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lunes, 2 de enero de 2017

Perú pierde importantes cuadros en subasta de arte

  • Perú pierde importantes cuadros en subasta de arte
    Durante la subasta realizada en Londres, “El mercado de la independencia en Lima” ( 1843 ) fue vendido en poco menos de un millón de dólares. Cifra inalcanzable para la delegación peruana.

  • Coleccionistas chilenos compraron cuatro lienzos del alemán Juan Mauricio Rugendas que retratan la Lima del siglo XIX









Son cuatro imágenes únicas sobre la Lima del siglo XIX. Un testimonio de incuestionable valor que nos habla de una joven república. En donde las tapadas tienen un papel protagónico, así como los apuestos caballeros que las pretenden, y los infinitos personajes que se entregan a los placeres del mar o de las fiestas populares, todos ellos formando parte de un paisaje de colores vibrantes. Son óleos sobre lienzo pintados por el agudo pincel de Johann Moritz Rugendas (1802-1858), un observador de aquellos países que fue conociendo a lo largo de sus incansables viajes de exploración.
Obras que tendrían que formar parte de un museo peruano, pero que acaban de ser vendidas a colecciones privadas chilenas y a partir de ahora permanecerán ocultas para el público. Sucedió hace unas semanas en la galería Christie’s de Londres, hasta donde llegó una delegación del Museo de Arte de Lima (MALI), encabezada por el publicista Armando Andrade, con la intención de comprar las cuatro obras para su repatriación. Poco pudieron hacer frente a las ofertas de sus competidores del sur, los precios se dispararon y una de las obras, “El mercado de la independencia en Lima”, alcanzó casi un millón de dólares. Cifras impensables para el equipo peruano que había tratado por todos los medios de persuadir a sus competidores sobre su misión.
Triste final para una historia que comenzó en 1821, el año de nuestra independencia, cuando un joven pintor alemán se embarcó en la expedición científica del barón Grigory Ivanovich Langsdorff.
—La misteriosa Sudamérica—
Desde niño, Moritz o Mauricio Rugendas dio muestras de admirables condiciones para el dibujo. Su talento le valió el contrato para viajar a la convulsionada Sudamérica, donde todavía se libraban las batallas por la independencia, para registrar a través de sus dibujos y pinturas un mundo desconocido para Europa. Llegó a Brasil y luego visitó Haití, México, Chile y, finalmente, el Perú. Sus aventuras en cada uno de estos países podrían servir de inspiración a una novela por entregas. Estuvo preso por motivos políticos en México, fue amigo de Andrés Bello y su romance con la escritora chilena Carmen Arriagada quedó impreso en una serie de cartas. Su paso por el Perú fue más bien breve, entre 1842 y 1845. Habría de ser su último destino en América antes de volver a Alemania, donde encontró un lugar como pintor de reyes. Al momento de su muerte contaba con una producción de más de tres mil obras.
Fueron pocos los lienzos que le dedicó al Perú, pero de gran calidad y, sobre todo, con un testimonio que va más allá de lo meramente artístico o pictórico. Son documentos sobre la vida en nuestro país. “Rugendas era un artista alemán interesado en el registro de territorios y paisajes”, nos explica Armando Andrade. “Algo poco común en el Perú de entonces. Teníamos a un Pancho Fierro, pero retrataba las costumbres y los personajes. O un científico como Von Humboldt, que estudiaba cosas muy puntuales y específicas. Y por eso es que estas cuatro pinturas que estuvieron durante mas de cien años en Europa tendrían que haber regresado al Perú. Era una oportunidad única”.
—En Christie’s—
Hace un mes y medio aproximadamente, Armando Andrade se enteró de que estas pinturas de Rugendas se iban a subastar en Londres. De inmediato se contactó con Denise Ratinoff, representante de Christie’s en Chile, quien le confirmó que era cierto y le informó que saldrían a la venta junto con otros cinco cuadros del mismo artista, pero con paisajes chilenos. Era el momento de repatriar aquellas obras.
Lo que sigue es una vertiginosa búsqueda de auspicios y socios interesados en comprar los cuadros para devolverlos al Perú. No fue fácil, pero finalmente aparecieron algunos, en primer lugar la empresa minera Fortuna, que decidió comprar dos de los lienzos y donar uno de ellos (“La plaza de la inquisición”) al museo. “Se sumaron dos coleccionistas más a esta cruzada”, prosigue su relato Andrade. “Estaban dispuestos a comprar los cuadros con la intención de que no permanecieran ocultos, sino que se prestaran por un tiempo extendido al MALI para hacer la debida difusión de una obra que en el Perú no se conoce. Sumamos una cantidad relevante y emprendimos el viaje a Londres”.
Previamente, Andrade intentó negociar un precio con Christie’s de manera que los cuadros no fueran subastados, sino que vinieran directamente al Perú. No era posible, le dijeron. “Eso sí, dos días antes de la subasta nos advirtieron que había un grupo chileno que quería comprar todo el lote”, recuerda. “En ese momento decidimos sumar más dinero y hablar con ellos sobre nuestras intenciones. Poco antes de que comenzara la subasta tuvimos la delicadeza de acercarnos a ellos y explicarles nuestras razones para comprar los cuadros. Pero vivimos en una época en donde el dominio lo tiene el dinero y de nada importan los intereses altruistas. Estuvieron tremenda mente hostiles durante la subasta y no pudimos hacer más”.
De un momento a otro, los precios de los cuadros subieron a cifras inmanejables. Cantidades que el grupo peruano no tenía pensadas. Así perdimos cuatro estampas de nuestro pasado. Hoy los chilenos han negado que hayan comprado los cuadros, así lo han dejado saber a la prensa. “No es así”, señala Andrade. “Nosotros vimos otra cosa. Incluso lo registramos con fotografías. ¿Por qué negadlo ahora? Tal vez por la cantidad de dinero que se pagó por cada cuadro o también por la incomodidad de esa posición tan hostil hacia nosotros. Lamentablemente estos cuadros desaparecerán durante otros cien años más. Todo ha sido legal. Christie’s tiene todo en regla para rematar los cuadros. Los compradores tienen el derecho de comprar, aunque sabían que se trataba de un asunto que iba más allá de enriquecer una colección, que esta era una misión del Museo de Arte de Lima para recuperar parte de nuestra memoria”.
—Epílogo—
Perdimos la jugada. Y sucede porque vivimos en un país donde la cultura, el patrimonio y las artes se encuentran totalmente descuidadas. Sin una política firme al respecto difícilmente podemos superar este tipo de situaciones. Se abre un debate que nos incluye a todos: es necesario crear consciencia sobre la importancia de preservar nuestro patrimonio. No solo perdimos cuatros cuadros de Rugendas, sino que fallamos como país. “Efectivamente, esto abre un debate más amplio que tiene que ver con nuestra participación como sociedad”, afirma Andrade. “La bienal de Venecia, por ejemplo, ha sido resultado del esfuerzo de El Comercio y la fundación Wiese, y con un apoyo parcial del estado. Es obra del sector privado. Y es el sector privado el autor de las colecciones privadas de arte más importantes del país. Hemos ido a Londres para recuperar un tesoro pictórico nacional, pero es una tarea que debería haber hecho el Estado. Es un tema nacional, pero parece que a nadie le importa”, sentencia.
PUNTO DE VISTA

Perú pierde importantes cuadros en subasta de arte
Colecciones nacionales: en busca del tiempo perdido
Por Natalia Majluf
Lo intentamos, pero no lo logramos. Alguien debió registrar la decepción en los rostros de quienes veíamos desde Lima en vivo la subasta de las obras limeñas del pintor alemán Juan Mauricio Rugendas, vendidas en Londres el 15 de diciembre último. Ya es algo que hayamos podido jugar la partida gracias a un grupo de amigos y empresarios que se sumaron al esfuerzo de conseguir para el Museo de Arte de Lima una de esas obras, todas imágenes fundamentales de la cultura visual peruana. Y es una pena porque existen muy pocas pinturas de Rugendas en colecciones locales.
Podríamos hacer una larga lista de artistas relacionados con el Perú o de capítulos enteros de la historia del arte y de la cultura que están ausentes de nuestras colecciones públicas. Y la razón que lo explica es muy simple: en el país no ha habido nunca una política sostenida de museos o de formación de colecciones. Por el contrario, domina el descuido de sitios arqueológicos, colecciones, bibliotecas y archivos públicos. El saqueo, en muchos casos, continua impune hasta hoy.
Es así que, fuera de las piezas arqueológicas procedentes de excavaciones, casi todos los museos del Perú nacen a partir de esfuerzos individuales y aislados. Los nombres mismos del Museo Amano, del Museo Larco y del Museo de Osma dan cuenta de sus orígenes. El propio Museo de Arte de Lima solo logra consolidar sus colecciones a partir de la donación de la Memoria Prado en 1960. E incluso el Museo Nacional de Arqueología, Antropología e Historia, la mayor colección arqueológica del país, nació en el marco de las celebraciones por el Centenario del Perú en 1924 con la compra de la colección formada por Víctor Larco Herrera.
No propongo aquí comprar otra colección para el bicentenario. Necesitamos hacer más. Para el 2021 el país debería haber logrado formular un plan integral de museos y haber definido una política de formación de colecciones. Un proyecto así exige, entre otros, formación de profesionales, la mejora de las capacidades para preservar el patrimonio, apoyo a la investigación, convocatoria a expertos, presupuesto estatal e incentivos tributarios. De que lo logremos depende, en gran parte, que podamos preservar la memoria del país para las generaciones futuras.
Fuente

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