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domingo, 22 de enero de 2017

Magia y poesía en la obra de Remedios Varo


Con un ropaje astral, de material indefinido y luminoso, el “ASTRONAUTA” se desplaza milagrosamente, impulsado por rehiletes mágicos sobre una estrella platina… Imagen fantástica y sublime en la que Remedios Varo invoca la perfección de la belleza.
En “LA LLAMADA”, una extraña criatura se encamina “iluminada” con el cabello enlazado a un astro. Lleva en el cuello un mortero de alquimista y en la mano sostiene un extraño recipiente con él elixir milagroso. La magia alquímica, la alquimia verdadera que no precisamente transforma elementos materiales sino que, ante todo, produce la superación anímica a un nivel espiritual superior, ha permitido que este personaje reciba “la llamada” de algo o alguien que la elige para un suceso secreto o para una vida trascendente. Su resplandor y vivacidad sobrenaturales contrastan simbólicamente con los personajes dormidos o semimuertos que se hallan inmersos en una gran densidad opaca. Contraste de dos “estados del alma”. de dos dimensiones. de dos “realidades”: la mortal y natural y la fantástica de los “iluminados”.
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El mundo mágico-poético creado por Remedios Varo: ese trasmundo fantástico y perfecto donde ocurren sucesos extraños y sobrenaturales, donde desfilan personajes milagrosos que habitan en sitios extraordinarios. Sólo que esta creación fantástica está plena de sentido: no es la invención arbitraria y gratuita sino un trasmundo simbólico y significativo. En la obra de Remedios Varo creación y creencia se confunden: “inventa” las criaturas que “intuye”, y “crea” un mundo en el que fundamentalmente cree; su arte lleva una fe implícita; sus formas pictóricas abarcan un simbolismo místico y filosófico; su perfección técnica se adecua a un contenido esencialmente sublime. Revela una concepción en la que la Belleza, el Bien y la Verdad no son cosas tan distintas.
Y esta concepción corresponde a la tradicional idea del arte (la de los pueblos orientales, y de la antigüedad de occidente, sobre todo) en la que el valor estético no se halla escindido de otros valores espirituales; es la idea tradicional en la que cada arte utiliza una forma de expresión estética pero se nutre de un contenido extraestético: religioso, social, simbólico esotérico, etc. O sea, aquella actitud en la que el arte no es un fin sino un medio (de “purificación”, principalmente) como pudo serlo la alquimia medieval o las matemáticas mismas para los griegos pitagóricos.
En este sentido, el artista, como el científico o el alquimista, fue concebido ante todo como sabio para el cual la moralidad y la cien­cia, la severidad y el juego, la religión y la magia, la música y la astrología tienen un común denominador que los unifica. Por medio de la sabiduría se busca la armonía universal, la liga o trabazón secreta e invisible que sintetiza la diversidad de los fenómenos; unidad armónica de todos los órdenes del ser; armo­nía oculta que se percibe por la contemplación intuitiva que revela el secreto del mundo: religión, descubrimiento del orden trascendente donde los seres se vinculan formando un todo melodioso; consonancia de las esferas, inter­relaciones mágicas y prodigiosas. Es la concepción unitaria donde el mundo no está escindido en cantidad y cualidad, en espacio y tiempo, en cielo y tierra, en espíritu y materia. Mundo de intuición en el que se trascienden las contradicciones y todo aparece animado. El “Juego de Abalorios”, pauta musical donde se combinan los elementos más disímiles para descubrirlos en su semejanza armónica. Es la unidad de todas las facultades humanas: razón, intuición y voluntad que se dirigen en consonancia para atisbar la consonancia universal, misteriosa, velada a los ojos profanos. Mezcla secreta de todos los padres: ciencia, religión y técnica, que integradas, provocan una visión extraordinaria de la realidad.
Y el arte de Remedios Varo es ante todo un arte sabio. Contiene un mundo y expresión ambiguos que revelan cómo la máxima sabiduría es un juego y cómo en el juego se conjugan el anverso y el inverso del mundo: Jue­go poético en el que se enlazan armónicamente los más diversos elementos: símbolos y fórmulas del magicismo esotérico con estructuras y formas del medievo cristiano; una atmósfera ascética y severa pero teñida siempre de humor; lo maravilloso y la ironía; sabios encuentros y transformaciones, combinaciones paradójicas, tramas ocultas de los “oficios” trascendentes, sucesos disparatados, objetos animados por una inteligencia secreta… la presencia sabia y silenciosa de los gatos. La pintura de Remedios Varo está más próxima a las viejas concepciones de la creación que a las contemporáneas; es un arte semejante a la alquimia o a las matemáticas pitagóricas: a través de él pretende expresar la armonía sublime: combina magia con mecánica, geometría con simbolismos místicos, humor con poesía. El resultado de este “arte alquímico” se expresa en esas telas de prodigios, de misterios, de criaturas celestes, de sucesos insólitos, de formas “imposibles” donde todos los elementos revelan un orden fantástico, “superior”, distinto del natural, donde se presentan lazos y combinaciones de una sabia perfección. Pinturas, a la vez, trabajadas con esmero técnico extraordinario para lograr esas densidades preciosistas, esas transparencias de joyas; electos cristalinos, proporciones sublimes, atmósferas sobrenaturales. Calidades técnicas nacidas de una tarea lenta y amorosa, matices de artífice: un estilo perfeccionista emparentado con las viejas escuelas y enriquecido a la vez con un oficio personal.
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Pasando por el “filtro milagroso” de la sensibilidad y sabiduría de Remedios Varo, el mundo “real” se transfigura en un mundo fantástico y sublime. Ha surgido “otra” realidad más perfecta y en ella se refleja un orden que la artista cree más verdadero y más real que el orden habitual que descubre la mente; ir más allá de la razón intelectual por la intuición poética, es trascender a otros ámbitos donde la ciencia y la fe, la razón y la imaginación no se contraponen, sino que conjugadas ayudan a percibir cómo ocurre lo “imposible”: es percibir la realidad de lo fantástico expresada en imágenes que revelan la belleza “sobrenatural”.
En este sentido, desde luego, la obra de Remedios Varo deriva de su inicial filiación con el grupo “surrealista en tanto que éste, en su tendencia originaria, abría nuevas perspectivas en la concepción habitual del mundo; trascendía el conocimiento mental lógico y llegaba a aprehender, más allá de las leyes causales, los vínculos “irracionales” que muestran el inverso de la realidad; rebasaba el mundo de lo científico posible para captar el mundo de lo “imposible” fantástico. Sin embargo, el trasmundo maravilloso de Remedios Varo, alcanza una significación propia que difiere en mucho de los caminos seguidos por el surrealismo ortodoxo en la realización de sus proyectos revolucionarios. Lejos de querer eliminar la conciencia y la mente, de pretender ser expresión del inconsciente onírico o de dar imágenes de lo espontáneo subjetivo, parece que la pintura de Remedios Varo es profundamente racional. Es expresión, incluso, de una racionalidad “superior” que elimina las contradicciones; se dirige a imágenes de intuición donde no se excluye la conciencia y por ello, quizás, su valor pictórico es inseparable de un valor “literario” o filosófico. En este aspecto es, inclusive, una pintura “intelectual”: sus cuadros están “pensados”, sostenidos por un cúmulo de diversos conocimientos y también por el aprovechamiento de algunas ideas científicas: se vale de la mecánica, de la astronomía o de la física, buscando en. ellas ese “punto vulnerable” donde la ciencia misma -al menos teóricamente- revela la existencia de “otros mundos” fantásticos, donde la ciencia misma se torna poética.
Por otra parte, la pintura de Remedios Varo, por evocar ese orden “superior” y maravilloso y sobrenatural, está lindando con el misticismo en su sentido más profundo y original que es intencionalidad hacia lo no manifiesto, hacia lo sagrado, hacia los poderes primarios y secretos que sólo la feo la intuición revelan. Y ahí, donde se encuentran poesía y misticismo se sitúa la obra de Remedios Varo, ese trasmundo a veces celeste, como el de sus seres astrales, a veces mágico, como en sus “hacedores de milagros”, a veces estáticos como en sus “revelaciones”. Pero siempre un mundo poético donde la fantasía es belleza por ser perfección.
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Su dominio técnico en el dibujo. el color, las texturas, la luminosidad, las proporciones, etc., pretende sobre todo adecuarse a las exigencias de ese trasmundo superior de magia y sacralidad que necesariamente tiene que representarse con perfección. Por ello las formas o estructuras adquieren esa peculiar expresividad, esa atmósfera sobrehumana , en la que los rostros se nos aparecen neutros, “inexpresivos” precisamente porque están expresando ese estado espiritual de unidad interior siempre sublime; son criaturas neutras por ser sobrehumanas, por haber trascendido las diferencias, por desplazarse en un ambiente ultraterrenal, de hechizos y encantamientos.
Preocupación por lo invisible que artísticamente se vierte en poesía. El mundo que evoca Remedios Varo con un “tercer ojo”, sabio y humorístico, imaginativo y poético que llega a percibir lo insólito, lo sublime, lo milagroso, llega a ver cómo los objetos se penetran y se animan; cómo los vestidos se transforman adecuándose al deseo o a la necesidad; cómo se realizan la magia y la alquimia supremas; los vampiros se tornan “vegetarianos”; los adoquines se elevan: lo imposible, lo no habitual, ocurre con una naturalidad en este tiempo distinto, en la intuición fantástica de otras dimensiones.
Poder concebir y plasmar sabia y poéticamente este trasmundo milagroso colmado de misterios, es privilegio de Remedios Varo; resultado de una sensibilidad “sobrenatural” y un medio de expresión “mágico”; mezcla secreta de poderes: creación poética y sabias creencias.
>>Texto extraído del número 23 del Suplemento “La Cultura en México” de la Revista Siempre!, en el año de 1962>>
Fuente

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