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martes, 15 de noviembre de 2016

El Prado rescata al escultor secreto de Père-Lachaise


Resultado de imagen de Miguel Blay

Miguel Blay, sólido y bello, aparece en la pinacoteca tras el reparto con el Reina Sofía.

La escultura Eclosión, en la muestra dedicada a Miguel Blay.

 La escultura Eclosión, en la muestra dedicada a Miguel Blay. 

Ramón de Errazu Rubio (1840-1904) fue mecenas y coleccionista de una familia de grandes empresarios españoles que hicieron fortuna en México y terminó viviendo en París. Errazu proyectó su panteón para el cementerio de Père-Lachaise, célebre camposanto por dar sepultura a mitos culturales. Encargó el diseño de su mausoleo al escultor francés Mathieu Meusnier (1824-1896). Debía hacerle también una propuesta de esculturas que decorarían la arquitectura. Lo que el escultor ideó no le convenció al empresario. “Encontró las esculturas de mármol de poca calidad”.
El artista fallece y no completa el proyecto, Errazu aprovecha para encargar a otro cuatro grupos escultóricos para su túmulo funerario. E insiste en la calidad del material. Durante más de un siglo, las esculturas se han atribuido a Meusnier, de quien los catálogos destacan como obra maestra la ejecución de las esculturas de Père-Lachaise… de Miguel Blay (1866-1936).
La serenidad y la seguridad que le daba su experiencia artística parisina, completada y tamizada por el conocimiento del mundo clásicoLa tumba se encuentra en la manzana segunda, calle 56, número 46. Gracias a la investigación de las nietas del escultor catalán (Micaela y Marie-Christine) se aclaró el misterio en 2015, cuando los responsables del Servicio de Cementerios del Ayuntamiento de París escribieron a Marie-Christine Blay para confirmar el error heredado: en el monumento hay un sillar en la parte inferior con la inscripción “Mathieu-Meusnier / INV. & SCLVP”, pero las esculturas de bronce están todas firmadas por Blay.
La escultura Al Ideal, en el centro de la exposición.
La escultura Al Ideal, en el centro de la exposición. 
                               Resultado de imagen de Miguel Blay



Blay modeló y fundió en bronce los grupos de las cuatro esquinas del monumento, que representan a las virtudes teologales y la alegoría de la Inmortalidad. El escudo de armas en la puerta de acceso también. En el panteón está Errazu y esposa, además de seis personas más, entre ellas, Manuel Irureta Goyena, sobrino de Errazu. Sin embargo, la búsqueda de herederos ha resultado infructuosa, quizá porque ya no haya supervivientes. De ahí el estado de conservación del monumento.


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“Los grupos escultóricos tienen tanta calidad que Blay expuso en París, en 1899, en escayola, los de la Fe y la Esperanza, y los cuatro, Fe, Esperanza, Caridad e Inmortalidad, ya fundidos en bronce, en la Exposición Universal de 1900”, cuenta Leticia Azcue Brea, comisaria de la exposición que ha inaugurado el Museo Nacional del Prado, Solidez y belleza, que exhibe los fondos de Blay que tiene la pinacoteca.

ESPÍRITU RELIGIOSO

Aquella Exposición Universal de París fue un hito en la trayectoria de Blay, en la que desvelaba su evolución, desde la fe por el realismo dramático al triunfo de una curiosa espiritualidad simbolista. En su madurez, quiere “transmitir una idea inmaterial de evocaciones religiosas más que la representación realista de la naturaleza”. La Exposición reconoció su trabajo con el Gran Premio (Medalla de honor), galardón poco habitual entre los artistas españoles que ese año compartió con Mariano Benlliure (1862-1947), al que le unía la amistad y varios trabajos compartidos.
“La serenidad y la seguridad que le daba su experiencia artística parisina, completada y tamizada por el conocimiento del mundo clásico, renacentista, barroco y neoclásico adquirido en Italia, se veían reforzadas por la asimilación de las claves expresivas de algunos grandes maestros contemporáneos”, cuenta la comisaria, que ha trabajado con los once dibujos, siete medallas y seis esculturas en poder del Prado.
Niña desnuda, boceto de Nuevos fríos de Blay.
Niña desnuda, boceto de Nuevos fríos de Blay. 
                Resultado de imagen de Miguel Blay




La exposición es consecuencia del Real Decreto que reparte las colecciones estatales, entre El Prado y Reina Sofía, publicada en el BOE en abril de 1995 y ejecutada hace unas semanas. Tanto Al ideal como Miguelito se encontraban en los almacenes del Museo Reina Sofía. Los documentos a los que ha tenido acceso EL ESPAÑOL muestran cómo, en febrero de 2011, los responsables de este museo eran reticentes a mandar Al ideal y Miguelito al Prado como “devolución de depósito”, que es lo que reclamó Miguel Zugaza, director del Museo del Prado, a Manuel Borja-Villel, director del Reina Sofía, el 15 de diciembre de 2010.

Fuente
http://www.elespanol.com

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