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domingo, 31 de enero de 2016

Reinas y peones: cómo se mueven las fichas del mercado del arte en Chile

"No hay que ser millonario para coleccionar arte", es la consigna del mercado local que ofrece obras para todos los gustos y bolsillos. ¿Quiénes son los más apetecidos? Alfredo Jaar, Paz Errázuriz e Iván Navarro llevan la delantera en una escena donde jóvenes como José Pedro Godoy y Alejandra Prieto también son cotizados.

A fines de los años 70 surgió en Chile un arte disidente que buscaba estremecer y revelar la represión del régimen militar. Al mismo tiempo, los autores se ponían al margen de las prácticas artísticas tradicionales, dejando de lado disciplinas como la pintura y la escultura, y apostando por  nuevos medios, efímeros y difícilmente comercializables como la instalación, la performance y el video arte. Entre esos artistas estaban Alfredo Jaar, Carlos Leppe, Eugenio Dittborn, el Grupo C.A.D.A y  más tarde Paz Errázuriz y  la dupla de las Yeguas del Apocalipsis (formada por Pedro Lemebel y Francisco Casas); los mismos que hoy, casi 40 años después, se han convertido en los artistas más cotizados del mercado del arte local. ¿Cómo sucedió esta especie de paradoja? ¿En qué momento una obra política hecha con fines ajenos a lo comercial, se transformó en un bien de lujo?

Hoy la producción de estos artistas, que marcaron el arte de los 70 y 80, es estudio obligado en las Escuelas de Arte y curadores nacionales e internacionales se interesan en sus piezas para incluirlas en exposiciones retrospectivas sobre la época. Lo mismo ocurre con museos y galerías que quieren adquirir sus obras para sus colecciones. Mientras más validados son sus trabajos por el mundo académico, más suben también sus precios en el mercado: en ferias las obras de este grupo alcanzan hasta los $ 100 millones. En esta categoría también está Iván Navarro y Voluspa Jarpa. En Chile la lista de los artistas más vendidos no varía, pero los precios son un poco inferiores, ya que  los coleccionistas locales suelen adquirir piezas de estos artistas a menor precio, se compra poca instalación, mucha obra seriada y prefieren los formatos más tradicionales. Todavía el coleccionista chileno es más bien conservador.

Bien lo sabe la galerista Isabel Aninat, quien lleva 30 años en este negocio y quien ha logrado con esfuerzo posicionar afuera la obra de Lotty Rosenfeld, adquirida por la Tate Gallery de Londres, y Voluspa Jarpa, quien participó en la Bienal de Estambul y del Mercosur, y en julio tendrá una muestra en el Malba. “Este es un camino largo y difícil, sobre todo si quieres resultados duraderos. Me la juego por mis artistas, invierto tiempo y dinero porque amo el arte y porque creo que hay que luchar para que  el patrimonio cultural de Chile quede acá y no afuera”, dice.

Incentivar el coleccionismo local, tanto público como privado, es la tarea que también ha tomado Camila Opazo, ex directora comercial de galería AFA, investigadora del mercado del arte e hija del Premio Nacional Rodolfo Opazo. Junto a un equipo de expertos, lleva adelante hace más de un año la revista Tonic, donde intenta enseñar sobre coleccionismo y transparentar el mundo de las transacciones artísticas. Lo primero que hizo fue dividir a los artistas según categorías de proyección de mercado, emulando el mundo de los maratonistas: en 42 K, 21 K y 5 K. La lista de factores que afecta la división va más allá de lo estrictamente económico. Están los que más venden, pero también importa cuántas exposiciones han hecho, presencia en ferias de arte (desde Artbo en Colombia hasta Art Basel), Bienales (como la de Venecia o Sao Paulo), si sus obras han sido adquiridas por instituciones de arte públicas,  si han ganado premios o becas, etc. Todo suma a lo que Opazo llama “cadena de valor” de una obra. En general no se trata de cantidad sino de calidad. “En Chile hay una crisis a partir de los 90 cuando entra de lleno el mercado y muchos artistas piensan que mientras más obras tengas en tu taller y exposiciones hagas, más vendedor y taquilla puedes ser, y eso no es tan así. En el fondo hay artistas que quieren jugar Metrópolis, pero esto no tiene que ver con conquistar territorios y hacerte casas millonarias; es más como el ajedrez, mover tus peones según un camino bien pensado para conquistar a la Reina”, señala Opazo. 



El valor simbólico
Entre los artistas de mediana trayectoria (21 K) que más venden en Chile y además tienen una buena proyección están, entre otros, Alejandra Prieto, Isidora Correa, Andrés Durán, Enrique Ramírez, Patricio Vogel, Cristián Salineros y Gianfranco Foschino. Sus precios van de los $ 400.000 a sobre los $ 17 millones, para grandes piezas e instalaciones. Mientras que entre los más emergentes (5 k) se encuentran últimamente Francisco Peró, María Edwards, Grace Weinrib, Carolina Illanes, Nicolás Sánchez, Sebastián Mejía, Juana Gómez, Javier Toro-Blum y sus obras pueden costar desde $ 70 mil a algo más que $ 2 millones. Todos son representados por galerías locales como Isabel Aninat, Patricia Ready, Die Ecke, Co galería, Isabel Croxatto y AFA. “Es esencial para todo artista tener representación de galerías y sobre todo si estas hacen bien su pega de ayudar a difundir la obra dentro y fuera de Chile. Existen varias que no lo hacen”, señala Opazo.

Pero más allá del circuito de galerías también hay un mercado de artistas autogestionados, quienes venden mucho en talleres o ventas de arte independiente. Llamativo es el caso de la Cooperativa SXC, compuesto en su mayoría por artistas de los 80, sobre los 40 años, como Coco González Lohse, Bruna Truffa, Rodrigo Cabezas, Marcela Trujillo, Mario Soro, Klaudia Kemper y Enrique Zamudio, quienes hacen una exitosa gestión vendiendo sus trabajos a precios accesibles, entre $ 300 mil y $ 1 millón y medio,  sin embargo la proyección internacional es escasa.  “En su momento representaron al Neo pop chileno, que nunca se tomó en serio por ninguna galería; sin embargo son piezas clave en la historia del arte local que no hay que dejar de atender”, dice Opazo. Algo similar sucede con la obra de Samy Benmayor y Bororo, artistas que en los 80 hacían furor y que hoy aún trabajan al alero de la galería Trece. Si bien su mercado sigue siendo ágil, porque tienen coleccionistas fieles, sus precios no suben de los $ 7 millones y mantienen obras históricas importantes  guardadas en sus talleres en lugar de colecciones públicas.


                                                             Gonzalo Cienfuegos 
Por otro lado está el caso de pintores como Gonzalo Cienfuegos o Carmen Aldunate, quienes tuvieron gran éxito en los 90, pero no lograron posicionar su obra fuera, y se mueven en un círculo de compradores acotado, con precios que tampoco han tenido movilidad y llegan a los $ 10 millones. 

          
                                                     Carmen Aldunate
“El mercado es cíclico, igual que la economía, y puede que tu obra alcance altos precios en un momento, pero si no la cuidas, si no eres cauto y empiezas a producir a destajo, terminas matándola tu mismo”, dice Sergio Parra, coleccionista y dueño de galería Metales Pesados, que debutó en 2014  en Merced. “Hay mucho interés en el arte chileno afuera, hoy muchos curadores extranjeros vienen e invitan a chilenos a exponer y eso aumenta el valor de una obra. Sobre todo entre los jóvenes han aparecido artistas muy interesantes que están internacionalizando rápidamente su obra. Es importante que el coleccionista chileno apueste por ellos ahora, es una inversión a futuro”, agrega Parra.


En el último tiempo, entre los jóvenes, han aparecido pequeños fenómenos  de venta como el pintor José Pedro Godoy, quien vende grandes lienzos entre los $ 3 millones y los $ 17 millones, precios bastantes altos para su trayectoria, o más aún, las pinturas de Guillermo Lorca, que parten en los $ 14 millones. Ambos treintañeros son representados por Yael Rosenblut. El caso de Godoy se explica a través de su propia pintura: de colores vibrantes, pincel virtuoso y temáticas enfocadas en el mundo gay, su obra se mueve dentro de un círculo cautivo y fiel de compradores, también cercanos al escritor Pablo Simonetti,  con quien Godoy acaba de realizar su unión civil.






 En tanto lo que sucede con la obra  de Lorca, quien en 2014 tuvo una muestra en el Museo de Bellas Artes, es más difícil de precisar. “Su mercado en Chile ha caído, porque sus precios se han elevado muchísimo. La verdad no tengo explicación y es un caso que observo atenta. Me parece que ambos responden más a un criterio de valor simbólico en su pintura, en el sentido de lo que representa para sus seguidores. Es lo que tiene de impredecible este mundo en cuanto se trata finalmente de llegar a fascinar al público. Tiene que ver más con la pasión que despierta que con la inversión que puedes lograr comprando una obra. Es lo que busca un verdadero coleccionista, la idea y el sentimiento que el trabajo transporta y eso siempre es incalculable”, resume Opazo.
Fuente
http://www.latercera.com

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