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sábado, 21 de enero de 2017

¿Por qué Simchowitz está dando tanto que hablar en el mundo del arte?

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Stefan Simchowitz nació en Sudáfrica pero reside entre Los Angeles y Nueva York. A sus espaldas, cuenta con una carrera como productor de 15 películas y cortos, incluyendo ‘Requiem for a dream’  y ‘The House of Yes’. También dirigió a grandes fotógrafos como David Lachapelle o Terry Richardson y fue el socio fundador de la empresa distribuidora de fotos Media Vast, la cual fue adquirida por Getty Images. Hoy en día, Simchowitz es coleccionista, conservador y asesor de arte. Todo en uno. Gran voz en los medios de comunicación sociales como Facebook e Instagram, los cuales utiliza como herramienta de ventas, Simchowitz es un importante descubridor de artistas jóvenes y conocedor de artistas que ya gestiona. Algunos de su lista son Marc Horowitz, Lucien Smith, Petra Cortright, Oscar Murillo, Kour Pour y Sterling Rubi, todos ellos grandes promesas del arte actual.
Simchowitz es un blanco deseado entre los críticos y directivos del mundo del arte. Le acusan de promover a artistas jóvenes para triplicar sus precios en un corto periodo de tiempo, vendiendo a su red de clientela rica, que confía en su gusto de una forma implícita. No obstante, ¿no es esto lo que hacen las galerías? Efectivamente, el objetivo del mercado de un artista creado por un galerista es subir sus precios, aunque según estipula el sistema de una forma progresiva, analítica y lógica. En definitiva, el galerista tiene el mismo fin que Simchowitz pero con un ritmo más lento.
A Simchowitz el New York Times le describió como “el Satán de los Patronos del Arte” y Sarah Thornton en una mesa redonda con él presente le describió diciendo que “en términos de estilo y de política sustantiva Stefan es nuestro Donald Trump del mundo del arte. Es un entorpecedor antisistema con una afinidad por los medios de comunicación”. A lo que Simchowitz contestó con humor: “Yo voto por Hillary “.
Numerosas galerías se abstraen de venderle, ya que creen que fulmina la carrera de sus artistas. Sin embargo, también cuenta con importantes fans como el galerista alemán Johann Konig o Marc Spiegler, el director de Art Basel. Simchowitz, como todo hombre inteligente que está en el punto de mira, crece tanto con los halagos como con las criticas, y es fiel a sus ideas. Su modelo de trabajo lo define como una distribución cultural, un ejemplo de cultura democratizada o de buenas prácticas comerciales. Según sus propias palabras: “Creo que los comerciantes de arte quieren explicar a sus artistas cómo de bien están protegiendo sus carreras, pero no lo están haciendo”.
Su empresa se llama Simco Club y sus ideales se definen en su página web de la siguiente manera: “En el  Club Simco acabamos con la mentira y fomentamos la conversación abierta sobre la cultura. No ofrecemos asesoramiento de inversión”. Yo me pregunto: si vende exclusivamente obras de artistas jóvenes, ¿no considerará el valor de inversión que estos puedan tener? Naturalmente que lo considerará, ya que el primero que invierte en ellos es el mismo señor Simchowitz. Afamado o criticado, Simchowitz cuenta con un gran público entre artistas y coleccionistas. Yo misma soy fan suya. Toda persona que tiene una visión comercial distinta dentro de este mercado que termina siendo muy homogéneo tiene todo mi respeto.
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