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viernes, 16 de marzo de 2018

El cerebro volcado de Francesc Torres

               Presenta en el MACBA La campana hermética



Vista de la exposición "Francesc Torres. La campana hermética. Espacio para una antropología intransferible", 2018. Foto: Miquel Coll
Vista de la exposición “Francesc Torres. La campana hermética. Espacio para una antropología intransferible”, 2018. Foto: Miquel Coll

A mediados de 2008, hace ya una década, el MACBA dedicó a Francesc Torres la retrospectiva “Da Capo”, en la que analizaba cómo este artista catalán, que ha desarrollado buena parte de su carrera fuera de España, se ha servido de instalaciones y obras multimedia a la hora de proponer reflexiones sobre cuestiones políticas y culturales. No ha permanecido ajeno a la poesía ni al dibujo y ha empleado asociaciones de objetos como paso previo a la síntesis del vocabulario que después desarrolla en esas instalaciones y esculturas y que, en muchas ocasiones, remite al lenguaje visual de los medios de comunicación.
El título musical de aquella muestra -que le valió el el Premi Nacional d’Arts Visuals en 2009- aludía a la voluntad de Torres de reiniciar la ejecución de su obra desde el principio, pero el regreso del artista al mismo museo barcelonés, más que un repaso a su producción reciente, nos propone una inmersión en los objetos que pueblan el universo creativo del autor, que si hace escasos meses presentaba en el MNAC una instalación multimedia inspirada en la colección de ese centro, ahora lleva al MACBA otra que, tras su exhibición, pasará a formar parte de sus fondos. Se trata de La campana hermética. Espacio para una antropología intransferible, una revisión de su archivo personal que se presenta en la torre del edificio de Richard Meier y que nos invita a interpretar cada una de las piezas reunidas (más de 3.500 entre juguetes, imágenes y materiales varios acumulados por Torres a lo largo de su vida) como su punto de partida a la hora de materializar proyectos críticos dedicados al poder o la memoria, la historia, la sumisión y las ideologías. Decimos acumulados, que no conscientemente atesorados.
Además de interpretarlos como parte de sus procesos creativos, podemos considerar estos objetos testimonios de sus vivencias, e incluso documentos de carácter antropológico relativos a un individuo particular pero también a nuestra época. Componen en el MACBA un gabinete de las maravillas contemporáneo en el que piezas aparentemente banales en otro contexto cobran aquí, unidas y musealizadas, valor simbólico y el potencial para haber generado – y continuar haciéndolo – pensamiento abstracto.
Como os contábamos, finalizada la exposición, La campana será donada al centro como primer paso para la posterior donación al mismo museo del resto de obras y materiales que conforman el archivo de Torres -un archivo distinto a los convencionales, en el que cobra peso la cultura material frente a las obras, los libros y documentos-, pero, mientras dure la muestra, no la veremos completa, porque irá completándose paulatinamente hasta septiembre. Concebida como proyecto específico para la citada torre de Meier, incluye, como obra de bienvenida, una pintura de gran formato de Santiago Ydáñez en la que aparecen retratados Molotov y Stalin en la Conferencia de Yalta junto a un Torres obviamente aún no nacido.

Vista de la exposición "Francesc Torres. La campana hermética. Espacio para una antropología intransferible", 2018. Foto: Miquel Coll
Vista de la exposición “Francesc Torres. La campana hermética. Espacio para una antropología intransferible”, 2018. Foto: Miquel Coll

Esa ironía introduce al visitante en una campana que quiere ser cerebro, representación de un imaginario en el que conviven tesoros y despojos hechos recuerdo que fueron desencadenantes de ideas críticas hacia la contemporaneidad o que son huellas de vivencias personales del artista. Unos y otros objetos se han dispuesto en cinco torres en las que se nos presentan los temas que han marcado tanto la producción de Torres como sus textos, pero no se exhiben aisladas, sino enlazadas por pasarelas, comunicadas como lo están las neuronas por sinapsis.
¿Y cuáles son esos objetos? Huesos tallados diminutos, una figura de Colón meciendo al Pato Donald, mecheros que devuelve el mar, máscaras, maquetas de aviones y barcos, coches en miniatura y muchas latas de conservas, algunas recuperadas en la Batalla del Ebro; hay que recordar que la Guerra Civil es uno de los asuntos más presentes en su producción y también en sus exposiciones. No faltan tebeos, sellos ni libros. Componen el 80% de lo acumulado por Torres, que ha revisado y clasificado el conjunto en un proceso catártico que ha tenido mucho de balance. El resultado es lo más parecido a un retrato inesperado cuya interpretación supone un reto, o a una disección médica.

Vista de la exposición "Francesc Torres. La campana hermética. Espacio para una antropología intransferible", 2018. Foto: Miquel Coll
Vista de la exposición “Francesc Torres. La campana hermética. Espacio para una antropología intransferible”, 2018. Foto: Miquel Coll



“Francesc Torres. la campana hermética. Espacio para una antropología intransferible”
Plaça dels Àngels, 1
Barcelona
Del 10 de marzo al 11 de septiembre de 2018

Fuente
http://masdearte.com

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