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lunes, 3 de octubre de 2016

"El arte ha de ser reflejo de la vida; si no, es cuento"

"El arte ha de ser reflejo de la vida; si no, es cuento"
NEUS MASCAROS
 Zosen, autor de murales urbanos como el del centro cultural el Polidor, en Sant Adrià del Besòs.

Zosen ha pintado junto a 'El Pez' un mural gigante en el edificio del Polidor, en Sant Adrià de Besos, su ciudad de adopción

De padre argentino y madre vasca, Zosen (Buenos Aires, 1978) elige posar en Sant Adrià de Besòs, su ciudad de adopción, donde el artista ha realizado un colorido mural junto a El Pez en el edificio del Polidor. La obra la estrenaron en septiembre, coincidiendo con la fiesta mayor.
-¿Zosen a secas?
-Al principio, me inventé este seudónimo porque hacía cosas ilegales. Y ahora es el nombre con el que trabajo; hasta mis hermanos me llaman así.
-Su familia se instaló aquí en los años 90.
-Mis padres, que ya se habían comido la dictadura militar, decidieron marcharse en 1989, con la hiperinflación de [Carlos] Menem. Como mi madre, nacida en Irún, había tenido que emigrar a Argentina durante las miserias de la posguerra, el regreso fue una manera de cerrar el círculo.
-Y aterrizó en Sant Adrià. Con 12 años.
-Fue duro, sobre todo para mis padres, pero nosotros enseguida hicimos amigos; les hacía gracia nuestro acento y hablar de Maradona. Yo practicaba skate en Buenos Aires; estaba muy arraigado a esa cultura urbana.
-¿Recuerda su primer grafito aquí?
-En el puente del Besòs donde le he mostrado ese mural que poneBarcelona, la millor botiga del món, yo ya había hecho tags en 1991, estampar las firmas y los nombres de la pandilla. Era un movimiento muy de periferia.
-Monopatín y graffiti iban de la mano.
-Aquí mucho más que en Buenos Aires. El modo de vida del skate es estar muy en la calle, de manera que mi paso a los graffiti fue natural. Como trabajaba de cartero mientras estudiaba en la Llotja, caminaba mucho y ya tenía avistados los lugares donde pintar.
-Se metió en algún lío, dice.
-No le negaré que en aquella época los rotuladores se mangaban, porque eran carísimos. Pero los líos vinieron por otro lado.
-Las multas.
-Claro. Al principio, había paredes legales en el metro, pero las barrieron con las Olimpiadas. Si la policía me pillaba, nunca corría; les decía: «No se me ocurriría pintar en monumentos. Estamos haciendo arte en edificios viejos». Me multaban igual.
-El debate entre arte y vandalismo.
-A Jean-Michel Basquiat, luego cotizadísimo, no lo consideraron un artista hasta 1982, cuando Andy Warhol lo descubrió. Si tienes que empezar a pedir permisos, se pierde la magia.
-De chico de barrio a artista.
-Nunca me planteé convertirme en artista. No fui el mejor de mi generación, ni mucho menos, pero sí perseverante. Mucha gente se pasó a la movida del bakalao en los 90, pero yo seguí a lo mío. También hice performances, arte de acción.
-Ajá.
-El tipo de arte que me interesa tiene que ser reflejo de la vida; si no, es cuento. Me gustaría que viera fotos de mis graffitis
-¿Por qué?
-Vería cómo ha cambiado la ciudad en los últimos 25 años. El Poblenou está irreconocible. Han destruido el paisaje, han derribado las casas de los vecinos… Mire el experimento del 22@. No han pensado para nada en el ciudadano. Es lo que llaman la gentrificación. La fábrica de La Escocesa, donde trabajo, es el último bastión.
-¿Los domestican en el circuito comercial?
-Me domesticarían si me dijeran lo que tengo que pintar. Son facetas diferentes. Expongo, sí, sobre todo en el extranjero, pero se vende lo que se vende. Compagino con clases. Yo no quiero propiedades ni especular con ello; quiero mi libertad. Quién sabe si algún día me iré a otro lugar. Me gusta el concepto de nómada urbano.
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