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jueves, 4 de junio de 2015

El 'grito' por la libertad del grafitero Hamid Beik




Grafitero iraní Zahida Membrado_Nacho Moreno



                            Hamid Beik

ZAHIDA MEMBRADO

Hace siete años empezó a recorrer las calles de Teherán buscando una pared en la que estampar su primer dibujo. Mucho antes que él, el régimen se había encargado de adornar las paredes de esta ruidosa y superpoblada urbe con las historias de los mártires de la guerra. Sus rostros heridos y cabezas vendadas, de más de cuarenta metros de altura, cubren las fachadas de incontables edificios de la capital. Hamid Beik pensó que había llegado la hora de empezar a contar otro tipo de historias.

"El grafiti y el teatro son mi vida", explica a EL MUNDO este actor de profesión y comprometido grafitero. "Cuando termino mi trabajo, siempre que puedo me escapo en busca de una pared libre en la dibujar. Me evade de mi rutina y me permite expresar lo que está dentro de mí". Una noche cogió un taxi hasta Miavarand, al norte de Teherán. Entre lujosos edificios y frondosos jardines, encontró un muro en el que reflejar su arte. Sin apercibirlos, varios agentes de policía le sorprendieron con las manos en la masa. Se lo llevaron y lo asustaron lo suficiente como para que dejara de pintar durante cuatro años.

Pero tras dejar atrás la adolescencia, volvió a la calle, y hoy entiende el grafiti como un auténtico deber. "Claro que me da miedo que me cojan, pero siento que mi obligación es no esconderme. Quiero poder hablarle a la gente, sorprenderla, para que mire mis dibujos, en lugar de simplemente verlos", precisa. Hamid y la mayoría de grafiteros de Teherán pasan a la acción por la noche, cuando pueden trabajar sin el acoso de mirones.

"En Irán tenemos dos vidas. La noche significa libertad", puntualiza. Los grafiteros desafían a unas autoridades muy restrictivas con esta clase de ritos callejeros. Y, pese a ello, en diez años, su número en Teherán ha pasado de menos de treinta a mas de doscientos. "El 'street art' está creciendo mucho, cada vez somos más", asegura. Todavía es un mundo eminentemente masculino, pero "también hay alguna chica que pinta". Algunos solo reproducen su firma por toda la ciudad; otros hacen croquis surrealistas, y la mayoría lanza mensajes políticos", desgrana mientras termina de serigrafiar en una pared de la urbanización de Ekbatan el esbozo de una mujer con el semblante de 'La Gioconda' y la pose de Buda.


La obra urbana terminada, unas horas más tarde. / Z.M.

"Quiero que la gente se sorprenda al ver un rostro muy conocido conectado a un cuerpo extraño". Hamid persigue con fruición romper esquemas, saltarse la norma, la escrita y la mental, provocar la esencia misma del arte. En un país donde las disciplinas artísticas se enfrentan a numerosas limitaciones, su empeño le hace más libre.Los estudiantes de pintura iraníes deben lidiar a diario con profesores que les tiran por tierra sus propuestas, por imposibles. Jamás un desnudo en un lienzo. Prohibido un beso en el escenario. "Existe mucho talento en este país que no puede desarrollar su creatividad. Muchas veces no hemos podido representar una obra porque no ha pasado el control", señala. Este control consiste en la inspección que debe realizar siempre el organismo oficial que supervisa la cultura y censura todo la que salga del marco islámico.

Una noche, no hace mucho, escribió un mensaje en la fachada del Ministerio de Exteriores. Criticaba las negociaciones nucleares que lleva a cabo el Gobierno de Irán con las potencias mundiales, porque"EEUU siempre termina engañando a Irán. Estoy cansado que el mundo nos vea como a terroristas".

En menos de dos horas lo habían borrado. Pero este valiente artista también sabe reconocer cuando la administración impulsa iniciativas positivas, como fue el reciente proyecto del alcalde de Teherán de colgar vinilos de obras de artistas iraníes y occidentales por toda la ciudad. Conducir por las grandes avenidas y toparse de frente con 'El grito' de Edvard Munch a escala gigante fue toda una sorpresa para los capitalinos. Aplaudió el proyecto y espera que no sea el último de esta índole. Teherán vive una explosión de galerías de arte que exhiben las obras de artistas emergentes que intentan abrirse camino en un entorno complicado. Pese a las dificultades, "el arte está muy vivo en Irán, y cada vez lo estará más", sentencia.
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