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domingo, 15 de mayo de 2016

Alfredo Zalce y el universo de su obra .



Morelia, Michoacán.- Alfredo Zalce nació el 12 de enero de 1912 en Pátzcuaro, ciudad cuya trascendencia en la gráfica es innegable. De los 16 a los 19 años estudió en la Escuela Nacional de Artes Plásticas en la Ciudad de México y en 1944, a los 32, se convirtió en profesor de La Esmeralda y San Carlos. En 1950 se instaló en Morelia, donde moriría a los 95 años el 19 de enero de 2003. Aunque difícilmente una vida podría definirse de ese modo, en Zalce la dificultad es más elevada dado el innumerable trabajo y activismo que realizó desde muy temprana hora. Su estilo explora las posibilidades de un periodo histórico muy importante para las artes plásticas en México, pues hereda de Germán Gedovius, José Guadalupe Posada, Leandro Izaguirre, Diego Rivera o Mateo Saldaña temas y tratamientos que aparecerán, aunque de manera personal, a lo largo de su obra, como la búsqueda de una eventual identidad mexicana que, como en José Vasconcelos, partirá del mestizaje y de las celebraciones de lo autóctono, lo que en parte le emparenta con José Clemente Orozco, Pablo O’Higgins, David Alfaro Siqueiros y Rufino Tamayo.

Alfredo Zalce y el universo de su obra

 Alfredo Zalce y el universo de su obra (Foto: Carmen Hernández )

 “El universo de su obra está compuesto por dibujos a tinta y lápiz, pintura mural y de caballete, gráfica y tallado en madera, así como trabajo en metal que realiza en diversos materiales, técnicas de reproducción fotográfica, relieves en aluminio fundido, batik, cerámica y orfebrería”, sobre las más diversas temáticas sociales. Trazos Su poética, sin embargo, en que usa la vanguardia –el surrealismo en especial, de manera íntima, se ha dicho–, es heroica: cada cuerpo, cada rostro, árbol, persona o animal parece haber sido engendrado por un parto de los montes vía el fuego; cada uno revela su verdad, su mirada y perspectiva –que no su relativismo–, cada figura parece pugnar con el resto por mostrarse, dar cuenta del mundo y de su fuerza. La obra de Zalce es la victoria del poder, del poder de la vida que, por supuesto, incluye a la muerte y la noche del alma. La exposición Trazos del modernismo en el arte mexicano: Archivo Alfredo Zalce, inaugurada el miércoles 11 de mayo, en el Centro Cultural UNAM, y que curaron 16 alumnos del Taller de Crítica Estética y Curaduría de la Licenciatura en Historia del Arte de esa universidad, bajo la dirección de la catedrática Eugenia Macías, es una muestra mínima de esa victoria, de esa voluntad de poder construida con cuidado y dulzura, pero que da una idea del todo; es como una “ostraka”, esos jarrones chinos que se descomponen en muchas partes y que, en cualquier forma que se armen, al final dan la misma figura. Engrama Así, por ejemplo, las cuatro secciones de que se conforma la ardua labor de la investigadora de la UNAM y sus alumnos puede observarse en el orden que sea, pues cualquiera explica al resto y el resto sólo se explica en función de cada uno de los aspectos. Engrama, nombre de la primera parte, “es un estímulo en la percepción que va encadenando distintos recuerdos y experiencias”. 


El texto de esta sección indica que las revistas, documentos y archivos consignados buscan provocar un efecto similar al de un engrama para construir una geografía cronológica del periodo; hallamos aquí números de La Orquesta, editada en el siglo XIX por Carlos R. Casarín e ilustrada por Constantino Escalante; ejemplares de Revista de Revistas, de Carlos Denegri, y de Fantoche, en que colaboraban Ernesto El Chango García Cabral y Alfredo Zalce, con caricaturas firmadas bajo el pseudónimo ERA. Instrucciones para evitar que a uno le duela la cabeza, para la bilis y otras afecciones que recuerdan a las de Julio Cortázar se incluyen en los distintos volúmenes de la última publicación; junto a ella hay también archivos de la Exposición de Fotografía Retrospectiva del Siglo XIX, del 18 de noviembre de 1933 en la sala de arte de la Secretaría de Educación Pública (SEP), dirigida por Gabriel González Ledesma, comentada por Luis Cardoza y Aragón y cuyo discurso inaugural dio Manuel Álvarez Bravo, sin olvidar las fotos de Agustín Jiménez. Hay, también, memorabilia de la película Qué viva México, del director de leyenda ruso Sergei Eisenstein. Reivindicar las culturas



 La segunda parte de la exposición, Trayectoria reivindicada, tiene muchas piezas valiosas que parecían perdidas, tanto de exposiciones en el extranjero y el país como muestras de los procesos creativos del patzcuarense. Hay una del Art Institute of Chicago donde el artista expone junto a Tamayo y Orozco. Pero lo que más llama la atención son las fotografías de su madre, del Volcán Paricutín y su “laca de la pieza de Carnaval, de 1979, un aguafuerte en zinc que alude ya a los carnavales, el sarape, la música, la guadaña y a ese universo onírico en que la muerte y los dioses son otros tantos personajes que caminan sobre la tierra con pies humanos, hollándola. La tercera parte, Mirar culturas, más allá de documentos preservados sólo en el archivo de Zalce, que dan cuenta de la relación del pintor con Martín Luis Guzmán, Carlos Pellicer o Manuel Pérez Coronado (Mapeco), tiene este grabado que fija de inmediato la mirada: Tezcatlipoca embriaga a Quetzalcóatl, de 1964, una linoleografía en que el dios, bajo su forma de ocelotl, sujeta con los brazos un par de figuras humanas que se empinan el vaso para beber como si no tuvieran otra opción.


 De igual modo hay tres esculturas –dos de Zalce– que buscan su origen en el arte de las islas del Océano Pacífico occidental, aunque el gesto de los tótems recuerda en particular las grandes figuras de la Isla de Pascua. Alternativas Arte social: alternativas es la cuarta parte de la exhibición; se muestran materiales de la actividad política, social e ideológica del patzcuarense, que busca “empoderar a las figuras vulnerables”: de 1924 a 1927 es miembro del Partido Comunista de México, lo abandona y entra a la Liga de Escritores y Artistas Revolucionarios (LEAR) en 1934-1938, de la que es cofundador; después ingresa al Taller de Gráfica Popular (TGP), activo desde 1937, y participa en el Frente Nacional de Artes Plásticas (FNAP) entre 1952 y 1962. Pero lo que más llama la atención es ese cuaderno de apuntes y bocetos que, por desgracia y por gracia –para que dure más tiempo– no puede hojear el público. ¿Qué es lo que consignó Zalce en esas hojas? 
Alfredo Zalce y el universo de su obra

Alfredo Zalce y el universo de su obra (Foto: Carmen Hernández )

Fuente
http://www.cambiodemichoacan.com.mx

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