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viernes, 22 de julio de 2016

«La historia del arte es una mentira»

«La historia del arte es una mentira»
F. ARROYO

Entrevista a José Corredor-Matheos, crítico de arte y poeta


José Corredor-Matheos (Alcázar de San Juan, 1929) es poeta, crítico literario y ha trabajado como editor en Espasa Calpe, al frente de los suplementos que actualizaba periódicamente la mítica enciclopedia. Ahora, retirado a medias, porque nunca sabrá estar quieto, acaba de publicar sus memorias (Corredor de fondo, Tusquets) en las que da cuenta tanto de su propia vida como de otras que ha compartido: de Dalí a Alberti, de Aleixandre a Tàpies, pasando por Antonio Saura o Salvador Espriu.
Cuenta usted que un crítico de arte le pegó, pero no dice quién fue.
Bueno, creo que puede decirse porque también explico que era buen chico y que más tarde me pidió disculpas al darse cuenta de que todo había sido un malentendido. Fue Josep Vallès.

¿Ser crítico literario es actividad de riesgo?
No, no. Luego nos hemos visto y hoy tenemos buena relación. Aquello se debió a que le informaron mal. Creía que yo lo había vetado para entrar en la Asociación de Críticos.
 “Cuando la escritura se convierte en profesión pasa a ser literatura. La poesía no es una profesión, por tanto, no es literatura”
Usted es manchego, integrado en Cataluña y ha traducido al castellano a los principales poetas catalanes.
Y con mucho gusto.

Pero hoy no se siente cómodo.
Hay 500 años de vida en común entre Cataluña y el resto de España y no veo razón para romperla. Tengo la impresión de que hay una inflación independentista fruto del descontento, de la desilusión y la falta de trabajo. Algunos pueden llegar a pensar que la independencia les devolverá la ilusión. Yo creo que se equivocan.

Habla bien de casi todo el mundo. Salvo de Tàpies.
Como artista, Tàpies sale muy bien. Como persona queda un poco mal, pero no lo juzgo.

¿No lo juzga porque es usted buena persona?
No creo ser mala persona, pero tampoco sé si soy muy bueno. Nadie sabe a ciencia cierta cómo es uno mismo. En lo que sí me empeño es en no hacer juicios de valor. Cuento lo que hizo Tàpies, pero sin juzgar su comportamiento.

¿Vetaba exposiciones de otros pintores?
Sí, era un poco ególatra y no le importaba perjudicar a sus propios compañeros. Lo que digo de Tàpies es conveniente que se sepa, no por criticarle a él, sino porque ayuda a comprender por qué no hay ningún otro artista de su generación que sea conocido internacionalmente.

¿La historia del arte es una falsedad, porque unos sobran y otros faltan?
Tàpies es de los que evitó que otros entraran en la historia presente. Luego están también los que forman equipo y entran en bloque sin necesariamente merecerlo. Ocurre, por ejemplo, con el movimiento Dau al Set. Entra todo el grupo, como un paquete, pero no todos tenían la misma talla. En ese sentido, la historia del arte es una gran mentira.

¿Quiénes eran los mejores?
Tàpies y Pons eran los dos grandes. Cuixart también tenía cosas que estaban francamente bien. Tarrats, en cambio, no era realmente un creador.

El grupo El Paso, ¿era más homogéneo en lo relativo a la calidad?
Sí. Dentro del grupo había mayores diferencias, pero, en general, eran más creadores. Sobre todo Saura y Millares.

¿De verdad cree que el arte es una actividad gratuita?
El arte no nace como una actividad de la razón ni de la voluntad sino por un acto de obediencia. Obediencia que no se debe a la voz de un dios, como creían los antiguos, sino a una voz interior tuya que nace en el subconsciente. Hay un tratadista alemán que sostiene que la obra de arte nace ya con la estructura hecha en el fondo del subconsciente, como Minerva, armada de pies a cabeza, surge de la cabeza de su padre Júpiter.  La obra de arte nace sin que uno la quiera hacer. No puedo entender que haya gente que se ponga a hacer arte. Hay que ponerse en disposición de que emerja la necesidad de hacer la obra de arte.

Pero hay quien dice que cuando llegue la inspiración es mejor que encuentre al artista trabajando.
Claro. Conozco pintores que se ponen a hacer dibujos, a entretenerse. Hasta que de pronto les llega la inspiración. Entonces se lanzan al lienzo y pintan. Lo que ocurre es que a veces tienen que hacer obras, no porque se lo exija el interior, sino porque se lo pide su marchante. Esto hace que incluso grandes artistas resulten muy desiguales. Y es porque cada tres o cuatro meses llega el marchante a recoger la obra. El arte no puede hacerse así. A veces ni siquiera lo pide el marchante, sino que el propio artista se siente en la obligación de entregarle obras. Conviene recordar a Antonio Machado, que ya nos dijo que el poeta es el que menos obligación tiene de hacer versos.

¿Por qué se los iban a pedir?
Afortunadamente, a los poetas nadie nos hace caso. No nos obliga el marchante ni tampoco el público. Es una gran ventaja frente al pintor que se convierte en profesional. La profesionalidad es un peligro. Para el artista y para cualquier actividad. Un médico, si no tiene la inocencia de los primeros años, se vuelve peligroso porque puede caer en cierta mecánica. Esto vale para todas las profesiones, he hablado del médico, pero podría haberlo hecho del ingeniero.
 “Cuando se te ocurre una buena idea, resulta que siempre hay un cabrón que lo ha dicho antes”
Chesterton decía algo muy parecido.
Me alegra saberlo. Estaba seguro de que eso que se me ha ocurrido lo habría dicho mucha gente porque cuando se te ocurre una buena idea, resulta que siempre hay un cabrón que lo ha dicho antes.

¿La poesía es literatura?
La literatura, tal como la conocemos, es ya una profesión. Kafka, para sí mismo, no era un profesional. Joyce, tampoco. Cuando la escritura se convierte en profesión pasa a ser literatura. La poesía no es una profesión, por tanto, no es literatura.

¿Tan complicadas son las relaciones entre creadores y críticos que le movieron a dejar la crítica?
Eso lo cuento para explicar por qué dejé la crítica de arte en Destino, después de tres años de hacerla, y algo más porque antes había estado en Revista. Me di cuenta de que tenía muchos amigos artistas y eso coartaba mi sinceridad. Desde ese momento pasé a escribir solo de artistas que me interesaran. Para publicaciones o para libros. Así recuperaba la libertad. Esto, que ocurre en arte, pasa menos en literatura, donde el escritor y el crítico no tienen una relación tan estrecha. Cuando vas a una exposición, con frecuencia te encuentras al artista y hablas con él. El escritor, en cambio, no tiene por qué ver al crítico. Hay gente que ha comentado mis libros, incluso bien, sin que yo la conozca de nada.

Usted se define como “moderadamente apocalíptico”, ¿qué significa?
Lo de “moderadamente” lo añado para disimular. O para matizar que soy apocalíptico y al mismo tiempo optimista. Creo que asistimos al final de un modo de vida. Como decía Toynbee, una civilización nace, crece y muere. Estoy convencido de que nos hallamos al final de una determinada cosmovisión, pero creo también que habrá una renovación de todo lo que hay.

¿O sea que es apocalíptico y también integrado?
Integrado no, salvo que sobreviva. Entonces no me importaría integrarme en el futuro.
Fuente
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