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martes, 16 de febrero de 2016

Delacroix, por parejas


The Death of Sardanapalus' (réplica reducida), Eugène Delacroix 1846. Philadelphia Museum of Art, Pennsylvania



En la primera sala se exhibe, en solitario, sin pareja, un autorretrato del artista con gesto desafiante, de 1837, cuando tenía unos 38 años de edad y ya había roto con el academicismo francés de dominar el monocromo antes de meterse con los colores. La primera sala en la que él mira con seguridad a su alrededor contiene obras de Édouard Manet, Paul Cézanne, John Singer Sargent y Odilon Redonintercaladas y relacionadas con las de Delacroix bajo el enunciado de Cézanne: "Todos pintamos con el lenguaje de Delacroix".


Christopher Riopelle, comisario de la exposición Delacroix y el emergente arte moderno, cuenta que "Delacroix no sólo ejerció influencia en sus contemporáneos, sino que varias generaciones de artistas posteriores fueron devotos a su manera de pintar". La forma en la que exponen las 60 obras de arte de Eugène Delacroix (1798-1863) y otros artistas provoca la inevitable comparación. Cuadros en parejas, uno del maestro o artista influyente junto a otro del alumno o pintor influido, por llamarlos de alguna manera.

La segunda sala presenta una serie de obras que hizo el pintor durante o después de su viaje a Argelia en 1832. La estancia de seis meses generó una serie de imágenes de fuerte colorido que en esta muestra se presentan al lado de otras de Pierre-Auguste , Theodore Chasserian o Edgar Degas. Temas y escenas orientalessobre las que el comisario explica que "los artistas franceses se desplazaban al sur de Francia para conocer cómo era el color y la luz de África. Al regreso de Delacroix del continente africano se dieron cuenta a través de sus pinturas de lo que eran colores vivos y luminosos".




'Pietà', Vincent Van Gogh, 1889. Van Gogh Museum (Vincent Van Gogh Foundation), Amsterdam.

La vivacidad de los colores llega a su máximo esplendor en la sala tercera de la muestra dedicada a flores, ramos y manojos de vegetación, del artista influyente y de Gustave Courbet, Paul Gauguin, Vincent van Gogh, Odilon Redon o Frederic Bazille entre otros. De los bodegones, o rozando el género, se pasa a la sala cuarta con la pintura religiosa en la que La barca roja de Redon hace pareja con Cristo en el mar de Galilea, de Delacroix, con el elemento común del mar. La Piedad, de Van Gogh, o un llamativo San Jorge y el dragón, de Gustave Moreau, acompañan el tema religioso mientras el recorrido continúa en los géneros tradicionales.

Los paisajes de la sala quinta introducen a los impresionistas y la influencia de Delacroix en el arte moderno que empieza a justificar el título de la exposición. Los olivos, de Van Gogh, El puente de la Heve, de Claude Monet, y escenas de Cézanne preparan el terreno para el colofón final de la muestra que desemboca en la sala sexta titulada Color, música y utopía con artistas ya catalogados como modernos como Wassily Kandinsky, Henri Matisse, Paul Signac y Paul Gauguin. Pero estas obras cuelgan sin pareja, sin alguna que las acompañe del artista influyente. Tan obvios que son los paralelismos en las primeras salas, en la última, con el surgimiento del arte moderno, Delacroix se ha quedado atrás. No obstante, en la pared reza una de sus frases: "Oh, jóvenes artistas, queréis un tema; todo es tema; el tema sois vosotros mismos". La exposición estará abierta del 17 de febrero al 22 de mayo en la National Gallery de Londres.

Fuente
http://www.elmundo.es


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