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jueves, 3 de septiembre de 2015

¿Quién es el degenerado?


Una muestra en Munich reúne por primera vez obras de los artistas oficiales y de los prohibidos durante los años del III Reich.

Los nazis ridiculizaron metódicamente las vanguardias alemanas de principios del siglo XX . Concretamente catalogaron 20.000 obras de 1.400 firmas en el inventario (que puede ser consultado en la página web del museo inglés Victoria & Alberto) y organizaron varias exposiciones de 'Arte Degenerado' por diferentes ciudades alemanas para dar a conocer su juicio. Pero los artistas 'degenerados' no se quedaron atrás y se ensañaron con aquellos colegas que habían seguido la senda del academicismo, y el nuevo realismo, y cuyo destino marcó de forma irremediable el hecho de que a Hilter le gustasen sus cuadros.
A Adolf Ziegler, apadrinado por el Führer, lo apodaron cruelmente "maestro del vello púbico alemán", mofándose de la pulcritud y el detallismo con la que retrataba la belleza de la mujer aria. Y al escultor Josef Thorak, autor de los colosos ideales que inspiraron el ideal de fortaleza de la raza a base de músculo, le llamaban en los cafés de artistas "profesor Torax". Fue la política lo que enfrentó estas dos formas de entender el arte. La censura, la violencia y la persecución propias de la dictadura nazi situaron a unos y otros artistas en una especie de pelea de gallos que terminó en ruptura conceptual. Pero setenta años después del final de la II Guerra Mundial, la Pinacoteca de los Modernos de Múnich ha tenido la ocurrencia de darles la oportunidad del diálogo, un experimento en el que la pregunta es qué tienen que decirse estas obras, unas a otras, y las ha reunido en la exposición que lleva por título 'Gegenkunst', una conversación, sin más pretensiones que una charla entre viejos conocidos.

Arte o propaganda

Como fruto inmediato de este tanteo, podemos ver por primera vez expuesto al público el tríptico de Ziegler 'Los cuatro elementos', que Hitler compró para poner en la pared de su despacho, una de las cinco obras que contiene la exposición, si es que puede llamarse así. Aún más impresionante se muestra el mármol titulado 'Dos personas', de 1941 y firmado por Thorak, una pareja súper aria de desnudos, musculosos y rígidamente enamorados. Los museos estatales bávaros tienen su fondos plagados de este tipo de obras en las que, por primera vez, se trata de distinguir cuánto hay de arte y cuánto hay de propaganda. Todavía un poso más profundo, la exposición sugiere la pregunta sobre si el arte, uno y otro, puede ser o no inocente.
Seguramente muchos visitantes permanezcan en un plano más superficial, en el morbo, incluso cierto fetichismo, que se esconde en la contemplación de obras que el Hitler más íntimo acarició con el deseo. Sin duda Ziegler pintó las obras que hubiese querido pintar el otro Adolf, eso no hay quien lo niegue. Pero lo verdaderamente enriquecedor de la muestra es lo que 'Los cuatro elementos' tienen que escuchar a su obra contrapuesta, el tríptico 'Versuchung'('Tentación', 1936-1937), que Beckmann realizó como respuesta y que no tuvo la oportunidad de ser escuchado en igualdad de oportunidades. O lo que pretende decir la escultura en bronce 'Mann im Dunkel' ('Hombre en la oscuridad', 1934), de Otto Freundlich. Otra de las propuestas de museo es el tú a tú con la visión de la 'Crucifixion' (1965) de Francis Bacon. Pero, inevitablemente, la propuesta causa escozor en heridas todavía abiertas.
"Hay vecindades más apetecibles. Nadie preguntó a esos artistas si deseaban ver sus obras expuestas junto a las de Ziegler o Thorak", se ha quejado Christa Sigg en el Jüdische Allgemeine mientras muchos otros críticos culturales guardan silencio. También han surgido reproches por doquier, recordando como los artistas estatales se enriquecieron y gozaron de contratos privilegiados con el Tercer Reich, mientras sus colegas 'degenerados' huían o eran asesinados por los nazis, reproches que sugieren que no hay reconciliación posible. "En absoluto se trata de ensalzar obras de arte nazis", ha defendido el comisario de la muestra, Oliver Kase, "pero es absolutamente necesario poner estas obras a disposición del público porque tendemos a mitificar y a exagerar todo aquello que permanece oculto".
Fuente
http://www.elmundo.es


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