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jueves, 20 de octubre de 2016

"Montjuïc es el gran museo de Barcelona"


Carles Taché en su galería de la calle Mèxic. IVÁN CÁMARA


La Galeria Carles Taché recibe el Premi a la Indústria Cultural Consolidada
Después de ser una referencia en el circuito de Consell de Cent, Carles Taché apuesta por un nuevo modelo en Montjuïc
En el particular altar de Carles Taché hay decenas de libros. Esa gran estantería contiene toda su biografía, los objetos que explican su mirada:lo que parece una miniescultura de Brancusi resulta ser una herramienta de curtidor, la talla tahitiana que podría ser de Gauguin la compró por 50 pesetas en un mercadillo, el muñeco con barba que toca unos platillos es un retrato suyo que Jaume Plensa hizo hace muchos años, una fotografía del tristemente desaparecido Chema Alvargonzález o un delicioso bodegón del siglo XVII que perteneció a su padre. En su despachomuestra sus afinidades afectivas. Yen su nueva galería, que estrenó en 2015, despliega su visión del arte contemporáneo con obras de Michael Joo o Cornelia Parker. A diferencia de su galería de Consell de Cent, este espacio no es de paso, hay que buscarlo, cruzar un patio industrial y adentrarse en una diáfana nave que tiene algo de espiritual.

¡Esto es como estar en Nueva York! Muy Brooklyn...
De eso se trata. Igual que Verdi se puede escuchar en el Liceu y el mismo Rigoletto va al Metropolitan o a Australia, ¿por qué nosotros tenemos que ver un arte diferente al que tienen acceso en Londres, Nueva Yorko París? Este espacio, algo escondido, me enamoró. En el terreno del arte no hay que encontrar, hay que buscar. Es un poco como la Teoría del Caos, que diría Wagensberg. Las situaciones caóticas ayudan a reflexionar, entender, ver... Cuando el exterior es agresivo se percibe de forma diferente.
 Fue de los primeros en abandonar Consell de Cent y el modelo de galería que eso implica. ¿Por qué Montjuïc?
Alquilé el local hace cinco años y estuve casi cuatro de obras. En2010 ya veía que Consell de Cent se desdibujaba. Habíamos perdido muchas galerías, algunas se traspasaban, pero la gente aún no buscaba espacios... Entonces vi que Montjuïc me situaba en el centro de los museos más importantes de la ciudad, a 200 metros de CaixaForum, a 300 metros del Pabellón Mies van der Rohe, a 600 metros del Mnac...
Eso lo vio usted antes de que los políticos se inventaran el plan de la montaña de los museos, que aún sigue en stand by...
Hace unos 20 años, hubo un encuentro con Robert Hughes [el polémico y visionario crítico de arte australiano] y ya dijo que Montjuïc debía ser el gran museo de Barcelona, una montaña como centro neurálgico museístico. Lo que yo intuía difusamente él ya lo había materializado y concretado. Hará 15 años se trató el tema de una donación de Sean Scully, de hacer una fundación con su obra y de situarla en uno de los pabellones vacíos de Fira. Las administraciones sólo tenían que financiar la remodelación del pabellóny Scully donaba su obra a la ciudad, valorada en más de 600 millones de dólares. Pero no se firmó ningún acuerdo. Habría sido fantástico. Aveces la política da unos giros que no acabas de entender.
Hace muchos años que representa a Scully. ¿Cuál es el secreto del buen marchante?
Nunca he vendido un cuadro que no amara y nunca he aconsejado nada que no me hubiese aconsejado a mí mismo. Que yo sea marchante es una especie de milagro. Normalmente los grandes marchantes proceden de familias acomodadas. Yo soy hijo del Barri Gòtic, mi padre trabajaba de portero en el cine Montecarlo y compraba pequeños cuadros en Els Encants Vells. Él educó mi mirada. De alguna manera, en todas las familias el hijo mata al padre. Mientras su mirada estaba puesta en el noucentisme, yo le hablaba de Tàpies, Miró, Rothko... Antes de dedicarme al arte hice de todo:fui mecánico de coches, camarero, visitador de El Corte Inglés...
Ahora la Taché es sinónimo de arte contemporáneo. ¿Qué línea artística impulsó en los primeros años?
Empecé con exposiciones historicistas, muy museísticas, como los maestros flamencos del siglo XVII o Mariano Fortuny. Había una carencia en Barcelona... Luego trabajé con Antoni Tàpies, Jordi Benito, Pablo Palazuelo, José Manuel Broto, Antonio Saura, Eduardo Arroyo... Intenté romper con la línea de artistas catalanes y del resto de España. Hoy en día no se puede pensar en Barcelona, sino en el mundo. Mi competencia no son las galerías de Barcelona, que son compañeras y amigas, sino las de Londres o Nueva York.
¿Qué supone el Premi Tendències para la galería?
Quiero pensar que no es un reconocimiento únicamente a mi trayectoria sino a la recorrida en el arte contemporáneo por todas las galerías de nuestro país. No creo que se pueda aislar una cosa de la otra. Ayuda a la visibilidad de todos y del arte contemporáneo. Y quiero agradecer todo el apoyo que he recibido siempre de la prensa, que ha sido un gran motor para la galería.
Fuente
http://www.elmundo.es

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