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martes, 12 de enero de 2016

Nadie apuesta por los artistas jóvenes (excepto ellos mismos)

Una artista ultima los detalles de su obra. 
La falta de ayudas y la crisis agudizan el ingenio de los nuevos en la industria cultural: ellos se lo guisan, y se lo comen

Ya sea en espacios de 'co working', o en espacios digitales, proliferan las pequeñas galerías subvencionadas con micro mecenazgo


Parece que el mundo del arte siempre ha estado tocado de muerte en una perpetua agonía. "Hijo, no estudies Bellas Artes, que no tiene salida". Pero tras unos años de crisis, de no ver luz al final del túnel, hay que liarse la manta a la cabeza. Y si no hay salida, te la construyes. Si no me expones los cuadros, ya me los expongo yo. Son jóvenes, artistas y audaces, y quieren hacerlo a su manera.

La Carbonera




Coños de pan. Con la misma masa madre que su familia de panaderos utiliza para producir alimento material, Berta López decidió un día crear alimento espiritual. Coños de pan hechos con las sobras de la panadería familiar y cabellos de la peluquería donde le cortaban el pelo de pequeña, cuando no había tenido una cresta morada, ni el cráneo rapado, ni la melena rubia blanquecina que lleva ahora.
Y con los coños de pan llegó su primera exposición individual. Y su traslado a Madrid, a la tierra prometida y a pesar de recibir premios y menciones encontrarse con un muro alto, rígido y estático que nunca deja pasar al otro lado.
Y en el intento de saltar el muro, tropezar con otros dos artistas argentinos afincados en España, Agustín Miguélez y Agostina Florini, y entre los tres dar a luz a La Carbonera. "Como artistas hemos vivido la situación de encontrarnos con galerías que ofrecen unas condiciones muy malas", lamenta Agostina. "Si no tenés trayectoria porque sos un artista emergente o si no tenés la plata para participar es muy complicado abrirse camino".
Los tres se quejan de que la mayoría de espacios prestan sus paredes a cambio de mucho dinero o de obras del artista o de porcentajes abusivos de los beneficios de las piezas vendidas. Y contra ese sistema intenta luchar La Carbonera, como un David frente a los innumerables Goliaths de las galerías tradicionales. "Lo que a nosotros nos interesa más que todo es difundir la cultura y darle la posibilidad a quien no puede conseguir un sitio", resume Agustín.



La Carbonera, que recibe el nombre del primer local sede de la asociación, nació en marzo de 2014, casi por generación espontánea. "Vimos por Facebook un anuncio de un local en Malasaña y lo cogimos", explica Berta. "Fue una locura de mes porque hubo que limpiar, inaugurar, convocar a los artistas".
Empezaron sin un duro, pagando un alquiler de 500 euros y sin subvenciones de ningún tipo; a los gastos hay que sumar luz, más inauguraciones y exposiciones. Y como tratan de mantener un perfil accesible para no coartar a nadie, La Carbonera no hace muchos dispendios innecesarios.
"Nos hemos dado a conocer principalmente por las redes sociales, porFacebook, y por el boca a boca. También hemos abierto convocatorias en The Art Boulevard -una red online de artistas- para darnos a conocer. Ahora estamos haciendo un trabajo intensivo para que nos conozcan en Usera, de difusión de los talleres; recorremos nosotros el barrio, entregamos los folletos en mano, en asociaciones culturales, bibliotecas o salas de teatro que estén cerca. Un poco a la antigua", explica Agostina.
De momento, folleto a folleto, ponen en marcha un proyecto que acoge a cualquier tipo de artista cuya propuesta les resulte interesante, sin tener en cuenta currículum y sin unas tasas exorbitantes por exponer. "Si lo pensamos, el único trabajador que paga por poder trabajar es el artista", continúa Agostina. Y en La Carbonera se niegan a dejar a nadie fuera y menos por motivos económicos: "Para nosotros la cultura es sumar. No vale el menos es más, cuantas más aportaciones, mejor", sentencia Berta.
Después de unos meses situados en un local del centro, la Carbonera ha conseguido una beca de residencia en los talleres de Espacio Oculto, en el madrileño barrio de Usera.

Espacio oculto




Guillermo, Amaya y Carmela eran amigos de la infancia y siempre habían compartido inquietudes artísticas. Ya pasada la treintena la vida les hizo volver a cruzarse y se propusieron levantar juntos una plataforma de producción y exposición artística.
En un antiguo taller de aluminio abandonado nació Espacio Ocultoun centro de co working financiado gracias a una campaña de crowdfunding y la "ayuda de familiares, amigos y simpatizantes del proyecto", explica Guillermo. Y tras mucha brocha y varias capas de pintura, el taller volvió a cobrar y crear vida.
Al igual que La Carbonera, en Espacio Oculto están abiertos a cualquier persona que busque un espacio para desarrollar la creatividad, en este caso, como estudio de creación. "Nos interesa que venga mucha gente a trabajar y por eso mantenemos precios asequibles que facilitan el trabajo de los artistas, diseñadores o profesiones creativas en general".
Además, dos veces al año, la asociación lanza convocatorias de residencia conbecas y descuentos para artistas y proyectos culturales: "Seleccionamos los trabajos más interesantes y que pueden ayudarnos a mejorar. La intención es crear redes y generar sinergias entre las personas que trabajan en Espacio Oculto", relata Guillermo.



En estos dos años, al antiguo taller ha acogido a más de 50 artistas, como Berta, Agustín y Agostina. En los últimos años han surgido muchas propuestas relacionadas con la gestión cultural en Madrid. Galerías, laboratorios, espacios de trabajo y muchas fórmulas alternativas cada vez más habituales. Eso sí, la mayoría independientes, sin relación con las administraciones.
"Utopic_Us y Impact Hub, dos de los centros de co working más activos de la ciudad, son una referencia a la hora de gestionar el proyecto como espacio de trabajo compartido", admite Guillermo. "Matadero MadridMediaLab PradoCA2M juegan en otra liga pero también nos han servido de inspiración para crear la programación de Espacio Oculto como centro de arte. Además, aprendemos y colaboramos con otras iniciativas como The Art Boulevard, La NeomudéjarTaller Omnivoros o LaZonaKubik".
Sin embargo, esta escasez de ayudas institucionales dificulta la supervivencia de los proyectos independientes, abocados a la precariedad, el desgaste progresivo y, finalmente, el cierre.

Espositivo




Pero no hay que dejarse llevar por el desánimo. En enero de 2014, en el madrileño barrio de Malasaña abría sus puertas por primera vez Espositivo,un espacio de arte desenfadado gestionado por siete amigos de entre 26 y 28 años dedicados al mundo del diseño, el periodismo y la ilustración.
Su enfoque al arte urbano se percibe desde la misma fisonomía del local, de aspecto neoyorquino: vigas, aluminio, cristal y ladrillo visto. Muros de intervención donde, como grafitis, nacen y mueren obras de arte efímeras, lienzos tradicionales, ventanas, vidrios, y hasta puertas de muebles reciclados son los soportes de las obras de jóvenes creadores sin complejos. El vídeo se puede entremezclar con la pintura, la música con la fotografía, cualquier material es válido, no hay reglas.
Poco a poco, y a pesar de las dificultades económicas, Espositivo ha conseguido acoger las obras de seis artistas y una exposición colectiva de fotografía en la que participaron más de 20 retratistas.



Una de las premisas de esta galería es que "la calidad de los artistas está por encima del nombre". "Consideramos la proyección que pueda tener el artista, ya que cada exposición es una fuerte apuesta por esa persona y su obra", explican. "Además, para nosotros, uno los objetivos principales de las galerías es descubrir nuevos talentos y potenciarlos".
Sin embargo, de nuevo aparece el lamento por la falta de apoyo por parte de las administraciones. "En nuestro caso, las ayudas institucionales han sido inexistentes. Espositivo ha surgido de nuestro esfuerzo, tanto económico como laboral, y de nuestras ganas", afirman. "Y aunque a raíz de la crisis han surgido infinidad de proyectos culturales o de arte emergente, no se debe a una apuesta de la ciudad, sino más a la necesidad e iniciativa de gente con ganas de luchar y de ofrecer algo bonito y diferente".

3k ART

Tampoco han recibido un duro los creadores de 3K ART, pero han sabido aprovecharse del tirón de para llevar a cabo su proyecto: "una galería de arteon line que nació con el propósito de poner en contacto a jóvenes artistas con jóvenes curadores, ofertándoles un espacio gratuito en el que realizar exposiciones en Internet y poder darse a conocer".
Carlos Mozas Rueda dirige esta propuesta salida de un grupo de ex alumnos inquietos de Historia del Arte y Bellas Artes de la Universidad de Salamanca. Todos menores de 27 años. Gente con talento, sin miedo y con ganas de lanzarse a la aventura. "Nuestra idea es asentar nuestro trabajo en la red, siendo precursores en el mundo de las galerías on line en España, y mirando hacia un futuro en el que poder abrir un espacio físico, serio y dinámico, sin abandonar el mundo on line", cuentan desde 3K ART.
Y poco a poco lo van consiguiendo con la participación en diferentes ferias de arte contemporáneo -como SWAB Barcelona- y con muestras en diversas salas de exposiciones a lo largo de la geografía española.
En una sociedad que sufre un bombardeo constante de productos audiovisuales a través de la pantalla del televisor, el ordenador, la tableta o el móvil, cualquier persona conectada a Internet puede consumir diariamente miles de imágenes procedentes de cualquier parte del mundo.
"Hoy es posible ver la inauguración de un museo desde casa, o acercarnos a las obras de un artista desde nuestro sofá con una calidad envidiable. Un primer paso para visitar una galería física es haberla conocido antes a través de nuestras pantallas. Conocer sus artistas, sus trabajos o incluso sus recomendaciones, como si de un restaurante se tratase", reflexionan en 3K ART. Una nueva forma de abrir el buffet del arte a todos los paladares.

Fuente
http://www.elmundo.es


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