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lunes, 10 de octubre de 2016

La reina del arte


Su excelencia Al Mayassa al Zani, hermana del emir de Qatar, es la mujer más poderosa en el mundo del arte. Con un presupuesto milmillonario, es responsable de algunas de las adquisiciones de obras más sonadas en los últimos años y de la construcción de una flamante red de museos en su país. Sin embargo, se desconoce cuál será el destino de algunas de las piezas más preciadas.


Imagen digital del Museo Nacional de Qatar, de Jean Nouvel, que se construye inspirado en las formas de la roca llamada rosa del desierto
En el 2012 una noticia sacudió el mercado del arte: uno de los cinco cuadros de la serie Los jugadores de cartas, de Cézanne, había sido adquirido por 250 millones de dólares, cifra récord en un mundo acostumbrado a las cifras récord. La operación se realizó a través de intermediarios y en secreto. Sin embargo, el misterio duró poco, ya que fuentes solventes aseguraron que detrás estaba la familia real de Qatar, la dinastía Al Zani, conocida por su avidez en las subastas de arte internacional.
La compra fue dirigida por su excelencia la jequesa Al Mayassa bin Hamad bin Jalifa al Zani, presidenta de la Autoridad Museística de Qatar (QM en sus siglas en inglés) y hermana del actual emir. La jequesa, de 33 años, está considerada la mujer más poderosa del mundo del arte, título que revalida a golpe de compras millonarias y ambiciosos proyectos museísticos. La familia real qatarí, que manda en régimen de monarquía absoluta desde 1850, está apostando muy fuerte para convertir este país al sur de la península Arábiga, con algo más de dos millones de habitantes, en un destino cultural de primera fila. Pero mientras otros estados del Golfo, como Abu Dabi, se asocian con reconocidas instituciones culturales, los Al Thani van por libre.
La familia real qatarí se ha convertido en los últimos años en los compradores número uno de arte; se asegura que disponen para ello de un presupuesto anual de 1.000 millones de dólares
En el 2008, Al Mayassa inauguró junto a su padre, el entonces emir, el Museo de Arte Islámico (MIA), dedicado a mostrar su magnífica colección de tesoros artísticos del islam. Se ubica en la corniche de Doha, en un edificio de I.M. Pei, un elemento, el arquitecto estrella, que no podía faltar. A la fastuosa inauguración del MIA, con mil invitados –entre ellos, el presidente sirio, Bashar el Asad, y Robert De Niro–, le siguió la apertura, en el 2010, del Mazaf o Museo Árabe de Arte Moderno. Por su contenido y continente, el Mazaf (“museo” en árabe) se considera otra de las joyas de la corona del ambicioso proyecto museístico del país, que también incluye cuatro espléndidas galerías y significativas piezas de arte público. En un futuro cercano están previstas las inauguraciones del Museo Orientalista, el Museo de Deportes y el Museo Nacional de Qatar.
La jequesa Al Mayassa ha encontrado su lugar en el mundo a través del arte. Y eso que, como señala la revista Forbes, no estudió esta disciplina, sino Literatura y Ciencias Políticas en la Universidad de Duke (EE.UU.). En su currículum oficial también se menciona que hizo un posgrado en Columbia, que es presidenta del Instituto Cinematográfico de Doha y responsable de diversas organizaciones filantrópicas.
Poner a Doha en el mapa cultural internacional no es su único objetivo. Fomentar el diálogo entre culturas es otra de sus metas: “Queremos mostrar que el islam es una civilización pacífica (…), que es una religión de tolerancia y conocimiento y no de terrorismo”, dijo en la inauguración del MIA. En una entrevista en su web oficial, asegura que Qatar es el lugar idóneo para tender puentes entre Oriente y Occidente. Al Mayassa se define como una “servidora pública”, cuya pasión por el sector cultural le resulta perfecta para combinar sus intereses “y criar a mis hijos”. Para ella, el arte y la cultura son “una religión que todos podemos practicar”, ha dicho. Es también consciente de que el arte representa el legado de las grandes civilizaciones: “Pese al declive del imperio romano, los edificios de ese periodo todavía están vivos, son una parte tangible de esa cultura”, ilustra. Ella quiere que su país deje su huella.
Pero Qatar no es la Roma imperial, y para emularla hay que comprar mucho, cosa que los Al Zani están haciendo sin problemas –no sólo en este ámbito, son asimismo ávidos inversores inmobiliarios internacionales–. En los últimos años, con la jequesa a la cabeza, se han convertido en los compradores número uno de arte en el mundo. Forbes asegura que disponen de un presupuesto anual de 1.000 millones de dólares (unos 890 millones de euros), para deleite de las grandes casas de subastas. Son tan conocidos que, incluso, existe una página en Wikipedia dedicada a las “prácticas de coleccionismo de la familia Al Zani”. Allí se detallan adquisiciones estrella, como el Cézanne y obras de Bacon, Rothko y Warhol. En el 2015,The New York Times publicó que Al Mayassa estaba detrás de la compra de un Gauguin en Suiza por 300 millones de dólares, un nuevo récord.
Los medios especializados también mencionan adquisiciones aparentemente más discretas aunque muy significativas, como antigüedades egipcias y romanas, mobiliario francés, manuscritos y joyas. El pasado otoño, el Museo Victoria & Albert de Londres presentó la exposición: Bejewelled Treasures: The Al Thani Collection, consistente en cien piezas de joyería india de su propiedad. La familia también está interesada en la fotografía: en el 2000 desembolsaron más de 15 millones de dólares en obras de Man Ray y Alfred Stieglitz en Sotheby’s, revolucionando el mercado fotográfico. Sin olvidar los libros de coleccionista. Entre ellos destacan una de las primeras ediciones de Birds of America, ilustrada por John James Audubon y adquirida por 8,8 millones de dólares; el precio más alto jamás pagado por un libro en subasta. Todo ello ha hecho que los Al Zani hayan sido calificados en ocasiones como los Medici del siglo XXI.
El poderoso mecenazgo de la familia también llega a artistas locales o de Oriente Medio, a los que reivindica en muestras que han empezado a salir del país
“El arte es una poderosa herramienta de la diplomacia cultural”, observa Carlos García-Osuna, editor de la revista Tendencias del Mercado del Arte, para quien el mecenazgo de la familia no sólo ha puesto Qatar en el mapa sino que también ha contribuido a reivindicar a los artistas de su país. García-Osuna revela que su ejemplo está siendo imitado por otros árabes pudientes. “El dinero del petróleo –añade este experto– también está detrás de la eclosión de los precios de creadores como Jeff Koons, Damien Hirst, Picasso, Modigliani o Cézanne, así como en la revalorización de la pintura orientalista del XIX”.
Algunos de los fondos de los Al Zani han empezado a viajar. El pasado febrero, salió por primera vez de Qatar una selección de su colección de arte contemporáneo para recalar en España. Hasta junio, la Sala de Arte de la Fundación Banco Santander en Madrid acogió la muestra Looking at the World Around You. Contemporary Works from Qatar Museums, formada por 160 obras, de 34 artistas, de los fondos del Mazaf. Además de un exquisito Goya y un Magritte de inspiración oriental, destacaban autores vivos de Oriente Medio: “Algunas, como la iraní Shiri Neshad y la libanesa Mona Hatoum, son artistas muy comprometidas”, señala la crítica de arte Rocío de la Villa, que recuerda la exposición como “una muestra variada de las colecciones de los Al Zani, que son inmensas, absolutamente inmensas”. En su opinión, la exposición destilaba que la familia “lleva muchos años y entiende mucho de arte contemporáneo y de una forma bastante directa”.
Los Al Zani no sólo compran en subasta; también encargan y tienen potentes programas de residencia de artistas. Para María Beguiristain, responsable de arte de Fundación Banco Santander, se trata “de un mecenazgo único”, vinculado al rápido desarrollo económico y social del país y “donde la jequesa defiende su objetivo de globalizar lo local y hacer local lo global”.
Lo global serían, teóricamente, las importantes compras de arte occidental de los últimos años. Sin embargo, como la familia se niega a confirmar o desmentir las informaciones acerca de sus adquisiciones, existe la incógnita sobre si algunos de estos tesoros se destinarán a un uso privado o público. “Una de las iniciativas que están llevando a cabo es la construcción de museos propios –recuerda Beguiristain–. Para ellos, son tan importantes como las universidades o los hospitales. Siguiendo esta línea, tienen previsto construir un museo donde mostrar en el futuro estas importantes piezas de arte occidental”.
Los expertos del sector no ven inusual el secretismo sobre las grandes obras adquiridas y si se acabarán exponiendo en los nuevos museos 
El impresionante Museo Nacional de Qatar podría ser el lugar adecuado pero, como informó The New York Times en marzo, no parece que vaya a ser el caso. La periodista Robin Pogrebin contó que una visita al edificio –a punto de acabarse– daba pistas sobre lo que va a contener: “Piezas relacionadas con temas como la pesca de perlas en Qatar, el petróleo y el gas, el comercio, el zoco y la población qatarí”, escribió. Jean Nouvel, el arquitecto responsable de la obra (con un coste superior a los 400 millones de dólares), le comentó que en la exposición también habrá “animales totalmente artificiales, como juguetes”. Del Cézanne, de momento, ni rastro.
¿Por qué tanto secretismo? Carlos García-Osuna no lo ve anormal. “En un mercado en el que las grandes operaciones involucran a varios intermediarios, resulta esencial guardar la discreción sobre el precio. En esta opacidad influyen también las cuestiones relacionadas con la seguridad y, muy en especial, el fisco, dada la afluencia de dinero en el sector”, explica.
Para Rocío de la Villa, si los Al Zani están ampliando su colección de arte occidental, adquiriendo piezas tan importantes, significa “que tendrán una posición fuerte para préstamos para estar a un nivel de cierta paridad con otros museos”. En su opinión, el que la familia haya elegido el arte para dejar su huella es comprensible. “El arte es una vía para apaciguar, para reunir a la sociedad gracias a la cultura, y el mecenazgo ha sido un modelo válido, que continúa”, reflexiona. Sin olvidar, agrega, que el arte y la cultura “también funcionan como un símbolo de adquisición de un nuevo estatus para nuevos ricos o países emergentes”.
Fuente
http://www.magazinedigital.com

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