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jueves, 9 de junio de 2016

LÓPEZ MEZQUITA, JOSÉ Mª



Este trabajo, está dedicado al pintor granadino José María López Mezquita. Estudió en la Escuela  de Bellas Artes de Madrid y completó su formación en el taller del pintor valenciano Cecilio Pla, que fue su maestro más directo e influyente. Su maestría en el género del retrato, le consagró como uno de los pintores más afamados de la provincia de Granada en su época.

Para sus pinceles posaron personajes de la talla de Pedro de Répice, el Conde de Romanones, Machaquito y la Infanta Isabel, entre otros. Recibió numerosos encargos de la Hispanic Society de Nueva York, que le pidió que retratara a los personajes más importantes de su tiempo como Manuel Falla o Juan Belmonte. También se interesó por la pintura social.

José María López Mezquita, (1883-1954), era un pintor español. Nacido en Granada el 23 de abril de 1883, no era ciertamente el ambiente de su familia el más propicio al surgimiento de la faceta artística a la que consagró su vida.

José María López Mezquita inició sus a la  temprana edad de dieciocho años, caso insólito, conseguía una medalla de  primera clase en la Exposición Nacional de Bellas Artes de Madrid de 1901 con su lienzo Cuerda de presos.


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Retrato en la juventud hacia 1904
 
Durante esta etapa, López Mezquita manifiesta, a través de  sus pinturas y desde una perspectiva muy personal, una obsesión luminística  ampliamente compartida en la plástica española del momento. De forma paralela, comienza a desarrollarse el retratista mundano y elegante con obras como Madre del pintor (1904) o Retrato de señora.

En 1915 se instalóe de nuevo en Granada en 1905, tras haber viajado por Bélgica, Holanda, Inglaterra y Francia. Retratista destacado, académico de San Fernando, en 1926 marcha a Estados Unidos, donde permanecerá largos años con breves escapadas a España.


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Retrato en la madurez

Trabajador silencioso y disciplinado, Mezquita nos lleva de lo sencillo y espontáneo a lo consciente, de lo superficial a lo profundo, de la apariencia a la realidad, de la mirada a la visión.

Académico de San Fernando, en 1926 marcha a Estados Unidos, donde permanecerá largos años, con breves escapadas a España.

Miembro de la Hispanic Society -para la que pinta una serie de retratos- lo es también de las Academias de Bellas Artes de Lisboa, Amberes y Cuba. Tras la guerra civil, permanece constantemente en el extranjero, y hasta 1952 no regresa a España, cuando ya su vida está a punto de apagarse. Pero todavía seguirá trabajando, hasta el 6 de diciembre de 1954, cuando moría en Madrid.

Espero que esta pequeña recopilación que he realizado, sea del gusto de los visitantes de esta página.



 


Algunas obras



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La infanta Isabel de Borbón y la Marquesa de Nájera a La Salida de los Toros. 1915. Museo de Historia, Madrid. Obra de José María López Mezquita 


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La hora de la siesta. 1903. Museo de Bellas Artes de Granada. Obra de José María López Mezquita 


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La Juerga, boceto. Obra de José María López Mezquita 


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Garaje y talleres. Acuarela sobre papel. 76 x 56,5 cm. Colección del artista. Zamora. Obra de José María López Mezquita 


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Raíces. Acuarela sobre papel. 50 x 70 cm. Obra de José María López Mezquita 


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Cuerda de presos. Obra de José María López Mezquita. Fue premiado en 1901 con la Medalla de Oro en la Exposición Nacional de Bellas Artes. Perteneció al Museo del Prado, aunque estuvo adscrito al desaparecido Museo Español de Arte Contemporáneo, en Madrid, actualmente se encuentra expuesto en el Museo Reina Sofía de Madrid. Es el cuadro más conocido de la breve obra conocida de este pintor granadino.


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Cuerda de presos, de José María López Mezquita obtuvo la primera medalla en la Exposición Nacional de Bellas Artes con el lienzo Cuerda de presos, cuando aún no había cumplido los 18 años. Esta pintura muestra una escena en la que aparecen varios reclusos escoltados por miembros de la Guardia Civil, caminando por una calle de Madrid y ante la presencia de una pareja de ciudadanos, elegantemente vestidos, que contemplan la comitiva. Interpelando a uno de los guardiaciviles, una mujer de raza gitana, con un niño en los brazos, implora compasión, hecho del que se deduce que pudiera estar emparentada con alguno de los detenidos. Según Javier Pérez Rojas, estudioso de la obra de López Mezquita, en esta pintura se confrontan dos mundos muy diferentes: el de los «ciudadanos de bien» (los burgueses –que miran a los presos entre la curiosidad, la censura y la conmiseración– y los agentes de la autoridad), y los sectores marginales de la sociedad. Asimismo, la obra de Mezquita alude a un conflicto muy arraigado en el imaginario popular español: el enfrentamiento entre guardiaciviles y gitanos, que más tarde sería recogido por el poeta Federico García Lorca, también granadino al igual que el propio López Mezquita.



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El Embovedado. Obra de José María López Mezquita. 1904. Óleo sobre lienzo. 50,5 x 71 cmMuseo Carmen Thyssen Málaga. López Mezquita inicia su andadura artística, al igual que muchos pintores de su generación, como paisajista. El paisajismo había arraigado fuertemente en Granada a lo largo de todo el siglo XIX, siendo impulsado por el «descubrimiento» de la ciudad en las décadas románticas a través de los viajeros y de los pintores extranjeros que, con mayor o menor fidelidad, no dejaron de retratarla. Se dio lugar así a una tradición que iba de David Roberts a Henri Regnault, pasando por Kroyer, Josephson, Dietrichson, Joseph Pennell, encargados por el editor MacMillan de ilustrar los Cuentos de la Alhambra de Washington Irving. Los pintores granadinos de fin de siglo se convertían por tanto en herederos de un antiguo y precioso legado: el de la contemplación de la ciudad a lo largo de todo el ochocientos. En efecto, Granada vio pasar por sus calles a Regnault (1869), Martín Rico (1871), Fortuny (1871-1872) y recibiría en el declive de la centuria a Muñoz Degrain, Rusiñol, Casas y Regoyos. Creó toda una escuela de dibujantes que respiraron en la pintura en plein air.

López Mezquita se inicia en el estudio del paisaje tomando notas y apuntes de la vega granadina y, cómo no, del más ilustre de sus monumentos, la Alhambra, del que nos ha dejado varios lienzos, entre ellos, Patio de los Arrayanes (1904) y Patio de la Reja (1905).

De 1904 es también El Embovedado, una vista de la cuidad en la que se integran y relacionan armoniosamente muchos elementos: algunos edificios, entre ellos uno tan emblemático como la basílica de Nuestra Señora de las Angustias con sus torres y crucero; la explanada de tierra ocre que cubre el cauce del río Darro a su paso por la población y que da nombre a este espacio urbano, «el embovedado», con su exiguo tráfico callejero; los frondosos árboles del paseo de la «carrera» con la visión casi omnipresente de ese glorioso telón de fondo que es la sierra con sus cumbres cubiertas de nieve y que otorga al paisaje de la ciudad algo tan peculiar, y único para todos los que lo contemplan.

Hay una clara intención descriptiva en esta composición, diríamos casi un documento de valor urbanístico de notable utilidad para conocer una de las últimas visiones de esa ciudad romántica que tanto había fascinado a los viajeros y que poco a poco iba a comenzar a desaparecer. Así, Regoyos unos años más tarde nos daría la imagen del profundo cambio que empezaba a experimentar esta misma zona de la ciudad a través de dos hermosos cuadros, Derribos (1910) y Puente de las Angustias (1912). Pero no es solamente ese valor documental, casi topográfico, lo que nos aporta este lienzo; por encima de estos aspectos hay un toque de exaltación lumínica, de intención lograda de captar una determinada hora del día, el feliz relato de un mediodía próximo al verano, con la quietud y el tedio un tanto tenso de una hermosa ciudad de provincias que se encierra en la contemplación de sí misma, y que, como dijo Gavinet, «quedará aprisionada en un círculo tan estrecho su contemplación».

López Mezquita no siguió por ese camino del paisaje a lo largo de su prolífica carrera. Por razones que no es necesario resaltar aquí, pronto se convertirá en uno de los más importantes y solicitados retratistas de su tiempo, salpicando su carrera con esporádicas incursiones en la pintura de género y dejando atrás, anclado para siempre –con alguna excepción al final de su vida– el tema del paisaje, lo que hace aún de mayor interés este cuadro. 



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Retrato de José María López Mezquita por Jaume Morera i Galícia en 1914.



Enlaces interesantes


Ver trabajo dedicado en flickr a López Mezquita

Ver enlace interesante dedicado a José María López Mezquita



PUES ESTO ES TODO AMIGOS, ESPERO QUE OS HAYA GUSTADO LA PRESENTACIÓN DEDICADA AL GRAN PINTOR GRANADINO JOSÉ Mª LÓPEZ MEZQUITA.


Fuentes y agradecimientos: pintura.aut.org, culturandalucia.com, carmenthyssenmalaga.org, museoreinasofia.es, bobandnellasworld.com, esarteespañol.es y otras de Internet
Fuente
http://www.foroxerbar.com

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