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domingo, 22 de enero de 2017

Casa del arte y de los artistas en Europa

Conversación con Soledad Lorenzo

Miguel Ángel Muñoz
A la memoria de José Hierro y Antoni Tàpies, que tantos historias compartimos juntos
Madrid. España. El nombre de Soledad Lorenzo (Santander, España, 1937), es sin duda, no sólo un referente esencial del arte español de la segunda mitad del siglo XX, sino un nombre clave en el arte de toda Europa. Después de 26 años dedicados al arte y a los artistas, decidió cerrar su mítica Galería en la calle de Orfila número 5 en Madrid, donde tantas historias artísticas y culturales convergieron. Desde hace un año, los premios y homenajes se han venido sucediendo: premio GAG de las galerías catalanas, homenaje de Arte Santander, premio a su carrera de MAV (Mujeres en las Artes Visuales), Medalla de Oro del Ayuntamiento de Madrid, entre muchos otros. Su galería ha acogido algunas de las exposiciones más importantes del arte internacional. Desde José María Sicilia, Antoni Tàpies, Albert Ràfols-Casamada, Pablo Palazuelo, Jon Mikel Euba, Julian Schnabel, Jun Uslé, David Selle, Miquel Barceló, Robert Longo, Tony OurslerJoan Hernández Pijuan, Louise Bourgeois, y una larga lista. En 2014 se publicó el libroSoledad Lorenzo. Una vida con el arte (Fundación Arte y Mecenazgo) escrito por Antonio Lucas y Mariano Navarro, que registra la gran trayectoria de Lorenzo en el mundo del arte.
La vida de Soledad está llena de historias compartidas con el arte y los artistas, y también vivió tiempos difíciles, como cuando la dictadura franquista encarcela a su padre, la muerte demasiado temprana de su marido, el cambio de vida de ama de casa en Londres a trabajadora por cuenta ajena con el marchante Fernando Guereta. Tiempo después trabaja para la galería Theo de Madrid: “Un día me desperté y sentí que mi vocación me llevaba a estar más en contacto con el artista que con su obra”,me dice Soledad. Su relación con el poeta Luis Rosales, su amistad con los geniales escritores José Hierro, Francisco Nieva o Juan Carlos Onetti… En fin, un mundo lleno de Arte.
—Soledad, ¿por qué decides cerrar tu galería después de casi 25 años siendo un pilar necesario en el arte europeo?
—Mira Miguel, creo que ya era necesario, llevaba mucho tiempo pensando en ello. Ya hace dos años le pedí a mi amiga Oliva Arauna, que si veían cualquier signo de flaqueza, cualquier atisbo que indicase que se tenía que ir, me lo dijeran. Pero al final vi claramente que era una decisión que tenía que tomar yo. No es que esté cansada ni que crea que me he quedado atrás. Es que he visto que el proyecto estaba hecho y que el tiempo ya es un muro que tengo delante.
¿Es difícil saber retirarse a tiempo? O ¿crees que te costó trabajo tomar la decisión?
—Es importante saber irse en el momento adecuado, cuando todavía estás en forma. Te lo digo —y lo sabes muy bien— sin melodrama ni tristeza, con la frialdad de quien se ha enfrentado muchas veces a situaciones difíciles, y en momentos, muy complicadas. La galería requiere una energía que no quiero que me falte mientras esté abierta. No veo el final como algo dramático y no sé qué haré jubilada; el que busca no encuentra. Yo no sé hacer otra cosa, pero de esto saldrá algo… o no. He vivido y seguiré viviendo para el arte. El futuro no me preocupa. La vida me ha colocado en una posición de la que me aprovecho: no tengo ninguna responsabilidad. Ahora, como sabes, he donado la mayoría de mi colección al Museo Reina Sofía. Este legado está formado por 385 obras de artistas que, en su mayoría, han expuesto en la galería. En total son 90 artistas y el formato que predomina es la pintura, pero también hay escultura, fotografía, obra gráfica, instalaciones y piezas audiovisuales.
Con el cierre de tu galería, es también el fin de una era de grandes galeristas españolas, como Juana de Aizpuru, Helga de Alvear, Elvira González, que se encargaron de abrir el camino para el arte español. ¿Lo crees, Soledad?
—No, cuando yo empecé a dedicarme al arte, no había tantos espacios como los hay ahora. Tuvimos abrir brecha, no sólo con los pequeños coleccionistas, sino también que los museos del mundo vieran a los artistas que manejábamos. Yo necesitaba una galería grande, que en ese entonces no valía cualquier cosa. Tardé mucho en encontrar el espacio que quería, pero sabía que debía de ser un lugar importante. Era lo que hacía falta. Ahora se puede abrir una sala pequeña y ser una joya de galería. Y si tuviera que darles un consejo a las recién llegadas, les diría: En esta profesión prácticamente hay que meterse en el convento, dedicarse en cuerpo y alma, si no, no funciona. Y por supuesto, estar siempre alerta, aprender de tus colegas…
¿Por qué donar casi toda tu colección al Reina Sofía?
—Estoy contentísima de ceder mi colección al Reina Sofía porque es nuestro museo, es decir, es un museo español, pero no sólo eso, es todo el mundo. Lo único que he pedido al museo es que se vean, quiero que las obras estén vivas. He tenido mucho contacto con la muerte —mi marido, mis padres, mis hermanos— y eso me ha hecho amar la vida. El arte ha supuesto muchísimo para mí y sentí que mi obligación era cedérsela al Reina.
Soledad, es curioso que tu colección esté ahora en el Museo Reina Sofía, pues durante muchos tu papel fue formar algunas de las mejores colecciones públicas y privadas… ¿Cómo te sientes?
—Desde luego, mi papel como galerista siempre consistió en crear colecciones para mis clientes, pero no para mí. Yo me fui quedando con algunas obras importantes de muchos artistas que han pasado por mi galería, piezas que me gustaban a mí y a mis clientes no, o que eran demasiado grandes para ellos… Al adquirirlas, nunca pensaba en una colección coherente, sino en mi vida emocional y en mi relación con los artistas.
Quizás uno de los artistas que has admirado a lo largo del tiempo es Antoni Tàpies —tantas historias compartidas, tantas complicidades los tres juntos, ¿recuerdas?—, ¿cómo lo conociste?
Fue gracias al pintor Julian SchnabelUn día vino a la galería y me dijo, “Soledad, quiero conocer a Tàpies”. Para él era uno de los grandes y en él se inspiró en un momento determinado de su carrera. Así que fuimos a conocerle. Schnabel, extrañado, le preguntó que por qué no tenía galería y él contestó, “porque a Soledad no le gusto”. Yo, que soy medio catalana, le dije “ya palarem”Fue una experiencia extraordinaria trabajar con él. Siempre me decía que le montaba muy bien, que elegía muy bien las piezasLa última vez que lo vi, fui a Barcelona, pues tenía programada una de mis últimas exposiciones en la galería. Teresa, su mujer, me dijo que ya no quería ver a nadie. Pero bajó. Creo que me tenía gran simpatía. Yo lo notaba. Le encontré muy cansado de cuerpo, pero lúcido de mente. Ya no podía pintar —bueno, Miguel Ángel, tú lo viste también mucho por ese tiempo—, pero sí dibujar, y me enseñó lo último que había hecho. Le vi muy bien, no pensé que le quedase ya tan poco…
En cualquier caso, reconoce, Tàpies ha sido un privilegiado, ha estado trabajando casi hasta el último momento, aunque tenía la espalda destrozada de pintar en el suelo. Ha vivido hasta el final. Casi todo el mundo del arte a nivel mundial lo admiraba. Pablo Palazuelo decía que Tàpies era el mejor de los pintores. Anish Kapoor quiso conocerle. Coincidieron en Venecia, él en el pabellón inglés y Tàpies en el español y yo les presenté. Era absolutamente admirado, ¿No lo crees?
Fuente
http://www.siempre.com.mx

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