11 de septiembre representa además la única escala española de la gira europea emprendida por 'Mural', donado por Peggy Guggenheim al Museo de la Universidad de Iowa y restaurado durante casi dos años antes del periplo que le ha llevado a Venecia y Berlín antes que a Málaga, de donde partirá rumbo a la Royal Academy of Arts de Londres.
Así, 'Mural. Jackson Pollock. La energía hecha visible' plantea un recorrido alejado del montaje espectáculo. Frente a la posibilidad de exhibir el mural en un espacio limpio y exclusivo, al modo de la Capilla Rothko en Houston (Texas), la exhibición del Museo Picasso apuesta por un discurso sinuoso, casi un laberinto de espacios panelados que despliega tres zonas diferenciadas antes de llegar a la obra que da título y sentido al proyecto. Y ahí, cuando el visitante se enfrenta a 'Mural' (1943) de Pollock ya ha visto las fotografías de «arte en acción» de Herbert Matter; 'Hilo' (1983) de Andy Warhol frente al imponente 'La grande foule' (1963) de Antonio Saura; el lienzo y la escultura de David Smith como un Quijote frugal o las exquisiteces de Roberto Matta y Frederick Sommer, casi cohibidas en una de las paredes laterales. Y es en ese mapa de relaciones en torno al movimiento, la energía y el poder atávico del arte donde Pollock aparece más sereno, atemperado por su propio papel en el seno de la Historia del Arte del último siglo ofrecido aquí con retrospectiva agudeza.


Hacia lo salvaje
Porque el discurso del MPM brinda ese viaje hacia lo salvaje en obras dispuestas en un juego de espejos hasta la sala final. Y allí el mural de casi dos metros y medio de alto por seis de largo ocupa la pared final, casi el paredón, flanqueado por otras obras de Pollock que abren una de las puertas conceptuales más sugerentes del montaje: los vínculos entre Pollock y Picasso.
Un influjo evidenciado en 'Dirección', 'Retrato de H. M.', 'Esfuerzo de pájaro' y 'Circuncisión', realizadas por el norteamericano entre 1945 y 1946, donde se proyecta la alargada sombra de Picasso. Un vínculo que llega antes, en los primeros compases del paseo, a través del lienzo realizado por Pollock a mediados de la década de 1930 donde emergen las influencias del surrealismo. El comisario de la muestra, David Anfam, explicaba ayer que el lienzo se inspira en 'Hombre desnudo' de Picasso. Anfam glosaba la frustración de Pollock cada vez que creía haber llegado a un punto inexplorado del arte y comprobaba que ahí ya había puesto una pica el malagueño: «Para Jackson Pollock había que vencer a Picasso».
Aunque más que vencer, Pollock parece tomar el testigo de Picasso en el discurso del arte del siglo XX. «No hay duda de que el 'Guernica' fue muy importante, afectó a Pollock porque de hecho era un mural portátil. (...) 'Mural' es una de las obras que refleja la fascinación de Pollock por Picasso. Es violento y cuando lo pintó en 1943, también supuso un hito relacionado con la violencia de la II Guerra Mundial», argumentaba Anfam.
La tortuga y la liebre
Sin embargo, el propio Anfam admitió luego las distancias que separan a Pollock y Picasso. Y lo hizo echando mano a la fábula de la tortuga y la liebre. Para el comisario de la exposición, Pollock sería la tortuga, detenida en su obsesión por la energía, el movimiento y la fuerza de la pintura, mientras que Picasso se transformaría en la liebre que salta del cubismo al clasicismo, de la tradición a la vanguardia, de la pintura a la escultura, el dibujo, el collage y el grabado.
Lazos desde la distancia esbozados también ayer por el director del MPM, José Lebrero: «Les ofrecemos un proyecto en el que intentamos mostrar una genealogía que llevaría de Picasso a Pollock, incluso a Warhol». No en vano, la exposición elude el enfrentamiento directo entre Picasso y Pollock al no ofrecer obras del malagueño en el recorrido de la muestra, para decantarse por una mirada de vocación más diversa y panorámica.
Lo resumía ayer el presidente del Consejo Ejecutivo del MPM, Bernard Ruiz-Picasso: «Las relaciones que hay entre la obra de Picasso y varios artistas norteamericanos del expresionismo abstracto se ponen de manifiesto aquí y recuerdan muy bien lo que es la razón de la existencia de este museo: poder ver en su colección permanente una selección de obras de Picasso y, al mismo tiempo, poder descubrir lo que fue la creación artística del siglo XX».
Ahí una razón de ser de cualquier museo que se precie: ofrecer contexto, enseñar a mirar. Que incluso a Peggy Guggenheim le fallaba el ojo de vez en cuando.
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