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lunes, 24 de octubre de 2016

Clara Peeters, una pintora a contracorriente

'Bodegón con pescado, vela, alcachofas, cangrejos y gambas' (1611), de Clara Peeters. MUSEO DEL PRADO



El Museo del Prado presenta, en la Sala D y hasta el 19 de febrero, su primera exposición dedicada a una de las pintoras europeas de la Edad Moderna
Una pintura valiente y a contracorriente son las señas de identidad de las obras de Clara Peeters, una mujer que supo hacer del arte su profesión, a pesar de las dificultades y prejuicios de una época. El Museo del Prado reúne 15 de sus cuadros más conocidos en El arte de Clara Peeters, una exposición con la que pretende destacar los logros de una pintora de la que apenas se conocen 40 obras. "Cuando decidimos organizarlo", explica Miguel Zugaza, director del Museo del Prado, "nos alegramos de que fuera la primera exposición dedicada a una mujer, no sólo por el hecho de la perspectiva de género sino por la calidad de su trabajo".
De esta forma, la institución desarrolla el que es el estudio más actualizado de su vida, situando a la artista en el contexto cultural y artístico de Amberes. "No tuvo que ser fácil para Clara destacar en un mundo de hombres. Fue una mujer emprendedora que luchó contra los prejuicios de la época a través de su juventud", comenta Jean-Paul Rignault, presidente de Axa, una de las empresas patrocinadoras junto con el Gobierno de Flandes y el Museo de Bellas Artes de Amberes.
La artista fue una de las pocas mujeres que se dedicó a la pintura en la Europa de la Edad Moderna. Diversos testimonios así lo confirman y permiten suponer que desarrolló la mayor parte de su trabajo en Amberes. "No sabemos mucho de ella.Hay muchos datos contradictorios y nadie se ha encargado de perfilar su vida", comenta Alejandro Vergara, jefe de Conservación de Pintura Flamenca y Escuelas del Norte y comisario de la exposición, para quien la pintora trabajaba para un segmento de mercado con mucha alcurnia. No era nada habitual que en este siglo una mujer decidiera lanzarse a la pintura, por lo que Vergara apuesta por una posible influencia familiar. "No lo sabemos a ciencia cierta, pero lo habitual si una mujer pintaba es que fuera de familia aristocrática o de pintores", apunta.


El hecho de pintar bodegones fue su forma particular de hacer frente a las limitaciones que suponía no poder pintar modelos desnudos, normalmente masculinos, a los que las mujeres, por aquel entonces, no tenían acceso. "Estamos", añade Vergara, "ante un género que, si bien en la época se consideraba de menor entidad, desde hace 150 años es de importancia". Cuando comenzó a trabajarlo, en la primera década del siglo XVII, sólo unas cuantas obras de este tipo formaban parte de las colecciones de los Países Bajos y el realismo se ofrecía como una alternativa al idealismo de la tradición renacentista.
Los lienzos, procedentes de colecciones privadas, instituciones del norte de Europa, Inglaterra, Estados Unidos y del propio Museo del Prado, descubren los gustos y costumbres de las clases más prósperas, lo que puede observarse a través de objetos asociados a la riqueza y a la cultura: dulces, vinos, frutas o pescados. Muestra, así, un interés por la representación de animales y plantas que se habían desarrollado como consecuencia de la investigación científica. "Clara forma parte de las generaciones que pintaban las cosas que tenían que pintar", añade Vergara, quien describe su obra como un "cuadro de lo que vemos".
Además, la naturaleza muerta de su obra alude a la cetrería, una modalidad de caza asociada a la realeza y la aristocracia desde la Edad Media. Mostraba, así, "una especie de jerarquía social para mantener los privilegios de los aristócratas", explica.


Peeters, además, incluyó con frecuencia imágenes de su propio rostro como medio de autoafirmación. "Fue una de las primeras en hacerlo", comenta Sven Gatz, ministro de cultura, deportes y juventud de Flandes. Estos retratos, apenas visibles, aparecen en, al menos, ocho de sus obras, de las cuales, seis se pueden contemplar en la exposición, como Bodegón con flores, copa de plata dorada, almendras, frutos secos, dulces, panecillos, vino y jarra de pletre.
La escasez de referencias documentales de Peeters convierte su obra en una fuente de información extraordinaria para descubrir a esta pintora, contemporánea de Jan Brueghel el Viejo, Rubens, Snyders y Van Dyck, formando parte de un período de apogeo en la historia del arte europeo.
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