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jueves, 21 de julio de 2016

El arte graffitero de Jean-Michel Basquiat









El arte graffitero de Jean-Michel Basquiat


Por Ibis Frade*

La Habana (PL) Jean-Michel Basquiat tenía un nombre ostentoso, pero era un negro nacido en Brooklyn, de padre haitiano y madre puertorriqueña, medio problemático y grafittero.
Créanlo o no, yo realmente puedo dibujar, dijo un día y puede que solo pocos le creyeran.

Ahora su obra alcanza hasta 50 millones de euros en las pujas de Christie's, según divulgó recientemente esa casa de subastas radicada en Londres.

El presidente y director de la sección de Arte de posguerra y contemporáneo de Christie's, Brett Gorvy, señaló que una pieza sin título de Basquiat fue adquirida por un coleccionista de Asia tras una "intensa competición". Además, la cifra supone un récord en la obra del estadounidense.

Cuando era un niño estudió algunos años en una escuela católica. A los 16 años, ingresó a la City-As-School, considerado un centro escolar para adolescentes superdotados, pero de allí lo expuslaron por su rebeldía, justo unos meses antes de graduarse.

No terminó el bachillerato, se fue de casa y vivió sin rumbo ni lugar fijo un par de años, pintando por las noches en los vagones del metro y en los muros del SoHo, barrio neoyorquino famoso actualmente por sus galerías de arte.

A finales de 1970, Basquiat vendió postales y camisetas que él mismo decoraba. Mientras, seguía garabateando las calles de Nueva York con textos satíricos, a ratos filosóficos y con cierta poseía, que llevaban la firma de SAMO.

Un día, The Village Voice publicó un artículo sobre la escritura callejera de este misterioso SAMO y ese fue un primer y muy primitivo indicio de que el mundo del arte se interesaba por él.

En 1979 hasta formó su propio grupo de música, pero ya en 1980 decidió ponerle un poquito más de seriedad a sus garabatos pintados con aerosol en el metro neoyorquino. Ese año apareció su trabajo en una exposición en el Times Square Show, galería de moda y arte alternativo creada en un almacén abandonado del Bronx.

Allí, varios artistas profesionales y graffiteros presentaron sus piezas de forma anónima e indiscriminada, todos mezclados, sin nombres ni rótulos en los títulos de las obras). Después, otras galerías del SoHo abrieron sus espacios para muestras similares y comenzó a verse el grafitti como algo más que una expresión marginal.

En una exposición del Instituto de Arte y Recursos Urbanos de Nueva York, donde Basquiat tenía colgadas algunas de sus obras, conoció a Andy Warhol y quedaron encantados el uno con el otro.

Warhol le abrió las puertas de los circuitos del arte en Estados Unidos y Europa, y le mostró algunas técnicas mecánicas aplicadas a la pintura.

Pero también Basquiat influyó en este ícono del pop, quien admitió que el graffitero consiguió hacerlo crear de una forma diferente. A veces, sus trabajos iban de un estudio al otro.

El muchacho de Brooklyn fue todo un precursor: el primer pintor negro que apareció en la primera plana de The New York Times, el 10 de febrero de 1985. También resultó el más joven que expuso en el Museo Kestner-Gesellschaft de Hanóver, cuando solo tenía 25 años.

Su obra conoció galerías de Europa, de África, de Estados Unidos. Además, de vez en cuando alternaba su trabajo visual, con la producción de música rap y con DJs en los clubes de Manhattan. Algunos de sus músicos favoritos, como Miles Davis, Charlie Parker, Dizzie Gillespie y Billie Holiday aparecen en sus cuadros.

Aunque dicen que trató de abandonar sus adicciones, le gustaban los excesos y la cocaína, y no pocas veces llegaba a las exhibiciones bajo el efecto de algún narcótico, que le disparaban la paranoia y las ideas de persecución.

Madonna, "the material girl", confesó una vez que lo amó y admiró su talentó: Era un hombre impresionante con un profundo talento pero no podía dejar de consumir heroína. La ruptura fue tremenda y Basquiat se llevó todos los cuadros que le había regalado.

Como otros genios atormentados, murió a los 27 años, el 12 de agosto de 1988, por una sobredosis de heroína. Con solo algunos rudimentos de arte y su pasión por el graffiti, Basquiat se coló en el mainstream blanco de las elites y convenció hasta a Andy Warhol.

Tal vez solo cambió las paredes del metro por la de las galerías y así siguió disfrutando de garabatear libremente porque como confesó una vez: "No pienso en el arte mientras trabajo, pienso en la vida".

*Periodista de la Redacción de Cultura de Prensa Latina.

rc/ifb
Fuente
http://prensa-latina.cu

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