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domingo, 7 de febrero de 2016

En un solo espacio, todos los meridianos del presente

Cuatrocientas obras componen "Diagonal sur. Arte argentino hoy", en el C. C. Borges. .






Los principales artistas argentinos contemporáneos, en una de las megamuestras imperdibles del año.


El arte contemporáneo brilla en todo su esplendor en Diagonal sur.Arte argentino hoy, la gigantesca muestra con cuatrocientas obras de artistas argentinos actuales que acaba de inaugurarse en el Centro Cultural Borges. Con producción general de Lía Cristal y curaduría del francés Philippe Cyroulnik, los trabajos pertenecen a la colección del médico cirujano Esteban Tedesco, antiguo conocido en el mundo del arte local y uno de los principales coleccionistas del país: esta exposición representa sólo un tercio de su colección.
Pero el curador, Cyroulnik, también es un viejo colega de los artistas argentinos: desde que comenzó a viajar a nuestro país a fines de los 80 (Jorge Glusberg por entonces pesaba, cuando Cyroulnik vino por primera vez como jurado del Premio Gunther, luego volvió en reiteradas oportunidades), comenzó a llevar obras de artistas argentinos a Europa para exponerlas en ciudades y espacios importantes. Recordemos que a fines de los 80 y comienzos de los 90, el arte nacional todavía no había pegado el salto al mercado internacional (y el arte latinoamericano recién estaba comenzando a hacerlo). Por eso estas acciones de Cyroulnik fueron tan importantes, tan pioneras, para los artistas locales. Y por eso él es una figura significativa y querida dentro del desarrollo de la escena nacional.
Con más de ciento veinte artistas pertenecientes a tres generaciones, la muestra ocupa todas las salas del Borges.


“Se trata de una exposición amplia”, explica Cyroulnik, “testigo de la extraordinaria vitalidad y variedad de los artistas locales, quienes empiezan a tener una fuerte presencia en el contexto internacional”.
Respecto del título de la exposición, aclara el curador: “La titulé “Diagonal” porque tiene que ver con la realidad física del país: no es un camino recto, más bien es un cambio de dirección posible, una búsqueda de relaciones”. Por eso, quizás, propone recorrer la muestra sin buscar una cronología ni una historia lineal sino intentando encontrar o elaborar analogías y confrontaciones entre pares de obras vecinas. “En cada sala, ensayo construir asociaciones diversas con las obras”, comenta el curador. Y eso es lo que uno, como espectador, también debe intentar encontrar.


Hay tantas obras en esta muestra, y muchas de tanta importancia, tan variadas y complejas, que es difícil reunirlas bajo un único tema curatorial. Cyroulnik menciona, al contrario, varios temas tratados a lo largo de la exposición, a través de las cuatrocientas obras: el cuerpo (en las obras de Marina De Caro, las fotos de Sebastián Ingrassia, de Marcos López, las pinturas de Leonel Luna, la instalación de Gabriel Chaile); la naturaleza (en la gigantesca mariposa de Andrés Paredes, la reciente serie de fotos-collage de Schoijett); la relación entre los elementos cotidianos y los juegos mentales (puede verse en la obra de Jorge Macchi); una gran presencia de la abstracción (en las pinturas de Pablo Siquier, Fabián Burgos, Sofía Bothlingk, Ramiro Oller); la historia local, la violencia y la dictadura (en las ametralladoras hechas en metal de Juan Matías Alvarez, los carteles de Luciana Lamothe, las fotografías crueles de Marcelo Grosman; la escultura de Diego Bianchi); los sueños (la serie de pinturas de Fernanda Laguna, la pequeña instalación de Eduardo Basualdo). Y hay obras hechas ex profeso para los espacios del Borges, obras site-specific: como la instalación de Carolina Antoniadis sobre una de las paredes, una pintura mural que incluye pinturas antiguas suyas enmarcadas. O la gran pintura abstracta de Fabián Burgos en la entrada de una de las primeras salas grandes, creada a propósito para ese lugar. Mariano Ferrante también realizó un mural in-situ, a pura punta de lápices de colores y grandes y delicados círculos. La pintora Gachi Hasper hizo una colorida e imponente obra para esta exposición.
Hay algunas piezas emblemáticas: el King-Kong de marihuana, de Fernando Brizuela; el autorretrato de Rosana Schoijett con Luciana Salazar (de 2005); el bote de Luciana Lamothe con tubos de luz; las pinturas-objeto de Lucio Dorr.
¿Pero qué es lo crucial? La gran cantidad de artistas contemporáneos y la heterogeneidad de las oobras trabajos. Tanto para los especialistas como para los amateurs y curiosos, significa una muy rica e inmensa puerta por la que entrar de una sola vez al arte local. Eso sí: vaya con tiempo, el conjunto es intrigante.

La obsesión de coleccionar
A los 18 años Esteban Tedesco compró su primera obra de arte: una pintura de Octavio Pintos. Aunque tal vez no fuese del todo consciente, daba así el puntapié inicial para convertirse, con el tiempo, en un coleccionista y patrocinador de artistas. Hace más de 20 años que este cirujano plástico invierte tiempo en la belleza: la que devuelve a sus pacientes a través del bisturí y la de las artes plásticas.
Cuenta ya con un acervo de 1800 pinturas, esculturas y piezas diversas que, como devolución de su ayuda a los artistas en sus primeros pasos, éstos le han donado, según contó él mismo a Clarín durante el montaje de la muestra que hoy puede verse en el Centro Cultural Borges.
Tedesco es un hombre tímido; luce un tostado de playa caribeña y se advierte en él a un hombre interesado en el arreglo personal. Una recorrida por los nombres de su colección permite inferir que ha tenido ojo e intuición: Jorge Macchi, Silvana Lacarra, Luciana Lamothe, Elisa Strada, Pablo Siquier, Marina de Caro, Nicola Costantino, Mauro Koliva, Sebastián Gordin, Tomás Espina… Muchos de ellos con un trasiego internacional y una obra de excelencia.
El coleccionista elude contar con qué criterio fue armando su colección. Pero sí dice que “en ocasiones preferí pagar un pasaje a un artista, o un alquiler a otro que lo necesitaba, antes de viajar. Me gusta viajar y ver arte”. Hasta una obra de la primera época de Charlie Nijelshon tiene en su colección.


Claro que su vocación artística, quizá frustrada, no se detiene en la pintura. También ha comprado esculturas de gran porte y ha participado con algunas piezas de su colección en la última Bienal de Arte de La Habana.
Además, como un bonus track, atesora una extensa colección de historietas, género que ha adquirido una gran repercusión en los últimos años. “Tengo originales maravillosos de Caras y Caretas”, dice aClarín.

Parte de la obra propiedad de Tedesco está guardada en depósitos sellados a cal y canto. Y lo único que pudo saberse es que el Centro Borges conoce la totalidad del acervo y alguna vez lo ha tenido en sus propios depósitos.
Un dato: las obras de gran tamaño son parte de los gustos de este singular coleccionista. A estar por buena parte de la que integra la exposición “Diagonal Sur. Arte argentino hoy”, hay que reconocerle una mirada proyectiva y mucho olfato.
Fuente
http://www.clarin.com


                                                                                                                                                                       

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