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sábado, 29 de abril de 2017

El arte efímero de Barceló





Miguel Barceló inaugura en Salamanca 'El arca de Noé', una exposición de su obra con motivo del 800 aniversario de su universidad. Una 'performance' de un mural que 'desaparece' sirvió de presentación.
Cuando el pintor Miquel Barceló, que normalmente no acepta encargos, recibió en su estudio de París al rector de la Universidad de Salamanca, no sabía que aquella visita iba a ser el germen de una colaboración muy especial que ha cristalizado en la gran exposición El arca de Noé, inaugurada en Salamanca por la vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, como preámbulo a los festejos y actividades culturales organizadas por dicha institución para conmemorar sus ocho siglos de andandura.
La Universidad de Salamanca, la más antigua de España de las que aún siguen abiertas, fue fundada en el año 1218, en plena época medieval y, quizás por ello, Miquel Barceló eligió dos dragones («O peces que echan fuego por la boca», dijo) para el logo de los 800 años de la universidad. Éste fue el encargo primitivo del rector y, sin duda, actuó como anzuelo para todo lo que vino después. Y lo que vino es una exposición -en tres lugares distintos de la ciudad- que muestra 80 obras de Barceló, de las que «casi la mitad son inéditas y se ven por primera vez», según dijo el pintor y así lo reconoció Enrique Juncosa, el comisario de la exposición.

"Esta 'performance' tiene mucho que ver con mi obra: observar la desaparición", dijo Barceló


La muestra comprende pinturas, cerámicas, obra gráfica, papel... Diferentes formatos y técnicas que para Barceló tienen la misma importancia. También se complementa con tres bloques de esculturas. La primera, en el patio del Palacio Anaya, se titula Le grand écoteur, de 2015, y representa unas macetas monumentales que se doblan formando una especie de oreja gigante «que no dice nada y todo lo escucha», en sus palabras. En el patio de las Escuelas Menores, un claustro renacentista, se ha implantado una especie de bosquecillo de cerillas usadas de bronce (algunas pesan una tonelada) bajo el título de 14 Allumettes, también del 2015. Y, finalmente, en la zona más popular de Salamanca, en su histórica Plaza Mayor, se levanta Gran Elefant dret, de 2008; un enorme elefante apoyado en el suelo solamente sobre la trompa, escultura que recuerda a la que acompañó sus últimas exposiciones en CaixaForum de Barcelona y Madrid.

«Es una nueva versión, más grande, y en vez de ser oscura tiene un color blancuzco, que me parecía más adecuado para plasmar la ligereza. Además está programada para que, en concordancia con el reloj del Ayuntamiento, al dar las horas lance un chorro de humo», explicó el artista, que sabe que este tipo de esculturas (en donde hay un guiño casi humorístico y cómplice) despiertan la curiosidad del público, que no cesa de fotografiarse junto a ellas. «No sé si eso es bueno», ironizó.
Esta gran exposición, que recorre los lugares más emblemáticos de Salamanca y su Universidad, permanecerá abierta hasta el 1 de octubre y fue inaugurada, ayer, en el Patio del Colegio Fonseca, con una performance titulada La imagen fantasma; un espectáculo de pintura en acción y desaparición.

A las cinco en punto de la tarde, hora muy taurina, Miquel Barceló empezó a pintar, a una velocidad que parecía trabajar a cámara rápida, un amplio mural blanco, colocado para la ocasión. Doce minutos después, y ya cuajado de una tinta especial que descubrió en el norte de Japón, el pintor tomaba aliento, asiento y perspectiva para dejar que el tiempo tomara su puesto y actuara por su cuenta.

Y así, mientas Miquel Barceló se mostraba en un estado de sosiego casi zen, sentado tranquilamente a un lado del gigantesco mural, los músicos Pascal Comelade e Ivan Telefunken interpretaban una melodía sostenida, con tendencia al réquiem. Así, el público comprobaba cómo esa pintura se iba diluyendo lentamente, y al cabo de unos 15 minutos volvía a contemplar el lienzo en blanco, como si nunca hubiese sido tocado por el artista. «La transitoriedad es una de mis obsesiones y de los temas que dominan toda mi obra», señaló el pintor, quien añadió que no ha realizado demasiadas performances en su trayectoria.

Lo de ahora es algo más que un action painting, ya que al espectáculo del trabajo en sí se añade una filosofía. La imagen fantasma la realizó por vez primera en el Museo Picasso de París el año pasado, y hace unos meses en Kioto, en Japón, lugar donde adquirió esta pintura o tinta que se borra al evaporarse el agua. «Esta performance tiene mucho que ver con mi obra: observar la desaparición. Es un buen ejercicio y resulta muy higiénico», dijo el pintor. Sin embargo, el público se quedó asombrado con la creación, con la lucidez y facilidad que mostró Miquel Barceló para pintar en 12 minutos un lienzo de más de 100 metros cuadrados. El pintor empleó brochas, rodillos, trozos de gomaespuma a modo de látigos, pelotas de fútbol y hasta un fumigador para ir llenando con sentido el enorme espacio en blanco. Barceló creó todo un fresco taurino que recuerda vagamente los frescos de las cuevas prehistóricas, algo con lo que Barceló se siente muy cómodo y muy identificado, y marca el estilo de sus últimos años. «Lo mío es como una carrera fulgurante hacia atrás y lo que hago ahora tiene que ver con las obras de hace 30.000 años. Miras hacia atrás para ir hacia delante. Es una paradoja esto de la historia del arte», concluyó el pintor. Y se esfumó. Efímero y eterno, se desvaneció.

Fuente
http://www.elmundo.es

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