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lunes, 23 de abril de 2018

Memorias de lo humano

                Resultado de imagen de Leandro Soto Ortiz






Para Leandro Soto, el arte es una búsqueda constante. (Foto: acn.cu).
Por RAÚL MEDINA ORAMA
Alguien que viaja, aprehende, luego enseña, y de nuevo al viaje. Esa pudiera ser una definición rápida de Leandro Soto Ortiz (Cienfuegos, 1956), quien se desplaza entre países, manifestaciones de la creación -pintura, performance, grabado, diseño escénico…-, y hacia dentro de sí mismo. Regresó al Museo Nacional de Bellas Artes (MNBA), en La Habana, y trajo sus Crónicas visuales, amplia muestra sobre su obra más reciente, devenida del peregrinaje cultural y vivencial por diversas regiones, expuesta hasta mediados de mayo.
El edificio de Arte Cubano no es un territorio extraño para Soto, pues el MNBA atesora casi una treintena de sus creaciones, algunas -como Kiko constructor y La familia revolucionaria (1984)- de gran aprecio entre públicos y crítica. También se guardan piezas suyas en el Center for Cuban Studies (Nueva York, Estados Unidos), y el Museo de Arte Contemporáneo de Michoacán (México), entre otras instituciones.
El artífice fue uno de los integrantes de Volumen Uno, el grupo que hacia la década de los 80 conmocionara la escena del arte contemporáneo en la Isla. Allí compartió espacio con Flavio Garciandía, Tomás Sánchez, José Manuel Fors, José Bedia, Gustavo Pérez, Ricardo Rodríguez, Israel León, Juan Francisco Elso, Rubén Torres y Rogelio López Marín (Gory).
Soto también dejó su impronta en aquella década como iniciador del performance en nuestro país, sin dudas influido por sus incursiones en el ámbito teatral. Desde entonces ha crecido su carrera de casi cuarenta años, cual corredor de fondo por las avenidas del arte, que lo han llevado a museos y galerías de España, Canadá, Brasil, Barbados, México, República Checa, Argentina, Alemania, Perú, Japón, Nicaragua, Jamaica, Italia, India y los Estados Unidos, entre otros. Lo expuesto en la institución de la capital data de los años 90 hasta la actualidad.
Según explicó a la prensa en vísperas de la inauguración, para la muestra seleccionó obras realizadas a partir de sus experiencias etnográficas sobre diferentes culturas. Comentó que no propone creaciones puramente decorativas, pues exige del espectador una actitud y una participación, entregarse y dialogar con el hecho artístico, interactuar.
Con una fuerte influencia de la antropología, sus trabajos integran estudios de varias disciplinas. El resultado de sus investigaciones sobre la estética, materiales, técnicas y temas locales, puede verse en el MNBA, donde exhibe una treintena de tapices o gobelinos. Es la primera ocasión en la cual el autor despliega en un mismo espacio obras nacidas en varios países. Le gusta pensar en la muestra como una gran instalación, una enorme crónica de viaje.
Corina Matamoros, curadora de la muestra, explica el método del artista: “ha explorado comportamientos sociales, cultos religiosos, técnicas artísticas, experiencias pedagógicas  y creaciones artísticas pluridisciplinares en regiones como Tabasco, Nueva Delhi, Búfalo, Arizona, Machu Picchu, Yucatán, Los Andes ecuatorianos, Himalaya, Barbados, Trinidad y Tobago. Soto se encamina a las fuentes originarias, a las regiones donde tradiciones vivas se engarzan sólidamente con un ineludible presente (…)”.
Estudia prácticas e imaginarios locales para producir un gran tapiz sobre la humanidad. (Foto: apocrifa.com.mx).
En algunas obras el apoyo para la pintura es el tradicional sari, ese lienzo de seda utilizado en la India para vestir. En otras, el humilde saco de yute, tan usado en el Caribe debido a nuestra historia ligada a la industria del azúcar. Son creaciones policromas, que escapan de la alusión a un contexto social y político inmediato, pero situadas en las fuentes de muchos de los conflictos de hoy.
“Soto nos recuerda, con la intensidad y riqueza de sus crónicas viajeras, que quizá nos hayamos adormecido un poco con menguadas perspectivas sobre las cosas, olvidando que el hombre es también muchos hombres y el arte nace siempre local”, afirma Matamoros.
El periplo de Leandro Soto es, en definitiva, una búsqueda que lo trae de retorno a sí mismo, para comprender sus orígenes, y los nuestros, anclados como estamos en ese espacio geográfico-cultural, en esta comunión de identidades mestizas que llamamos Caribe.

Fuente
http://bohemia.cu

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